La “bóveda del fin del mundo” que preserva semillas de plantas comestibles no aguanta el cambio climático

La Bóveda de Semillas de Svalbard (Svalbard Global Seed Vault), una especie de Arca de Noé vegetal construido en el Polo Norte para salvaguardar una copia de todas las plantas comestibles del mundo para afrontar un hipotético desastre global, necesita reparaciones.

Las autoridades de Noruega están construyendo nuevas defensas para proteger esta instalación, después de que las temperaturas demasiado altas del año pasado provocaran que se derritiera el permafrost en el que está excavada la bóveda y entrara una gran cantidad de agua en el túnel de acceso a esta fortaleza de la humanidad. Las semillas no se han visto afectadas, pero el incidente ha revelado que el cambio climático supone un riesgo para el que también se conoce como “el almacén del juicio final”. Y que necesita cuidados adicionales, señalan en el diario español El País.

 

La bóveda, un banco de germoplasma universal, fue construida en el interior de una montaña, al final de un túnel de 150 metros que se hunde en la tierra helada de una montaña del Ártico, muy cerca de Longyearbyen, la ciudad más al norte del mundo, capital de las Svalbard, un ­archipiélago de soberanía noruega.

 

 

Al fondo, en el seno de la montaña tres cámaras, mantenidas artificialmente a 18 grados bajo cero, albergan las semillas con la memoria vegetal de la humanidad. En la actualidad guarda 843.400 semillas de 5.128 especies diferentes que provienen de 233 países. Tiene capacidad para preservar 2.500 millones de semillas. Su objetivo es poder repoblar de plantas comestibles zonas arrasadas por un desastre nuclear, por ejemplo.

 

Fue construido en un lugar tan remoto por tratarse de uno de los territorios con menos actividad sísmica del mundo y porque, en caso de desastre universal, el frío permitiría conservar las semillas incluso sin electricidad. Se suponía que el almacén estaba diseñado “a prueba de fallos” y contra “el desafío de los desastres naturales o provocados por el hombre”. Que su propio diseño haría innecesario el cuidado humano. Pero no.

 

El banco de semillas diseñado para preservar los cultivos y plantas del mundo en caso de desastre global (la famosa “bóveda del fin del mundo”), no está preparado para soportar el mayor desastre que afronta nuestro planeta: el calentamiento global.

 

Tras derretirse el permafrost en la isla noruega de Spitsbergen, donde se encuentra la Bóveda de Semillas Global de Svalbard, se ha filtrado aguan en el banco de semillas, planteando preguntas sobre cómo la estructura podrá sobrevivir en el futuro mientras la que la Tierra continúa calentándose.

 

La edificación está construida en una mina abandonada del carbón del Ártico. Contiene alrededor de un millón de paquetes con semillas de casi todos los países del mundo. En 2015, la guerra civil en Siria llevó a los investigadores de Oriente Medio a retirar algunas semillas y reemplazar a las que estaban almacenadas en un banco de Alepo, destruido por la guerra.

 

La estructura fue construida debajo del permafrost, por lo que podríamos estar ante “una instalación a prueba de fallos, construida para soportar la prueba del tiempo y el desafío de los desastres naturales o causados por el hombre”, tal y como explican en su web.

 

Sin embargo, las cálidas temperaturas del pasado invierno han causado lluvia, y el permafrost se ha derretido. Hege Njaa Aschim, del gobierno noruego y propietario de la bóveda afirma que “no estaba en sus planes pensar que el permafrost no estaría allí y que experimentaría un clima extremo como ese”.

 

Afortunadamente, el agua no ha inundado la bóveda. Sólo ha llegado hasta a la entrada del túnel, donde se congeló. (Las semillas se almacenan a -17ºC). De todas maneras, este hecho sigue planteando muchas dudas sobre lo que puede ocurrir en un futuro.

 

 

PE

 



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