Persevera en tu sueño porque no siempre triunfarás

Todavía sigo tratando de digerir un título de diario con el que desayuné esta mañana: “Dos operaciones y el peor ránking de su historia: el camino de Juan Martín del Potro desde la última vez que fue top ten”. Como el sensacionalismo no era suficiente acompañaron una foto en la que del Potro aparece en el suelo sosteniéndose la muñeca izquierda con mucho dolor.
Con semejante introducción jamás hubiera imaginado cuál era el motivo de la nota, y menos la tremenda noticia del día. Seguí leyendo, y entre mate y mate, me enteré que el próximo lunes Juan Martín volverá a estar en el top ten del tenis mundial, después de 3 años y medio, varias operaciones y sucesivas derrotas. Para ser aún más precisos con los datos, “la Torre de Tandil”, que pasó de ser el 4to jugador en el 2014 a figurar 1045° del mundo, resurgió una vez más de las cenizas y gracias a su tremendo esfuerzo volverá a estar entre los diez primeros.
El título podría haber sido otro, sin embargo es reflejo de un País donde se fomenta constantemente el exitismo y donde la gran mayoría entroniza a jugadores, actores, políticos, profesionales como grandes héroes de la historia, pero ante la primer caída y error los destrozan. En nuestra sociedad exitista, sólo vale ser número 1, los hombres deben ser esbeltos, atléticos, y las mujeres cuasi diosas del Olimpo, siempre listas y predispuestas a toda hora y en todo momento para el éxito.
 No muestran jamás que para llegar a ser grandes, muchas pero muchas veces los supuestos héroes fueron igual que nosotros mediocres, pequeños. No señores, no explican que para triunfar millones de veces probablemente fracasaron, se frustraron y quisieron abandonar la carrera, y sus metas. Nos hacen creer que si de entrada no ganamos -un puesto, un partido, un título, una relación, un negocio- no existimos, y jamás seremos tapa. Vivimos con el peligro de la historia única, nos hacen ver el mundo desde un solo ángulo y lugar.
Niños, adolescentes, y adultos elegimos imitar a los “dioses”, queremos copiar la fórmula mágica que nos vendieron. Pero lo cierto es que después de un tiempo, nos damos contra la pared, y ante el primer fracaso retrocedemos, achicamos cual bonsai el árbol de nuestros sueños! Nos cuesta reconocer, tomar conciencia que dos más dos no siempre será cuatro, y que no todos llegaremos al mismo lugar con los mismos métodos.
Claro está, que ninguno de nosotros escuchó a Del Potro llorar lo suficiente, no conocemos sus desvelos, no sabemos de sus esfuerzos, sólo aprendimos a leer los resultados, y el resto es un cuento que no nos contaron, lo desconocemos y por eso no lo valoramos.
Estamos preseteados para elegir la vía más fácil, y cuando las cosas no salen como esperábamos culpamos a la economía, el gobierno, los colegas, el mercado a todos pero nunca miramos hacia adentro. Darnos por vencidos, decir “esto no es para mí, yo no puedo” es muy fácil. Lo difícil es animarnos a cambiar, soltar la eterna espera de éxito constante que no es real.
Si queremos crecer, si buscamos evolucionar tenemos que aceptar que en gran parte del juego vamos a perder, fracasar, caer para quizás después ganar. Deberíamos escuchar y leer más historias completas, no parciales. Los argentinos necesitamos reconocer que no somos ni tenemos que ser los mejores del mundo, tenemos que en todo caso mejores personas, seres humanos.
Entonces cuando nosotros u otros volvamos a hablar de cambiar para salir a concretar sueños no repitamos en automático la trillada frase “persevera y triunfarás” porque no es así, y no siempre será igual. Qué pasaría si la próxima vez dijéramos “persevera en tu sueño porque no siempre triunfarás”. Persevera, aprende a ser tenaz y no desistas de eso que realmente quieres lograr.
@soljoulia



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