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Desigualdades estructurales, pobreza por ingresos y carencias no monetarias

El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) difundió un reciente documento estadístico "Desigualdades estructurales, pobreza por ingresos y carencias no monetarias desde una perspectiva de derechos. Un escenario pre-post COVID-19 de crisis e incertidumbre". 

El documento de la UCA sobre la pobreza expone evidencias de las capacidades de subsistencia económica de los hogares a partir de analizar una serie de déficits en materia de acceso a recursos monetarios y satisfacción efectiva de condiciones de bienestar económico que se manifiestan tanto en forma de privación de ingresos como carencias en el acceso a derechos.

 

¿En qué medida las diferentes tendencias económicas mejoraron, reprodujeron o empeoraron las condiciones estructurales de desigualdad en relación con la subsistencia material, el bienestar económico de los hogares y el acceso a derechos? es la pregunta que intentaron responder los especialistas en este estudio a partir de Informes de Investigación, seguidos de un apartado de Datos Estadísticos que incorpora diversas estimaciones de indicadores de condiciones de vida para el período 2010-2021.

 

El diseño panel de la EDSA/ODSA permite exhibir transiciones de indicadores seleccionados para dos ciclos anuales: 2019-2020 y 2020-2021.

Poder captar de la manera más exacta posible lo que sucede a nivel social, es una de las principales cualidades que debiera tener cualquier persona que se adentre en la función pública.

Comprender lo que le sucede a la gente de a pie es esencial. En el momento en que quienes toman las decisiones pierden ese pulso, quedan automáticamente desconectados de la base de sustentación política que es fundamento de cualquier gestión de gobierno.

Ese termómetro es el que hoy señala que el conjunto de los ingresos en pesos, se muestra cada vez más impotente para satisfacer las necesidades básicas de la mayor parte de los argentinos. Realizar el contraste resulta bien sencillo, tomar decisiones que logren torcer el rumbo parece ser bastante más complejo.

 

El Observatorio de la Deuda Social de la UCA dio a conocer este mes el documento titulado “Desigualdades estructurales, pobreza por ingresos, y carencias no monetarias desde una perspectiva de derechos” donde se detallan los datos de pobreza e indigencia para el cierre del año 2021.

 

Algunos indicadores entre 2017 y 2021, demuestran que la pobreza por ingresos pasó del 28,2 al 43,8%, con un pico del 44,7% en el año 2020. Implica que en apenas cinco años, la pobreza se incrementó en 15,6 puntos porcentuales. Equivale a decir que el número de pobres creció un 55,3%, y en base a los resultados del censo de esta semana, a 7 millones de personas que pasaron a ser pobres en dicho lapso de tiempo.

 

De la misma forma, la serie de datos indica que la indigencia pasó del 5,7% al 9% entre 2017 y 2021. Significa que la indigencia aumentó 3,3 puntos porcentuales, lo que equivale a decir que la cantidad de gente que no logra comer en Argentina se incrementó un 57,9% en los últimos cuatro años (+1,5 millones de personas).

 

 

Una segunda lectura, permite observar que hasta 2015, la pobreza promedio en Argentina se ubicaba entre el 25% y el 30%. Con años más bajos y otros más difíciles, ese era el rango en el que se movían los datos.

 

 

Ese piso se trasladó desde hace un tiempo al 40%. La combinación de crisis de deuda más devaluación, inflación alta y sostenida, y pandemia, no hizo más que ampliar el universo de personas que padece carencias estructurales.

 

 

El segundo gráfico es todavía más elocuente. La serie de datos refleja la incidencia de la pobreza por estratos de edad. La tendencia al fuerte incremento de la pobreza desde 2017, se confirma. No obstante se amplifica la incidencia en los extremos de los estratos por edad.

 

 

Resulta así que hacia fines de 2021, el 14% de las personas mayores de 60 años es pobre en Argentina. Esa proporción llega a solo el 8% en 2017. En el otro extremo, el 64,9% de las personas de entre 0 y 17 años, son pobres en Argentina. Esa proporción alcanzaba el 44% en el año 2017.

 

La conclusión es inequívoca: no solo la pobreza se ha incrementado de forma estructural en el último lustro, sino que castiga con más fuerza a los adultos mayores y a los niños.

El plus valor de la medición de la UCA es el enfoque hacia la pobreza multidimensional. El informe estudia seis dimensiones diferentes, mediante las cuales se busca abordar la problemática más allá de la cuestión ingresos. Los ítem bajo evaluación son alimentación y salud, acceso a servicios básicos, vivienda digna, accesos educativos, acceso a un medio ambiente saludable, empleo y seguridad social.

 

El estudio presenta un detalle pormenorizado en cada una de las dimensiones. Pero a grandes rasgos, la serie muestra que la situación de los hogares argentinos mejoró sensiblemente entre 2010 y 2021 en tres de las dimensiones: servicios, vivienda y medio ambiente. Por el contrario se agravó en el mismo lapso en las otras tres: alimentación, educación y empleo.

 

El informe indica además que las carencias multidimensionales inciden de forma muy desigual en base al estrato ocupacional. Las mismas prácticamente no inciden en el segmento profesional y medio no profesional, mientras que se profundizan en el segmento bajo integrado, y se disparan en el segmento bajo informal, donde las carencias multidimensionales alcanzar a dos terceras partes de la población.

 

Este último dato, deja una de las claves si lo que se busca es una solución definitiva a un flagelo estructural: la llave para erradicar la pobreza es incorporar a la población al trabajo registrado.

 

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Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA) se refirió al informe «Crisis del empleo, pobreza de ingreso y privaciones sociales estructurales. Argentina Urbana 2010-2021» y sostuvo que el futuro próximo de la actual recuperación socioeconómica es incierto.

El país enfrenta desde hace tiempo un problema de “subdesarrollo estructural” que se manifiesta en la pobreza crónica, la informalidad laboral, la inseguridad alimentaria, la marginalidad social, la crisis ambiental y la inestabilidad económica. Todos ellos problemas cuya superación resulta por demás factible desde lo socioeconómico-productivo, pero no así desde lo político-institucional. El principal problema ha estado y sigue estando en la ausencia de liderazgos políticos a la altura de esta fractura social.

Fuente: UCA 

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