banco vegetal
La “bóveda del fin del mundo” que preserva semillas de plantas comestibles no aguanta el cambio climático
La bóveda, un banco de germoplasma universal, fue construida en el interior de una montaña, al final de un túnel de 150 metros que se hunde en la tierra helada de una montaña del Ártico, muy cerca de Longyearbyen, la ciudad más al norte del mundo, capital de las Svalbard, un archipiélago de soberanía noruega. Es una especie de Arca de Noé vegetal construido para salvaguardar una copia de todas las plantas comestibles del mundo para afrontar un hipotético desastre global.