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Análisis semanal: Los primeros efectos del ajuste de Massa y un modelo con sello propio en Misiones

El “efecto Massa” estabilizó al dólar pero no a los precios. El Gobierno nacional sigue anunciando medidas que se demoran y provocan el efecto contrario al deseado. El temido ajuste comienza a ser realidad y genera tensión en el oficialismo mientras Juntos por el Cambio seca sus trapitos al sol en una interna furiosa. En medio del caos nacional, Misiones se las ingenia para aportar soluciones.

La tardía designación de Sergio Massa como súper ministro recompuso la autoridad de la conducción del área de Economía y aplacó la interna del Frente de Todos que estaba llevando al país al colapso. Casi inmediatamente se tranquilizó la corrida cambiaria, bajó el riesgo país y las acciones y bonos argentinos se recuperaron, pero el mismo efecto balsámico no se verificó en la remarcación de precios.

De acuerdo a consultoras privadas, los precios de los alimentos aumentaron en lo que va de agosto más de lo que habían subido en la misma cantidad de días de julio, cuando reinaba el caos generalizado tras la renuncia intempestiva de Martín Guzmán.

Lo que el Gobierno pueda hacer en las próximas dos semanas para cortar la dinámica actual de remarcación de precios resultará fundamental para evitar que los siete puntos de inflación de julio se conviertan en un estándar para lo que queda de la gestión de Alberto, ahora administrada por Massa.

A esta altura resulta evidente que la entronización de un hombre con fluidos contactos con el establishment empresarial podrá haber servido para cortar la corrida del dólar blue pero no para convencer a los formadores de precios de aflojar con la remarcadora. La confianza no llega a tanto.

Para bajar la inflación el Gobierno nacional deberá hacer algo más, el problema es que no abundan las ideas y se repiten las equivocaciones.

Es que el Gobierno nacional podrá haber cambiado de nombres pero reincide en los errores de siempre. Por ejemplo, la incontinencia verbal: anuncia cosas que luego no suceden y eso genera costos innecesarios. Recae también en la inconsistencia cuando instrumenta medidas que luego no son respaldadas y hasta son criticadas desde el mismo Gobierno.

Lo primero ocurrió con la postergada convocatoria a empresarios y sindicalistas a una mesa para buscar un acuerdo que coordine expectativas de precios y de salarios. La anticipó Massa en sus primeros anuncios y la ratificó el Presidente hace más de diez días cuando dijo que la conformación de dicha mesa de diálogo era inminente.

Hasta ahora la convocatoria no se hizo, pero al igual que en oportunidades anteriores, el anuncio provocó una andanada de aumentos. Ante la posibilidad de tener que sentarse a negociar o, peor todavía, de lidiar con alguna regulación como congelamiento de precios, los empresarios aumentan “por las dudas” y las demoras del Gobierno les dan el tiempo suficiente para hacerlo.

Un ejemplo de inconsistencia en la aplicación de una medida es el dólar soja. Mientras Massa y parte de su equipo se esfuerzan por convencer a los exportadores respecto a la conveniencia de dicho régimen, otros funcionarios lo cuestionan abiertamente, como el secretario de Agricultura, Juan José Bahillo, quien lo calificó como “burocrático y engorroso” y consideró que “nuestros productores están para producir no para hacer trámites”.

Los exportadores ven que ni siquiera el Gobierno está convencido de los mecanismos que propone, ven allí un punto de debilidad que los anima a pensar que pueden sacar algo más, una baja de retenciones o que les permitan liquidar a dólar bolsa, por ejemplo. Entonces nadie liquida más de lo necesario y las divisas siguen sin entrar.

Poco ayuda a generar una imagen de consistencia el hecho que todavía Massa no haya conseguido designar a un viceministro que le aporte al equipo la figurita que le falta, la de un especialista en macroeconomía con la capacidad y los antecedentes suficientes para diseñar un plan de normalización.

La buena noticia de la semana fue el freno a la sangría de reservas

La buena noticia de la semana fue el freno a la sangría de reservas. Después de dos semanas en las que se perdían 150 millones de dólares por día, el Central consiguió hilar seis jornadas consecutivas con saldo favorable, lo que le permitió recuperar 145 millones de dólares, una cifra escasa pero al menos de signo positivo.

Acelerar el ingreso de divisas resultará fundamental para evitar una nueva devaluación abrupta, lo que a su vez es condición sine qua non para que la inflación no se convierta en híper.

 

Parálisis y despidos, la otra cara del cepo

En tiempos en los que su palabra conservaba todavía algo de valor, el Presidente Alberto Fernández repetía sin cesar que no adoptaría ninguna medida tendiente a ordenar la economía si esta conspiraba contra el crecimiento, pero como la necesidad siempre tiene cara de hereje, aquella promesa puesta en el contexto actual resulta una declaración vacía.

