Cuidados Paliativos: Con la compasión nos enriquecemos todos

Si quieres que otros sean felices, practica la compasión. Si quieres ser feliz tú, practica la compasión. Dalai Lama

Hace quince días en la columna del fin de semana pensamos juntos en la compasión, en redes compasivas, en comunidades compasivas. Creo que es necesario volver sobre el concepto de la compasión.

Quizá leíste la columna, quizá no…te pregunto: ¿Qué entendés por compasión? Como me gustaría escucharte, mas allá de lo que hayas leído, escuchar lo que realmente pensás de esta actitud. Si querés, debajo de la nota esta mi mail y me podes compartir lo que quieras.

Quizá lo relacionamos con empatía, bondad o también lastima, pena. Comienzo de atrás para adelante. Si lo relacionamos con pena lástima, ¿cómo te parece que nos vincularemos con esa persona? ¿Nos gusta que sientan de nosotros lastima, pena? Yo creo que sería una relación desigual, donde alguien es superior al otro, donde alguien tiene mayor poder que el otro, o donde alguna de las personas tiene algo para dar y el otro para recibir. Me suena a desigualdad.

Si estoy frente a un grupo de muchas personas y digo: levantemos las manos quienes somos empáticos, bondadosos. Creo que todos la levantaríamos porque así nos sentimos. Es políticamente correcta en nuestros vínculos ser buenos,  empáticos. Y sinceramente con nosotros mismos, ¿somos empáticos, buenos en la práctica?

Primero comencemos por definir la empatía. La Real Academia española la define como: Sentimiento de identificación con alguien o con algo. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

Es lo que comúnmente decimos, ponerse en el lugar del otro, en la piel del otro, acompañar lo que la otra persona está viviendo.

Un gran tema de la empatía es la aceptación sin juicio de lo que le pasa al otro con comprensión, con cariño.

La auténtica empatía es una actitud fruto de un profundo y responsable trabajo interior. Me viene cuando subimos al avión y nos enseñan el tema de las máscaras de oxígeno, que si estamos con un niño, primero tenemos que colocarnos la máscara a nosotros mismos para poder ayudar al niño. Entonces ¿cómo voy a ser empático con los demás si no lo soy conmigo mismo?

Por eso es tan importante que trabajemos personalmente nuestros juicios a nosotros mismos, como nos vinculamos con nuestros errores, la exigencia con nosotros mismos.

Seguramente se estarán preguntando ¿pero no estamos hablando de la compasión?.

Pensar en la empatía fue la introducción a la compasión, ya que la compasión es la empatía en acción. Es reconocer lo que está sintiendo, sufriendo, viviendo el otro para poder aliviar su sufrimiento.

Muchos sostienen que estamos genéticamente predispuestos a buscar nuestro propio beneficio sin tener en cuenta los demás. Es natural que persigamos nuestros propios intereses. Si nos quedamos en los propios sería un instinto muy primario. La forma sabia es también tener en cuenta los intereses de los demás.

Las investigaciones científicas indican que los niños a partir de los cinco años tienen capacidad de ponerse en el lugar del otro, sean conocidos o no para ellos. O sea, tenemos esa capacidad pero no significa que la cultivemos y desarrollemos.

También se comprueba que el cultivo de la compasión tiene un papel positivo en el funcionamiento del cerebro y en el fortalecimiento de ciertos recorridos neuronales. Quiero decir que nos podemos transformar cuando alentamos nuestras mejores cualidades como la generosidad, la compasión, el amor, la tolerancia, la fortaleza, el perdón, la paciencia y la sabiduría.

Todos coincidimos que queremos ser felices ¿es así?.

Es importante ver que nos motiva realmente construir un mundo mejor.

Podría ser si cultivamos un buen corazón, tendríamos en cuenta los intereses de los demás, nuestras actividades beneficiarían a la humanidad. Que nuestra felicidad sea el enriquecimiento del otro al estar abiertos a la compasión, al sufrimiento del otro con el compromiso de involucrarnos en él, aliviarlo con nuestro estar, nuestra presencia.

En Cuidados Paliativos, la palabra paliativo significa Que mitiga, suaviza o atenúa el dolor o los efectos negativos de algo”. También compartía con ustedes la experiencia de las redes compasivas.

Realmente es algo extraordinario: organizarnos como sociedad como barrio y entre todos poder suavizar el sufrimiento de alguien que está viviendo una enfermedad.

Quienes tuvimos alguna vez un familiar con alguna enfermedad sabemos los momentos culmines cuando hay cansancio, desorientación, enojo, malos entendidos.

Una vez más propongo: ¿llamé a aquel compañero de trabajo que sé que esta con un tema de enfermedad en su familia? Lo invite a tomar un café y a escucharlo evitando opinar y compartir lo que a mí me pasa? ¿Llamé a esa persona que tiene algún familiar, a su papá o su mamá grande quizá con alguna demencia, Alzheimer u otro tipo de enfermedad para ayudarlo con algún tramite, o llevarlo a hacer algún tramite o ir a la farmacia o llevarle un rico postre?

En mi barrio se de alguien que está viviendo alguna situación y quizá yo no tengo los medios ni sabría cómo puedo ayudarlo, me acerco a contarle a alguien que quizá pueda hacer algo por él.

Hace poco en un barrio muy carenciado vivía Felipe. Una vecina del mismo barrio estaba preocupada por él y no sabía bien que hacer. Una mujer que trabaja mucho, cuando llegó a uno de los trabajos le dijo a su patrón: tengo un vecino que está muy mal y no sé qué hacer. Ese patrón fue con un amigo y lo encontraron a Felipe deshidratado, viviendo en condiciones muy carenciadas, su rancho sin baño. Ahí mismo consiguieron una silla de rueda y lo llevaron al hospital del municipio.

Felipe tiene Pami, fue trasladado a un sanatorio. Un grupo de gente se puso la camiseta de la compasión y comenzó así una red de cuidados compasivos impresionante. Hoy Felipe se está recuperando de a poco, recupero su dignidad. Un hombre de 75 años que no tiene ni un familiar, si un grupo de 25 personas que se organizaron a través del WhatsApp para que cada día tengo una visita, para que tenga ropa limpia, para que este afeitado, para ponerle crema en su cuerpo, para escucharlo, para reírse con él, para tener una presencia mientras descansa.

Muchos testimonios de estas personas es que nunca se imaginaron que iban a poder acompañar a Felipe, estar con él en el sanatorio, ocuparse de los trámites de Pami, llevar la ropa para lavarla en sus casas y traerles la ropa limpia, afeitarlo, llevarle una crema.

Esto confirma que la compasión es una relación de igual a igual. Todos se nutren, todos se enriquecen todos alimentan la felicidad. Los voluntarios se sienten felices al poder aliviar algo del sufrimiento de Felipe, y Felipe resucitó gracias al cariño, cuidado de los voluntarios.

Escucho que vivimos un mundo individualista, ¿como estamos alimentando nuestra vida: con el individualismo o con la bondad, generosidad, sabiduría, tolerancia, perdón, compasión? Creo que responderemos la pregunta que se hace Mafalda: viviendo la compasión para que otros estén mejor y nosotros vamos a sentirnos plenos, si probamos practicarla.

En las próximas columnas vamos a trabajar juntos con ejercicios prácticos para todos los días, desde donde estemos, sobre la compasión.

 

 

(*) Licenciada en Relaciones Públicas y Consultora Psicológica.

Especializada en Cuidados al final de la vida y Orientación a familiares, en Buenos Aires

Mail: marianasoizapineyro@gmail.com

 

 



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