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#Historias | La caza de nazis que afectó a vecinos de Apóstoles y Liebig

En julio de 1940 la ciudad de Apóstoles y su vecina Colonia Liebig, en Corrientes, paralizaron sus actividades y hasta se frenó la cosecha de yerba mate en algunas chacras por una redada de vecinos alemanes, acusados de militar en el partido nazi alemán.

La redada comenzó a las 2 de la madrugada del 8 de julio de ese año en el que gobernaba la Argentina el presidente constitucional Roberto Ortiz. Seis horas después, los detenidos ya habían sido encerrados en una casa de Apóstoles, según el informe del inspector de Zona Centro de la Gendarmería, Francisco Sales de Torres.

Los gendarmes informaron haber secuestrado armas, documentos y hasta dinero que hallaron en la casa del médico Roberto Suntheim, respetado en la zona por su labor solidaria. A Suntheim le atribuyeron la jefatura zonal de células nazis.

Uno de los casos más dramáticos fue el de la “señora Kunz” quien esa noche subió al tren rumbo a Buenos Aires. Torres, en informe al gobierno nacional, consideró que esta mujer era el “lazo de unión y correo de los nazistas”. Anna Kunz, de 63 años, acompañaba a Frieda Schmitt, enferma de cáncer. Como una “gran cantidad de connacionales” la despidió en la estación, los gendarmes detuvieron el convoy a un kilómetro de la estación Apóstoles y las apresaron. 

“Hábil interrogatorio”. El inspector Torres defendió la acción de sus hombres e informó que los prisioneros tuvieron un trato “más liviano y suave, que el del ´hábil interrogatorio´, norma policial en todo el mundo”. El encomillado es de su propia nota. Solo admitió que doblegaron a los presos alternando horas de pie, hasta que caían agotados.

El 1º de septiembre de 1939 Adolf Hitler había desatado el infierno de la II Guerra Mundial al invadir Polonia, luego de anexar Austria. Mientras, EE.UU. permanecía fuera del conflicto hasta luego del ataque japonés a Pearl Harbor a finales de 1941. Pero buscaban a seguidores del IIIº Reich en todo el mundo. 

La cacería alcanzó a decenas de acusados de “actividades antiargentinas” en el límite de Misiones y Corrientes. Al final, quedaron 25, detenidos después en una casa de la calle Carlos Pellegrini, en Apóstoles. Los documentos de tal ostentoso operativo son patrimonio de la Cámara de Diputados de la Nación.

Si hubo violencia, esta se lee apenas entrelíneas. Por ejemplo, el jefe de GN Manuel Calderón respondió al ministro de Guerra, general Carlos Márquez, negando violencia sobre el pastor evangélico Frederich Hoppe y la vecina Ilse Dreier. Son constantes estas denuncias, consultas desde Buenos Aires y desmentidas. Se presume –es nada más que una suposición- que los alemanes lastimados (como el esposo de la señora Schmitt, a quien le destrozaron la cara de un culatazo), tenían en cuenta que serían objeto de venganzas posteriores por quienes ejercían el poder local.

En toda Misiones, Capital y otras provincias y territorios nacionales, hubo una vigilancia semejante. La Tierra Colorada, según un plano atribuido al propio Hitler, pertenecía a un comando en Río de Janeiro. En el mencionado patrimonio figuran listas de presuntos espías y militantes nazis en Eldorado, Montecarlo, Oberá, Alem y otras localidades. Pero no se conocen operativos del volumen y la violencia como los de Apóstoles y Colonia Liebig.

¿Había tanto peligro? El comandante de Gendarmería Manuel Barrés, de Apóstoles se refirió al armamento secuestrado, pero apuntando siempre al doctor Suntheim. “Respecto al armamento encontrado, su cantidad y calidad ha sido exagerada por la prensa metropolitana, conocida por su afán de sensacionalismo”. Este informe, dirigido al director de Gendarmería Nacional, general Calderón, también figura en el archivo de Diputados de la Nación. 

