“Hay una resistencia a incorporar a la educación de los argentinos cualquier cosa que implique abrir los ojos a la discriminación contra la mujer”

“Hay una resistencia a incorporar a la educación de los argentinos cualquier cosa que implique abrir los ojos a la discriminación contra la mujer”

Fernando Ramírez es un camarista que integra el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional 9 de la Ciudad de Buenos Aires. Como tal, intervino en el juicio en el que condenaron a prisión perpetua al portero Jorge Mangeri, por haber cometido el femicidio de la adolescente Ángeles Rawson, el 10 de junio de 2013, en el barrio porteño de Palermo. Pero no se lo conoce solo por eso. Es uno de los magistrados que más ha colaborado con el debate para la cabal comprensión de lo que significa el fenómeno de femicidio en la sociedad argentina. Vino a Misiones para una charla con pares de la provincia. En la ocasión, le aportó a Misiones Online una serie de conceptos muy interesantes para entender la temática.

¿Cuál es el motivo de su visita a la provincia?

Vengo invitado por el Superior Tribunal de Justicia y por la Asociación de Mujeres Jueces de la Argentina (AMJA), que está llevando a cabo una tarea intensa de capacitación temática con respecto a los magistrados. Vengo a hablar sobre los femicidios y su vinculación con los Derechos Humanos de las Mujeres. A compartir con los colegas la visión que ellos tienen del tema. Sobre el femicidio digo que como expresión última de violencia contra la mujer está íntimamente vinculado a la temática de protección de los Derechos Humanos. Y la intención es reflexionar sobre este tema y encarar de la mejor manera la cuestión para ver si se pueden esclarecer algunos puntos que están un tanto oscuros.

¿Hay un cambio de paradigma social en relación con el femicidio?

Este es un tema que está evolucionado en la Argentina y en el mundo, donde se trata de comprender cómo se vincula todo esto con la desigualdad entre varones y mujeres y la necesidad de producir transformaciones. Pero la evolución no es pareja ni igual en todos lados. Cada provincia, por ejemplo, tiene sus particularidades que hacen que se avancen en algunos aspectos y en otros no. Algunos distritos, como Buenos Aires, que tiene una dinámica diferente, pueden disfrazar el grado de evolución que tiene.
La desigualdad entre los varones y las mujeres, la violencia de los varones hacia las mujeres, adquiere características diferentes de acuerdo al contexto cultural en el que se encuentren. En algunos lugares se manifiesta a través de lo físico, el golpe. Y con mayor riesgo de provocar la muerte de la mujer. En otros ámbitos, hay otras sutilezas para establecer la desigualdad y los vínculos de violencia.
En la Ciudad de Buenos Aires hay mucha resistencia para la aplicación de algunas doctrinas, como la Góngora de la Corte Suprema, que establece la imposibilidad de la suspensión de juicio a prueba con respecto a los casos de violencia de género, sin embargo, se siguen haciendo lo contrario en casos de lesiones, amenazas, etc.
Lo que sí se están logrando los argentinos como sociedad y como cultura, es visibilizar más esto, pensarlo, lo que no quiere decir necesariamente que vamos disminuyendo los actos.

¿En el volumen de causas en el que interviene cuál es el porcentaje de las que están vinculadas con la violencia de género?

Es muy elevado el porcentaje. En 2003, la AMJA determinó que el 25% de las causas de Capital Federal estaban vinculadas a lo que en ese momento se llamaba “violencia doméstica”.

¿Cuándo empezamos a utilizar el concepto de femicidio en la Argentina?

Lo empezó a usar Casa del Encuentro hace ya mucho tiempo. Ha habido investigaciones hechas en Buenos Aires tratando el tema como tal. Como término propio de la jurisprudencia, fue en el llamado caso Weber, donde la víctima fue Corina Fernández, que fue un hecho de tentativa y hoy ella por suerte está viva. Allí, dos de los tres jueces dijimos que fue un “femicidio” en grado de tentativa porque entendimos que a partir de la incorporación al sistema normativo argentino de la Convención de Belem do Pará, que clasificaba determinado tipo de violencias como violencia contra la mujer, la definía, aquel homicidio o asesinato cometido por un varón en este contexto era una categoría distinta, porque además de atentar contra el derecho a la vida, atentaba contra los derechos humanos de las mujeres.

 

¿Cuáles son los principales inconvenientes que se encuentran desde la Justicia para tratar esta problemática?

Es exactamente la misma que tiene el resto de los ciudadanos, esto es percibir determinadas situaciones como normales y no verlas. Hace muchos años que se sancionó la Ley de Educación Sexual Integral y no se aplica. Hay una resistencia feroz a aplicarla. Y esta norma no es otra cosa más que la incorporación de los compromisos internacionales que asumió el Estado argentino para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.
Hay una resistencia a incorporar a la educación de los argentinos cualquier cosa que implique abrir los ojos a la discriminación contra la mujer, a la violencia contra la mujer y a qué cosas hay que hacer para evitarlas. Esto hace que en la mayoría de los argentinos que no logran incorporar esta visión se naturalicen ciertas situaciones. Y cuando eso ocurre, esas situaciones no se las ve. Le ocurre hasta a los jueces.

 

Se visibilizó la temática, que es un primer paso. Y aparte de la educación ¿qué más falta para que la evolución sea más plena?

Debemos decir otra cosa, junto con la visibilización de la violencia hemos visibilizado a los responsables. Nos está faltando marcar algo, que quienes se oponen a la Educación Sexual Integral y a la transformación de ciertos hábitos y prácticas nos digan qué quieren.

 

Ha intervenido en la condena al portero Mangeri, ¿fue un caso más o marcó algún hito en cuanto a la temática de la violencia de género?

Tuvo la particularidad de que el fiscal y el juez hicieron una investigación maravillosa. El caso lo que provocó es la discusión teórica acerca del femicidio.

Cuando se debatió la ley que incorporaba la figura de lo que hoy se conoce como femicidio, hubo una fuerte controversia en particular, un lobby para que no se sancionara. El femicidio pone en evidencia y toca fibras muy particulares de las relaciones entre varones y mujeres. Es la punta del iceberg, nos llama la atención sobre una situación muchísimo más grave.
Tenemos alrededor de 280 femicidios al año y no tenemos por ejemplo la figura de “tentativa de femicidio”. La percepción es que quienes tratan el tema de tentativa “lo lavan”.



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