Y por hablar de necesidades, una de las más urgentes que tiene el Gobierno nacional es la de frenar como sea la salida de dólares. El cepo a la compra de divisas para atesoramiento no es suficiente entonces también hubo que restringir las importaciones. Primero se apuntó a la compra de bienes no esenciales, pero las restricciones no tardaron en extenderse también a la compra de insumos necesarios para la industria.

El Gobierno que vino a recuperar a la industria vapuleada por la gestión de Macri, terminó poniéndole palos en la rueda. En Misiones fueron varias las empresas afectadas por esta política, hace algunas semanas se conoció el caso de la fábrica de terciados Coama Sudamerica, que debió parar sus máquinas y licenciar a su personal por falta de insumos y más recientemente algo parecido le pasó a la fábrica de zapatillas de la firma Dass, en Eldorado.

Sin previo aviso, la empresa despidió a 97 trabajadores el miércoles y emitió un comunicado en el que aseguraba que esa decisión respondía a la imposibilidad de mantener activas sus líneas de producción por falta de insumos importados.

Se trata de una empresa que continuó trabajando cuando muchas de las fábricas del ramo cerraron sus puertas, durante el gobierno de Macri, y que se largó a invertir y generar nuevos puestos de trabajo cuando la economía volvió a crecer.

“Nuestra vocación industrial y nuestro coraje para asumir riesgos y mantener la continuidad de las actividades en la fábrica, nos llevaron a apostar nuevamente en el país y en marzo 2021, luego de desarrollar un plan en conjunto con el gobierno nacional y provincial, anunciamos una inversión de USD 25 millones, la incorporación de 250 nuevos puestos de trabajo, la ampliación de las líneas de producción: Fila y Umbro, la incorporación de Asics y el reinicio de la producción de Nike en el país”, remarcaron desde la empresa en su comunicado.

Ese mismo día el ministerio de Trabajo dictó la conciliación obligatoria y el Gobierno provincial inició una serie de gestiones tendientes por un lado a destrabar los dólares que necesita la empresa para seguir trabajando y por otro a reincorporar a los operarios despedidos.

El resultado fue que todos los despedidos fueron reincorporados, pero se les dio licencia con goce de haberes. Una solución de muy corto plazo que solo tendrá final feliz si el Gobierno nacional facilita a la empresa la posibilidad de acceder a los insumos que necesita.

 

El principio del ajuste

El programa de ajuste ortodoxo que pretende llevar adelante Massa está generando las primeras medidas de corte impopular propias de este tipo de recetas. Las tasas de interés se dispararon, encareciendo todavía más el crédito, y finalmente se concretó la quita de subsidios  a las tarifas de energía de todo el país y de agua en Buenos Aires.

Hasta ahora la gente no tiene muy en claro cuánto va a incidir la quita de subsidios en las boletas de luz y gas (para aquellos que tienen la suerte de tenerlo). Se dieron algunos ejemplos aplicables a Buenos Aires, pero ver cómo impactará el nuevo status en el resto del país habrá que esperar a que efectivamente lleguen las facturas.

Lo que está claro es que el incremento que llegue a inicios del próximo mes no será el único, porque la quita de subsidios se instrumentará de manera progresiva en tres meses sucesivos.

Pero conviene aclarar que un aumento de tarifas, sino de una quita de subsidios con el único objetivo de achicar el gasto público. Las empresas prestatarias seguirán cobrando lo mismo con la diferencia de que una parte de lo que antes recibía del Estado ahora lo cobrará de manos delos usuarios.

Después sí será el turno de plantear una recomposición de tarifas, algo que suena inevitable en un contexto altamente inflacionario, lo que probablemente quede pendiente para el año próximo.

Después sí será el turno de plantear una recomposición de tarifas, algo que suena inevitable en un contexto altamente inflacionario, lo que probablemente quede pendiente para el año próximo.

Hasta ahora el kirchnerismo parece dispuesto a tolerar de Massa las mismas medidas (incluso más extremas) que antes le rechazaba a Guzmán. Cristina no apoya expresamente, pero tampoco critica, toma distancia y guarda silencio.

Los que sí salieron a manifestarse fueron los gordos de la CGT. Los Daer, los Acuña, los Moyanos, todos ellos empresarios multimillonarios, pero también líderes de la mayor central obrera, coparon la calle en un reclamo contra la inflación pero a favor del Gobierno.

El foco de la crítica de los cegetistas fueron los empresarios “formadores de precios”, convenientemente identificados como “esos hijos de puta que les sacan la comida a la gente”.