La nota está fechada el 16 de julio de 1940, apenas una semana después de la operación anti-nazi. Al médico Suntheim, reveló que le fueron secuestradas, “amén de otras armas, dos fusiles Máuser, un Winchester, 410 proyectiles para Máuser, 10 pines de fusil ametrallador…”. Agregó que tales armas no alcanzan para “realizar una subversión”, pero que las considera “eficaces y ofensivas”. 

 Aunque no hubo muertos, pero sí lesionados, los gendarmes al mando del inspector Torres actuaron con violencia con mujeres, hombres y menores por igual. En un magnífico libro titulado «Colonia Liebig, historia de la inmigración alemana», el ingeniero Luis Friedlmeier le dedica un amplio espacio al tema e incluyó fotos de los prisioneros. Otros datos citados en esta nota pertenecen al patrimonio de la Cámara de Diputados de la Nación, en la sección Comisiones Especiales.

Las acciones de este tipo, incluyeron la persecución de otros militantes comunistas y anarquistas. Se acentuó en 1938 con el seguimiento, vigilancia y espionaje de adherentes al III Reich. En mayo de 1938 un decreto del gobierno nacional indicó que las escuelas extranjeras de idiomas o religión debían tener a la vista una bandera argentina, retratos de próceres y mapas nacionales (Gabriela Jäkel, Migrantes alemanes). Y el 15 de mayo de 1939 el decreto 31.231 prohibió los nombres extranjeros de las asociaciones, la redacción de estatutos en castellano y el uso de enseñas que no fuesen argentinas.

Respaldados en estas normas, fuerzas de seguridad y áreas de “Asuntos Políticos” de ministerios nacionales realizaron una verdadera cacería. Personalidades destacadas de la vida social en la zona fueron calificados como antiargentinistas. El médico Roberto Suntheim, jefe del dispensario de Virasoro, fue acusado como nazi por el comandante Barrés como principal propagandista del liderazgo de Hitler. 

El comandante de Gendarmería, aseguró que Alfredo Müeller era el jefe central en la zona y “obedece a directivas de Berlín”. Entre los detenidos también fueron acusados como colaboradores Werner Hoffmann, Palo Tegeler, Adolfo Kelm, Erwin Kuntz, Carlos Schaller, Enrique Maier, Gustavo Kiefer, Antonio May, José Friedlmaier, Guillermo, Enrique e Isidoro Maier. El doctor Suntheim fue señalado como “ex oficial del Ejército Imperial”.

Los medios nacionales y los legisladores del Congreso de la Nación llamaron a este episodio “el caso de Apóstoles” o el “caso Misiones”, cuando se referían a este operativo. Hubo quejas de malos tratos, pero las autoridades las negaron. Secuestraron armas, según informe de Gendarmería, y hasta hallaron un “arsenal” enterrado en una chacra. Los acusados dijeron que la propia fuerza había comprado las armas en Garruchos.

Y así lo informaron al Ministerio de Guerra. Intervinieron además el embajador de Alemania, Otto Meynem, y el canciller José María Cantilo. El 13 de julio de 1940, el comandante Manuel Barrés, informó desde Apóstoles que habló con todos los presos y que “ninguno se quejaba”. (Dcto de la HCDN) Agregó Barés que alquiló una casa para los detenidos por 230 pesos, con “siete piezas de 4 por 4 y salón de 12 por 4”. Explicó que había sido blanqueada y que el doctor García del Escuadrón Concepción supervisó una desinfección. 

“Dos horas por días los detenidos salen al patio cerrado, a tomar sol durante la incomunicación”. Eso sí, un baño para una multitud. Lo irónico es que un “gendarme peluquero” los afeita, y duermen en camas, colchones y frazadas” que aportan sus familiares. Pero, “durante el día se les retira, pueden descansar en bancos”.

El gobierno nacional envió, a fines de julio, al doctor Emilio Pellet Lastra, y al general Luis Cassinelli, para que supervisaran la acción de gendarmes y policías. Del gobernador del Territorio Nacional de Misiones, Romaña, se sospechaban sus simpatías con los nazis.

