Cuidados Paliativos: ¿Alivianamos nuestras mochilas de la vida?

En esta semana me encontré con una persona que me preguntaba: ¿Pero Mariana, qué haces vos?. Otras personas me dicen: ¿Cómo haces para que te apasione acompañar personas en el final de la vida? Lo primero que me viene como respuesta es la palabra humanizar.

La Real Academia Española define humanizar como “hacer humano, familiar y afable a alguien o algo; ablandarse, desenojarse, hacerse benigno.”

¿Y  por qué me apasiona? Porque cuando me encuentro en este momento de la vida de las personas, se producen encuentros de verdad y en la verdad. Es tal la riqueza que encuentro en este “estar” con esa persona donde muchas cosas están terminando, y muchísimas otras están empezando. Y ahí aparecen otras palabras con mucho significado que es la vulnerabilidad, la fragilidad.

Frente a esa impotencia que mucho se está acabando y se va de las manos de las personas en el final de la vida hay una mirada a lo profundo de su corazón, a la esencia de la vida, a lo importante. Sería el hacerse humano de la definición de humanizar. Creo que todos coincidimos que nos gusta estar con personas  transparentes, verdaderas.

Y cuánto nos cuesta ser verdaderos, transparentes, congruentes entre lo que pienso, siento, digo y actúo!

Estamos en la carrera de la defensiva….y eso es lo que nos permite sobrevivir en algunas situaciones. No está ni bien ni mal…es.

En aquellas personas donde son interpeladas por el límite de esta vida y cerca del final de la vida, esas barreras se van derribando, se van “ablandando”. También esta palabra aparece en la definición de humanizar y ahí aparece la belleza lo esencial, lo verdadero.

Alguna vez leí cuando le preguntaron a Miguel Ángel como había llegado a la belleza del David y su respuesta fue: “del bloque enorme de mármol, fui esculpiendo lo que sobraba y logré el David”. Esto me quedó muy presente. Cuantos momentos de la vida vamos viendo que esto que me servía, hoy no me sirve….o ya no quiero hacer esto, o quiero hacer las cosas de una manera diferente.

Hasta hay muchos testimonios de personas que dejaron una carrera profesional y decidieron tomar otros caminos. Imaginemos a una persona en el final de la vida, no tiene tiempo para perder, sino quiere “sacar el jugo” a cada minuto, cada día, cada momento.

Me viene en este momento la película Alma Salvaje que cuenta la historia de Cheryl, una mujer que empieza a recorrer con una mochila muy pesada una distancia de mil setecientos kilómetros a pie.

Su objetivo es dejar atrás unos sucesos dolorosos que acaecieron en su vida y así reconciliarse con ellos. Una pérdida irreparable, desintoxicarse de las drogas que ha consumido durante años, ciertas entregas sexuales son los hechos que quiere superar para encontrarse con ella misma. Llega a unos de los refugios, se saca el calzado, mira el estado de sus pies y el refugiero le dice: “No será muy pesada tu mochila?”

Y juntos la vacían y comienza a mirar cosa por cosa si vale la pena tenerla en la mochila o dejarlo. Es interesante como el hospedero la ayuda a discernir.

Me acuerdo que tenía un libro leído por la mitad, y ahí mismo le sugiere sacar las hojas leídas y llevarse el resto. Y así lo hizo.

A mí, a vos: ¿Qué mochila estamos cargando? ¿Qué cosas están pesando nuestra vida? ¿Qué dejaríamos de nuestra vida, que le agregaríamos?

Para hacer este ejercicio primero habría que saber ¿hacia dónde vamos? Porque si vamos de mochilero a un lugar tropical mucha lana no vamos a necesitar, y si vamos a un lugar con altas temperaturas, muchas musculosas no vamos a usar.

El tema es que llevamos de todo un poco por si nos agarra un imprevisto y así estamos seguros. Mientras tanto vamos cargando un peso enorme en nuestras espaldas, en nuestro corazón y me pregunto: ¿somos felices con ese “peso”,  con todo lo que llevamos?

Frente a la enfermedad o el límite de la muerte en mi experiencia acompañando a las personas, estas cosas suceden.

Necesitan descargar la mochila de la vida. Muchas veces cuando les he preguntado que estas necesitando: “que mi familia me deje partir”.

Muy pocas veces fue: quiero curarme. Ya que saben perfectamente que ese es el camino de su vida, que no se van a curar.

¿Qué fuerte no? Muchas veces los que estamos alrededor somos los que intentamos  decidir ese tiempo. Como cuesta que la persona pueda decidir sobre su vida.

¿Qué comer? ¿Cuánto comer? ¿Con quien estar? ¿A quién recibir? ¿A quién no? Decidir estar un tiempo solo.

Pareciera que en ese momento no tiene esa capacidad de discernir. Y lo que a ellos les pasa es que están en un proceso tan profundo, en su esencia, en su intimidad que necesitan momentos de silencio, momentos de escucha, momentos de hablar lo que sienten….

Podemos comparar con nuestra vida: estamos por tomar una decisión y comenzamos a escuchar muchas opiniones, voces de gente que consultamos y de gente que se atreve a opinar de lo nuestro sin que le pidamos, hasta que llega un momento que decimos: esto lo tengo que pensar con la almohada. Imagínense en el momento de dejar esta vida ¿cómo sería para cada uno de nosotros?

¿Qué pensamos que necesitan estas personas en este su final de su vida?

Me apasiona este acompañar y estar en este momento de la vida de la persona porque constantemente me interpela, me confronta con mi vida. No es que la tengo muy claro ciertas cosas, sino que estoy atenta a ver como estoy viviendo, como podría estar mejor e intento hacer lo mejor que puedo con toda esta experiencia.

La mayoría de las personas que trabajamos desde los Cuidados Paliativos decimos que los primeros que nos enseñan, nuestros grandes maestros son las personas que están en esta etapa de sus vidas: la enfermedad y/o el final de la vida.

Animémonos  a mirar nuestras mochilas de la vida, revisar lo que llevamos y si estamos con algún ser querido, familiar, amigo, compañero de trabajo que esté viviendo el final de la vida, ayudarlo a descargarse y alivianarse y encontrarse con su esencia, con lo más profundo de su corazón.

Y que pueda morir en paz …..y quien muere en paz deja en paz a sus seres queridos.

 

(*) Licenciada en Relaciones Públicas y Consultora Psicológica.

Especializada en Cuidados al final de la vida y orientación a familiares.

Coordina Programa Comunidades Compasivas (Buenos Aires)

Mail: marianasoizapineyro@gmail.com



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