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Más del 50 % de los ingresantes universitarios no posee las competencias básicas

Una investigación en la Facultad de Humanidades reveló la necesidad de trabajar en la problemática del ingreso universitario. Los alumnos tienen dificultades en la comprensión de la lectura y la escritura. Una serie de factores se ponen en juego a la hora de ingresar a la universidad. Y si bien la falta de recursos cognoscitivos de los aspirantes se hace evidente en los cursos de nivelación, no es un problema que concluye entre el profesor y el alumno, sino que se extiende a otras esferas de la sociedad. La problemática no se reduce a las dificultades de lecto-escritura del estudiante; tiene que ver también con el contexto económico, administrativo, familiar y nutricional que atraviese.

Es en ese marco que un equipo de investigación de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones (UnaM) desarrolló un estudio respecto al funcionamiento del curso de Apoyo al Ingresante, en su modalidad a distancia. La investigación llevada a cabo entre los años 2001 y 2003 en los ingresantes de esa unidad académica revela que más del 50 % no cuentan con las competencias básicas que exige la rutina de una carrera superior. En ese período cursaron unos 1.300 alumnos cada año. El taller incluye desde el año 2000 un material teórico didáctico.

Uno de los logros del proyecto se vio reflejado en que la Facultad de Ciencias Económicas y la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales adaptaron los contenidos y lo imitaron.


La investigación


El proyecto «Descripción y evaluación del curso de apoyo al ingresante de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales UNaM; implementado en modalidad a distancia» de autoría de las licenciadas Mirta Miranda, Gloria Fernández, y Adriana Villafañe se dividió en dos etapas y apuntó a brindar un acompañamiento y una evaluación de lo que sucede en las sucesivas cortes de estudiantes que reviste la complejidad del ingreso universitario.

«Hay un conjunto muy mínimo de personas que sería la décima parte del total que tiene absoluta autonomía para abordar el estudio, la escritura y el aprendizaje. Luego hay un conjunto muy importante que hace a más de la mitad que no tiene los recursos para estudiar en la universidad. Es decir, un número importante de ingresantes anualmente no cuenta con los recursos que debiera tener para poder estudiar autónomamente», sostuvo la directora de la investigación, Mirta Miranda.

La docente explicó: «pudimos ver a través de lo que evidencian sus trabajos que tienen un abordaje de la lectura que no es el deseable en la universidad, falta un mayor vocabulario, falta mayor entrenamiento, falta más capacidad de comprensión y aprehensión de los conceptos planteados en textos universitarios. Entonces, si la lectura es dificultosa, la escritura también. En la escritura se evidencian un conjunto de dificultades aún mayor».

Si bien la especialista en educación reconoció que los inconvenientes se inician ya en la interpretación de la consigna, agregó que «los estudiantes no vienen en cero».

«Tienen diferentes capacidades, conocimientos diferentes, pero se encuentran con los requisitos de la universidad que se espera de un estudiante en el marco de las ciencias sociales, para eso este curso de ingreso como otros es un espacio de trabajo mínimo. El alumno no viene sin un conocimiento previo pero no están sistematizados, ejercitados lo suficiente; no tienen la energía y la fuerza para el abordaje de textos específicos, científicos y académicos que demandan una dedicación de tiempo, manejo amplio de términos y conceptos», expuso.


Caso testigo


La licenciada en Letras, Gloria Fernández, quien conduce la cátedra de Comprensión y Producción del Discurso de primer año en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, señaló que sólo el 25 % de los alumnos regulariza esa materia.

«De 400 alumnos que cursan la materia, en ocho meses regularizan unos 120; siendo que volvemos a los textos y cuestiones tratadas en el ingreso, se utiliza el mismo material que en el ingreso. No queremos que el ingreso quede en febrero y se terminó», contó la profesora.

«Si uno analiza los resultados de los ingresos de las distintas universidades se da cuenta que eran situaciones problemáticas las que debían resolver y la interpretación de la consigna es un punto nodal en la comprensión lectora. No interpretás la consigna no podés resolver el problema. Vemos que los resultados a escala nacional y en los resultados de nuestro lugar de trabajo son exactamente los mismos: no interpretan la consigna, modifican el significado del texto, no pueden aprehender lo que dice el autor», dijo.

«Si queremos que sigan en la universidad tenemos que enseñarles, tiene que haber un espacio donde se enseñe que en la universidad se lee y escribe de determinada manera», reflexionó Fernández. Con la frase «no hay culpables» hizo hincapié en que el fracaso del alumno es una responsabilidad compartida.

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