Pero también hubo cuestionamientos para el Gobierno al que dicen defender. Imitando a la Cristina que reclamaba un uso más frecuente y enfático de la lapicera presidencial, Pablo Moyano conminó a Alberto a “tener lo que hay que tener” para frenar a los especuladores.

Detrás de tanto barullo hay una disputa con la administración de Massa que impulsa la idea de otorgar sumas fijas para paliar la inflación, algo que molesta a los gremialistas que prefieren una apertura de paritarias libres.

 

Enfrentados por el Cambio

Las críticas de Lilita Carrió agitaron la interna de Juntos por el Cambio y sacaron a pasear a varios muertos de varios placares.

En su afán por recuperar centralidad dentro de una alianza que ya no le reserva lugares destacados, la chaqueña disparó munición gruesa contra Gerardo Morales, Emilio Monzó, Rogelio Frigerio, Gerardo Milman y Cristian Ritondo, entre otros.

En sus dichos, dejó constancia de manejos poco claros, salpicó sospechas de corrupción y de manejo de la justicia. Todo obra de sus aliados de Juntos por el Cambio durante el gobierno de Macri.

Entre otras cosas, sugirió que el diputado Cristian Ritondo había operado para que la Justicia Federal de San Isidro desestimara causas por narcotráfico y congelara investigaciones.

Luego la jueza federal Sandra Arroyo Salgado denunció que desde el entorno de Ritondo y de la entonces gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, la desplazaron de un caso en el que investigaba al fiscal provincial bonaerense Claudio Scapolán, que se encuentra procesado en una causa en la que lo acusa de ser jefe de una asociación ilícita integrada por policías que entre 2013 y 2015 robaba droga y extorsionaba a narcos.

“Me apartaron después de todo un año de intentos en un expediente en el que investigaba a un fiscal provincial, a sus funcionarios, a los más directos colaboradores y a una veintena de policías bonaerenses de alta jerarquía de las DDI de La Plata, Quilmes y Tigre”, señaló Arroyo Salgado.

Otro de los apuntados por Carrió es el gobernador radical de Jujuy, Gerardo Morales, a quien acusa de cultivar una relación demasiado cercana con Sergio Massa.

El jujeño le contestó con una andanada de mensajes de whatsapp en los que terminó desnudando más irregularidades y corruptelas dentro de JxC.

«¿Por qué no hablas del Paseo del Bajo y de los negocios de la Ciudad? ¿Por qué no hablás del Correo de Macri o de cómo manejaron durante  nuestra gestión el crédito tomado al FMI, cómo se fugaron las divisas y quiénes se hicieron ricos?», señaló en sus mensajes

El radical acusó a Carrió de ser muy selectiva en sus críticas y no decir nunca una palabra que salpique a Macri o a Rodríguez Larreta. «¿Por qué no hablas del Paseo del Bajo y de los negocios de la Ciudad? ¿Por qué no hablás del Correo de Macri o de cómo manejaron durante  nuestra gestión el crédito tomado al FMI, cómo se fugaron las divisas y quiénes se hicieron ricos?», señaló en sus mensajes

Por primera vez un dirigente  importante de JxC menciona acusaciones de corrupción que pesan sobre las administraciones de Macri y Larreta y de paso reconoce que los dólares del crédito que tomó el expresidente del FMI terminaron fugados y alimentando fortunas personales.

La principal alianza opositora no encuentra un liderazgo que aglutine, muchos se creen con chances y méritos para capitanear el barco y no dudan en dirimir sus diferencias del modo más descarnado.

No aparecen proyectos ni modelos. Mientras Larreta propone ir a una coalición de gobierno de la que no excluye a una parte del peronismo, Macri y Patricia Bullrich quieren un gobierno que sea puramente del PRO y los radicales no saben muy bien que quieren hacer, pero también aspiran a poner al presidente.

Esa disputa se traslada a Misiones, donde cada uno de los principales referentes de JxC oficia de delegado provincial de alguna de las facciones que pugnan por el manejo de la alianza a escala nacional.

Militan mucho en redes pero poco en el territorio, la gente los ve como parte del fracaso del gobierno de Macri, así como ven a los dirigentes provinciales del Frente de Todos como abanderados del fracaso de la sociedad Alberto – Cristina. Por más que intenten mostrarse como polos opuestos, los misioneros terminan viéndolos como las dos caras de la misma moneda, como representantes de lo que ya se probó y no anduvo.

 

Modelo propio

Cada vez más lejos de JxC y del FdT, las expectativas de los misioneros están cada vez más centradas en el Frente Renovador que supo construir una alternativa propia con una receta distinta a la que proponen los grandes armados nacionales y las demás fuerzas provinciales. Un modelo propio que superó todas las crisis políticas y económicas que padeció el país en los últimos 19 años.

