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Un cero que nos invita a soñar

Este domingo no se registraron casos de Covid 19 en Misiones. Después de más de un año, volvimos a una placa en cero que no hace más que revitalizarnos, cargarnos de energía para continuar nuestro trabajo, codo a codo y pensando en el presente y porvenir de nuestra provincia.

 


Estoy convencida que esta bisagra representa un punto de partida para generar condiciones de mayor empatía y cercanía con los vecinos que tuvieron o tienen mayor dificultad para afrontar su rutina.

Por eso, desde nuestro rol del Estado redoblamos nuestro compromiso para garantizar un acompañamiento que implica escuchar con atención y corazón y actuar en consecuencia de esas demandas y necesidades.

 

Durante este tiempo nos enfocamos mucho en salud y trabajo, sin descuidar las áreas sociales y educativas que funcionan como pilares de nuestra sociedad. Sin embargo, ahora con un poco más de tranquilidad caemos en la cuenta que la pandemia nos afectó en cosas que no se miden: extrañamos los abrazos, a los seres queridos, el partido del domingo en la cancha del barrio, el tereré compartido, los encuentros cara a cara.

 

En mis recorridas diarias, visualizo y reconozco a los vecinos que trabajaron juntos y unidos para vivir, a los emprendedores que se reinventaron, a los profesores que se adaptaron a las nuevas plataformas y tecnologías, a los padres y madres que hicieron malabares con un nuevo método de aprendizaje, a los productores de nuestra tierra, y en definitiva a todos los que no dejaron de creer que era posible sobrellevar sus días con el peso de la nueva normalidad.

 

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Poner en valor a cada persona que combatió comunitariamente la pandemia, me hizo entender la difícil situación que atravesamos muchas misioneras y misioneros.

Los resultados de hoy, los pocos contagios y la vacunación masiva, me hacen creer que se viene mucha alegría, encuentros, abrazos, turismo y dinamismo en nuestra economía, coloridas tonadas, bailes y mucho deporte.

 

Este es el mes de la madre, y valoramos más que nunca el esfuerzo de las mujeres que como jefas de hogar pusieron el hombro, bancando la olla, la escuela y la familia, y que hoy se merecen un reconocimiento.

 

Desde lo personal, creo que no hay mayor reconocimiento que la acción, acción en respuesta a una demanda que merece ser atendida, acompañadas siempre de momentos de afecto y celebración.

Estas acciones, van en simultáneo del término empatía y cercanía, por eso considero que es un buen momento para empezar a reconfigurar nuestro trabajo desde ese lugar, como representante, como ciudadana, vecina o una amiga, que busca construir todos los días los sueños de los misioneros.

 

Volvimos al caso cero, y este es el momento para cargarnos de esa energía que vitaliza y nos motoriza a ser mejores ciudadanos, desde lo colectivo con responsabilidad social, y desde lo personal, con la premisa de devolverle la alegría a los misioneros.

 

 

Soledad Balán

 

 

 

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