Al año siguiente del “caso de Misiones”, se creó en la Cámara de Diputados la Comisión Investigadora de Actividades Antiargentinas. Actuó desde junio de 1941 y su primer presidente fue el diputado radical Raúl Damonte Taborda, sucedido luego por Juan A. Solari. Otros miembros fueron los diputados Adolfo Lanús, Fernando Prat Gay, Silvano Santander, José Aguirre Cámara y Guillermo O’Reilly.

Según los testimonios de varios historiadores, varios centenares de alemanes y su descendencia no nacionalizada argentina fueron arrancados de sus hogares en Colonia Liebig y Apóstoles. Entre los que denunciaron malos tratos se contaba Friedrich Hoppe, pastor protestante de la Congregación Evangélica Almana en Alem. Su hija de 2 años estaba enferma de neumonía y la llevaron al consultorio del doctor Suntheim, en Liebig.

El pastor evangélico fue rodeado por policías y le ordenaron viajar a Apóstoles, donde apresaron a su acompañante Kruegell y luego a él mismo en la casa “blanqueada” para los detenidos. La menor empeoraba y el director del Hospital de Apóstoles aseguró que “peligraba su vida”. No se menciona el desenlace, pero al parecer habrían salvado su vida.

En este mismo informe del patrimonio de Diputados, Hoppe relató que lo llevaron a la “prisión provisoria” donde se encontró con los alemanes Layh, Heinrich Meyer y F. Kruegell. Entre otros maltratos, mencionó el arresto de la señora Anna Kunz, de 63 años, quien obligaron a estar de pie durante 24 horas. Al mismo encierro fue llevado el yerbatero E. Kunz, el gerente la Cooperativa, Teibler.

Para el mes de agosto Gendarmería trasladó a 25 detenidos a la Comisaría 2ª de Posadas. A esa altura al menos una docena de los presos se habían enfermado a causa de las malas raciones de comida. También hubo gendarmes que sufrieron males estomacales.

La cuestión tuvo tanta repercusión que desde el Ministerio de Guerra, del que dependía Gendarmería Nacional, ordenó al jefe de la fuerza Torres que se hiciera cargo de los “gastos ocasionados por los enfermos”. “Mantenga esta orden reservada a fin de evitar abusos”, señaló el radiotelegrama enviado por el general Calderón, director general de la GN. (Archivo de la HCDN).

El juez letrado del Territorio de Misiones, Jacinto R. Miranda, se ocupó de tomar declaraciones. Y el comandante Barrés, en su informe del 16 de julio al jefe de Gendarmería, aseguró que “sin temor a equivocaciones, las actividades nazis en esta parte del país no eran un mito sino algo concreto y preciso”.

El 24 de julio de 1940 en informe al inspector de GN Francisco de Sales Torres, de Apóstoles informaba que “hasta el momento, ninguno de los detenidos a disposición de esta instrucción y que a continuación detallo, han formulado al suscripto quejas de malos tratos o de cualquier otra naturaleza”.

Tales “delicadezas” burocráticas y los pedidos de informe sobre la salud o situación de presos, cesaron en 1943. El 7 de junio de este año, un golpe militar interrumpió el gobierno de Ramón Castillo (reemplazante de Ortiz quien renunció por enfermedad) y se instaló en el poder el general Pedro Pablo Ramírez. También perdió vigor la comisión de actividades en la Cámara de Diputados de la Nación.

Sin embargo, desde antes primaba en el poder un cuidado especial en no ofender a la Alemania de Hitler, agresora de países pacíficos. En el mismo mes de lo ocurrido en Apóstoles, el 18, el puntilloso canciller José María Cantilo pedía al ministro de Guerra, Carlos Márquez, el “esclarecimiento” de lo ocurrido en Misiones. Había bastado para esto una visita del consejero de la embajada de Alemania, Otto Meynem, para indicar que la representación alemana “podría presentar una reclamación… que esta Cancillería se esfuerza en evitar”.

Así navegó la política exterior argentina ante la II Guerra Mundial, hasta que el siguiente presidente de facto Edelmiro Farrell, declaró la guerra a la agonizante Alemania nazi y al Imperio de Japón. Naufragó la denominada “neutralidad” argentina y a los pocos meses, el 8 de mayo de 1945, capituló Alemania, mientras que meses después lo hizo Japón.

 

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