Misiones no renuncia a su agenda económica propia, a contramano del ajuste

Misiones no renuncia a su agenda económica propia, a contramano del ajuste. Mientras el Banco Central convalida subas de tasas de interés que elevaron al costo del financiamiento con tarjetas de crédito por encima del 125% anual, en la provincia se sostienen los programas Ahora que ofrecen financiamiento en hasta 20 cuotas sin intereses y reintegros de hasta 41%.

En un país que solo aspira a evitar una catástrofe, Misiones sigue desarrollando herramientas para sostener el consumo, generar puestos de trabajo y dar respuestas a problemas concretos derivados de la crisis económica que atraviesa el país.

Siguiendo esa línea el Gobierno provincial volvió a sorprender al país con dos nuevos programas: el Ahora Canasta y Ahora para Deudores Hipotecarios. El primero ofrece reintegros de 17% en compras de alimentos y el segundo es un subsidio directo del Gobierno provincial a los deudores que tomaron créditos hipotecarios bajo el sistema UVA.

Misiones se convirtió así en la única provincia en asistir, con un aporte equivalente al 60% del aumento de las cuotas, a quienes se encuentran ahogados por una deuda impagable generada por un mecanismo de crédito hipotecario promocionado por el gobierno nacional de Macri.

El gobierno de Macri los embarcó en un sueño que para muchos terminó en pesadilla, consumado el daño, la gestión de Alberto mira para otro lado y la única ayuda llega de Misiones.

El contraste llama la atención y todo el país se pregunta cómo hace una provincia pequeña y desfavorecida por el reparto de la coparticipación para darle beneficios a sus habitantes cuando el contexto nacional marca un franco retroceso en la calidad de vida de casi todos los eslabones de la sociedad.

Misiones lo hizo generando soluciones innovadoras surgidas del contacto directo con la gente de todos las condiciones, rubros y actividades. Programas como el Ahora Canasta  ponen de relieve la precisión quirúrgica con la que la Renovación elige y define sus acciones políticas y de gestión, priorizando los aspectos más importantes para los ciudadanos en el momento adecuado.

Y en este momento, cuidar el bolsillo de los misioneros es el mayor acierto. Quedó demostrado al ver el interés de la gente en buscar y usar masivamente esas propuestas.

El flamante programa no actúa aislado, sino que se complementa dentro de un combo muy amplio de propuestas, ofertas y beneficios que forman una sinergia y dinamizan a una actividad económica que no para de crecer desde hace dos años, mostrando números inauditos de consumo y expansión que contrastan de manera contundente con la crisis macroeconómica que vive el país.

El patentamiento de autos y motos, los metros cuadrados de construcción privada, los niveles de venta en comercios, la facturación de hoteles, de restaurantes, la venta de materiales de construcción, alquileres y propiedades, ni hablar del turismo y el flujo millonario de dinero que inyectan los brasileños y paraguayos que invaden diariamente la provincia, colocan a Misiones en un lugar de altísimo privilegio en comparación con Corrientes, por ejemplo, cuyos números económicos se encuentran amesetados desde antes de la pandemia.

Tanto en la economía como en la política, el Frente Renovador es un gobierno sin déficit, no tiene pasivo económico ni político. Sus acciones políticas tienen un efecto directo en la calidad de vida de la gente, en la convivencia social y en el crecimiento de la economía.

A ello se suma el posicionamiento de Misiones como la mayor oferta educativa universitaria de todo el Norte del país, lo que genera una atracción de jóvenes que vienen de toda Argentina, con el consecuente agregado económico que eso implica.

La transformación que ha tenido Posadas en la gestión de Lalo Stelatto tiene gran implicancia en el presente,  lo que lo posiciona muy arriba en las preferencias de los posadeños como quedó demostrado en su participación en la maratón de Posadas Futura, el fin de semana pasado, donde fue permanentemente saludado por vecinos, muchos de ellos jóvenes.

Similar sentimiento de la gente se observa en el cariño que día a día recibe Oscar Herrera en cada punto que visita y que lo posiciona en un nivel histórico de aceptación de gestión.

Un camino parecido, aunque iniciado más tarde, se proyecta en la gestión del joven intendente Pablo Hassan, de Oberá, que con decisiones muy específicas ha mostrado fuertes cambios y mejoramientos en el estado general de la ciudad, como por ejemplo nuevo transporte público, nuevos camiones de recolección que mejoraron el servicio, obras de asfaltado y empedrado en las avenidas, iluminación, cuestiones que enseguida consiguieron apoyo masivo de los obereños y lo sitúan con un 65% de imagen positiva, de acuerdo a una encuesta local realizada esta semana.

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