Cuidados Paliativos: La Espiritualidad

Prefiero morir una muerte significativa que vivir una vida sin sentido”. Corazón Aquino

Hace unas semanas compartí con ustedes lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como Cuidados Paliativos. Ya pasaron algunas semanas donde pudimos pensar distintos temas como el cuidado del cuidador, algunos aprendizajes que logran algunas personas en el proceso del final de la vida, reflexionamos sobre la escucha y creo importante volver a la definición de los Cuidados Paliativos dada por esta organización internacional:

La OMS en 2002 definió a los Cuidados Paliativos como «el enfoque que mejora la calidad de vida de pacientes y familias que se enfrentan a los problemas asociados con enfermedades amenazantes para la vida, a través de la prevención y alivio del sufrimiento, por medio de la identificación temprana y la impecable evaluación y tratamiento del dolor y otros problemas físicos, psicosociales y espirituales».

En esta columna vamos a reflexionar juntos sobre la espiritualidad. Quizá me siento un poco atrevida al intentar ahondar en este aspecto que tenemos y que es un misterio. Yo como en otros momentos refería,  lo que traigo a esta columna iluminada por encuentros, bibliografía que leí y sobre todo por cada persona que tuve el privilegio de acompañar.

La Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL), a través de su Grupo de Espiritualidad (GES), define este concepto como “la aspiración profunda e íntima del ser humano, el anhelo de una visión de la vida y la realidad que integre, conecte, trascienda y dé sentido a la existencia”. (1)

Cuando la persona está en el límite entre la vida y la muerte pasan al reino del espíritu ya que se saben vulnerables, dejan de ser quienes eran, no vuelven a su estado anterior, es un terreno de incertidumbre donde pareciera ser que no saben dónde están parados y ahí comienzan las preguntas de sentido de la vida, como estaban viviendo, como es el vínculo con los seres queridos, con el trabajo.

Comienza lo que muchos denominan una experiencia del alma. Y me pregunto y les pregunto: ¿No sentimos o vivimos algo parecidos?. En muchas crisis vitales algo de esto hemos sentido. Por eso no son solo aquellos que viven este momento que lo sienten sino que nos podemos sumar a ellos desde la edad que tengamos.

La Dra. Vilma Tripodoro en su libro “Te acompañaré hasta el final” señala: “Sanarse significa volverse completo, pero esto no siempre implica curarse o mejorar. La sanación implica alcanzar el camino espiritual hacia las raíces de nuestro ser”. (2)

¿Quién aborda este aspecto? El Equipo de Cuidados Paliativos está capacitado y preparado para escuchar estos aspectos existenciales. Dentro de este equipo los psicólogos y counselors, profesionales que también de una manera especial nos formamos en la escucha de lo existencial, en las emociones, en los aspectos  que la persona quiere resolver.

También en algunos casos hay cuestiones de creencias religiosas. Hace unos años acompañé a una religiosa que se le dificultaba encontrar el espacio para compartir con las hermanas de su comunidad su incertidumbre si existía la vida eterna o no. Me quedó muy grabada sus palabras: “Mariana, toda mi vida enseñé que el cielo existe, que hay una vida más allá de esta vida y hoy me encuentro por cruzar este umbral y no sé si eso que enseñaba y sostenía con tanta Fe es verdad. Tampoco lo puedo hablar con mi superiora, ni con mis compañeras religiosas de la comunidad porque sé que me dirían, ¿Cómo, no tenés fe?”.

Qué importante fue acompañarla en este aspecto, en esto que la tenía tan inquieta desde una escucha incondicional, sin prejuicios validando sus sentimientos, su experiencia.

Es sumamente importante estar bien atentos a las necesidades espirituales que tiene una persona:

  • Ser reconocido como persona.
  • Releer su vida.
  • Encontrar sentido a la existencia y el devenir: búsqueda de sentido.
  • Liberarse de la culpabilidad.
  • Reconciliación.
  • Establecer su vida más allá de sí mismo: sería proyectar su vida más allá del final de vida.
  • Auténtica esperanza, no ilusiones falsas.
  • Expresar sentimientos y vivencias religiosos.
  • Amar y ser amado
  • Mantener la integridad física y espiritual
  • Necesita saber la verdad
  • Necesita soltar y que lo suelten.
  • Revisar sus creencias y decisiones: que sean respetadas.
  • Vivir la gratitud
  • Estar con la familia, amigos y/o personas significativas.
  • Estar en paz con sus seres queridos, con la creación en muchos casos con Dios y con su conciencia: estar con su orientador espiritual, orar, vivir prácticas religiosas.

Acompañar a una persona que se le acerca la frontera de este misterio significa tener una actitud que permita y promueva todos sus propios recursos. Aunque estamos con esa persona que pareciera que está en otro nivel de conciencia (no el nuestro exactamente) creemos que no pasa nada en ella. Y lejos de no pasar nada, es un proceso tan hondo y profundo que es silencioso a nuestro parecer.

Muchas veces, en algún momento, manifiestan algo que nos está hablando de este proceso interno que está viviendo y esto se da ya que la persona está viviendo los tres tiempos: pasado con el perdón; el presente con el sentido de este momento y el futuro con lo que lo espera.

Me pregunto: ¿Y yo no estaré necesitando algo de todo esto hoy? Y me animo a pensar y decirme: necesito todas y cada una. Seguramente algunos de ustedes estarán afirmando lo mismo.

Y …¿Si empezamos ya a intentar vivirlo así tenemos una vida con sentido?

 

Referencias

  1. http://secpal.com/grupo-espiritualidad_documentos-1
  2. Te voy a acompañar hasta el final (pag.21) Dra. Vilma Tripodoro Capín

 

(*) Licenciada en Relaciones Públicas y Consultora Psicológica.

Especializada en Cuidados al final de la vida y orientación a familiares.

Coordina Programa Comunidades Compasivas (Buenos Aires)

Mail: marianasoizapineyro@gmail.com

 

 

 



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