Producir naturaleza, la idea para revivir al yaguareté en Corrientes

La idea parece sacada del guión de Jurasic Park de Steven Spielberg. Pero aquí no hay un millonario excéntrico queriendo recrear dinosaurios extinguidos hace 65 millones de años, sino un grupo de especialistas en busca de un objetivo mucho más cercano: recuperar especies animales que tienen una población escasa o que desaparecieron de Corrientes hace unos 70 años.

 

A diferencia de Misiones, donde la población de yaguaretés creció hasta llegar a 80 ejemplares, en Corrientes no hay ni uno solo en estado natural.

En la isla de San Alonso, en medio de los Esteros del Iberá, en Corrientes, se está realizando la primera experiencia en Argentina destinada a restaurar la población del venado de las pampas, el ciervo más escaso del país. También alberga a la segunda población de osos hormigueros (la primera en la estancia Rincón del Socorro, en el municipio cercano de Carlos Pellegrini) y como proyecto principal, el Centro de Experimentación y Criadero de Yaguareté.
Se trata de una isla de unos 30 kilómetros de largo por unos cuatro de ancho. Llegar es difícil, con casi una hora de viaje por caminos de arena desde el municipio de San Miguel y una media hora de lancha por los esteros cuya extensión se confunde con la línea del horizonte.
El ambiente natural es envidiable. Abundan carpinchos, yacarés, aves de todo tipo y venados que se aprecian a simple vista. Parecen cómodos modelos para las fotos que se convierten en postales de un ecosistema único. Pero falta el depredador natural cuyo último ejemplar fue cazado en 1953 en Ituzaingó: el yaguareté.

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La isla San Alonso es una vieja estancia comprada por el multimillonario Douglas Tompinks como uno de sus principales proyectos de preservación en Argentina. Pero el concepto no es la conservación de lo que está, sino la recreación del hábitat como estaba antes de la intervención y depredación del hombre.
En el antiguo casco se quitan los postes que controlaban el andar del ganado y los animales silvestres vuelven a recorrer la isla sin limitaciones.
“Producir naturaleza”, es el concepto diseñado por el biólogo Ignacio Jiménez Pérez, el coordinador del programa de recuperación de fauna amenazada en Iberá.

Hay una sutil diferencia con la idea de muchos ecologistas de “intangibilidad” de los montes o animales. Aquí no se piensa en la fotografía, sino en generar una película. Por eso se renueva la flora en donde había pinos y se trabaja en la recuperación de la población de osos hormigueros, aguará guazú, venados, guacamayos -extintos en toda la Argentina-, el muitú -desaparecido cuando se creó la represa de Yacyretá- y el lobo gargantilla, también extinguido en el país.

Con el yaguareté el trabajo es mucho más complejo, porque no se trata de liberar ejemplares en el humedal, sino de reintroducir animales aptos para la vida salvaje. Por eso es el proyecto estrella y el que más interés despierta.
Se trata de un proyecto de recría único en el país y la versión mejorada de experiencias realizadas alrededor del mundo con tigres, linces o lobos.

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En todos los detalles
Karina Spørring es la encargada de la misión. Es de Dinamarca, habla con tonada española y modismos argentinos. A los 37 años y después de entrenar perros de montaña en Noruega y expe riencias en zoológicos en Valencia y Jersey, en Inglaterra, está al frente de su máximo desafío. Tuvo un rol fundamental en el diseño y desarrollo del proyecto. Estuvo al frente del equipo que construyó las inmensas jaulas que se mimetizan con el escenario natural y ahora espera que llegue pronto un macho para Tobuna, la primera yaguareté que volvió a pisar suelo correntino y que será el puntal para la recreación de la especie.
Ella misma fue a conocer a Tobuna al zoológico de Batán, que donó la hembra y podría donar la segunda.
El macho es la obsesión y se espera que algún otro zoo de Argentina tenga un mismo gesto.
¿Por qué de Argentina? Porque se pretende que las crías de yaguaretés sean argentinas, lo que ayudaría a la empatía con los lugareños una vez que sean liberados.
De todos modos, si en el corto plazo no aparece un macho local que ya tenga experiencia sexual, se podría traer uno de Uruguay o de El Pantanal, de Brasil, donde la especie está en buen estado de conservación. No de Misiones, porque la especie recién está recuperando un número aceptable de población.
El proceso de recría es extremadamente complejo. Primero hay que encontrar dos parejas compatibles sexualmente y que las crías nazcan sanas. Es fundamental que haya empatía entre ambos, porque si el macho es rechazado, suele agredir a la hembra y dañarla.

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Las enormes jaulas construidas están preparadas para una ambientación de los animales y después para el entrenamiento de los cachorros en la caza.
Se trata de jaulas individuales interconectadas para que, si hay “onda” -acota la etóloga danesa en un guiño idiomático-, se produzca el acto sexual. Cada una tiene 1,5 hectáreas con árboles, monte, pileta de natación y mucho pasto. Una vez que las crías nazcan, después del destete, vivirán en un centro de entrenamiento: una inabarcable jaula de 30 hectáreas, con una laguna, mucho monte, lomadas y pasto. Allí deberán aprender a cazar y a valerse por sí solos. Solo los ejemplares aptos serán liberados.
Tobuna ya no tendrá esa suerte, ya que por su pasado en el zoo, no está apta para la vida salvaje.

 

Cada cachorro que se reintroduzca en el ambiente natural tendrá un collar de rastreo satelital para estudiar sus movimientos y advertir cualquier ingreso a zonas ganaderas cercanas.
Aunque los especialistas consideran que en la misma zona hay suficiente alimento como para que no necesiten desplazarse demasiado.
Todo está pensado al detalle. Las medidas de seguridad son excepcionales, mejorando experiencias de otros países. Las paredes de las jaulas tienen cinco metros de alto con un borde que impide el salto directo del yaguareté. Una alambrada eléctrica intermitente que aleja al yaguareté del exterior y los portones de acceso e internos tienen complejos sistemas hidráulicos que impiden la apertura de uno sin haber cerrado antes el otro.
También se diseñaron dos mecanismos de alimentación para cuando haya crías: una que permite el ingreso automático de carne si los cachorros no logran cazar y otro que hará entrar presas vivas para la caza. Sin que haya humanos a la vista, para potenciar el instinto de los felinos.
La presencia humana es fundamental, para que se acostumbren a la convivencia en la zona. Sin embargo, los cuidadores no deben ser vistos ni como amigos ni como presas.
“La clave es que sean neutros, sin estímulos negativos y positivos”, señala Spørring. De este modo, se generará “respeto” y no cercanía o exceso de confianza con el hombre, lo que podría derivar en “contactos peligrosos”.
Los especialistas apenas si tendrán contacto con los cachorros, básicamente para que sean vacunados antes del traslado a la jaula de entrenamiento y adaptación.

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Spørring es optimista y cree que si aparecen machos pronto y Tobuna -que ya fue madre en cinco oportunidades con ocho crías- o la otra hembra que esperan, aceptan a sus pretendientes, la población de yaguaretés en los esteros del Iberá puede crecer en libertad. El inmenso parque puede albergar a unos cien ejemplares, un poco más de lo que hoy ostenta Misiones.
Incluso, se podría llegar a exportar ejemplares jóvenes a otras provincias como Chaco o Formosa, donde la situación de supervivencia del yaguareté es crítica.



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