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El “Lobo” que se alimentaba de goles en San Lorenzo

El “Lobo” que se alimentaba de goles en San Lorenzo

Rodolfo José Fischer, el «Lobo» para la comunidad «azulgrana», con la rebeldía de un adolescente, dejó inconcluso el sueño de sus padres, afincados en Oberá, Misiones, de seguir la carrera universitaria de Odontología y emigró a Buenos Aires para probar suerte en San Lorenzo, porque el fútbol era su pasión.

 

El destino evidenció que su decisión no fue equivocada porque fue uno de los más grandes ídolos «azulgranas», tercer goleador histórico de la institución, y así se lo recordará tras su partida ocurrida hoy a los 76 años.

 

«Ahí viene el ‘Lobo’ montado en una escoba, es el ciclón que está de moda» era el canto sublime de los `cuervos` que hacían crujir los tablones de la popular que daba a Avenida La Plata del Viejo Gasómetro. Y el misionero de mirada penetrante, grandote e implacable en el área, pagaba con goles.

 

Pero este misionero de aspecto rudo y fortachón fue un precursor también, porque, así como el cantautor de Cañada Rosquin, Santa Fe, León Gieco, compuso el tema «El Ángel de la Bicicleta», Fischer «inventó» la bicicleta pasando uno de sus pies sobre la pelota para desairar a sus rivales a puro amague.

 

El momento sublime de Fischer, como el mismo lo admitió, fue la final del Metropolitano del 68, en cancha de River, ante Estudiantes de La Plata campeón de América.

 

El «Pincha» iba ganando 1-0 con gol de Juan Ramón Verón a los 47 minutos, empató Carlos Veglio a los 68, pero en el alargue, a los 10 minutos, Fischer clavó un zurdazo al ángulo del arco defendido por Carlos Poletti.

 

San Lorenzo resultó campeón invicto de ese Metropolitano, y Fischer, que terminó segundo en la tabla de goleadores con 12 conquistas, detrás del rosarino Alfredo Obberti (13), ingresó en la historia grande del «Ciclón».

 

El DT de «Los Matadores», el brasileño Elba de Padua Lima (Tim) le dijo a Fischer cuando llegó: «Usted va a jugar bien de punta, de nueve, no retrasado como lo venía haciendo, sino que esa función la cumplirá Carlos Veglio». El «Lobo» demostró en la red lo acertada de esa propuesta.

 

Fischer llegó a San Lorenzo en el 65, con su pequeña valija de esa época, marrón oscura, cargada de sueños, con la ilusión de triunfar en la Gran Capital. Lo esperaba su tío en la estación Retiro del Ferrocarril.

 

Ese tío, sabiendo que su sobrino fue figura en el Club Atlético Oberá primero, y luego en la selección de esa ciudad, con tan solo 16 años, le incentivó para que se probara en San Lorenzo, donde practicaba atletismo.

 

No le hicieron falta muchos minutos al misionero para mostrar su «capacidad goleadora», y complacer a los entrenadores de inferiores. Como era octubre y el libro de pases estaba cerrado, tuvo que esperar hasta comienzos del ’65 para debutar.

 

Lo hizo el 18 de abril ante Argentinos Juniors en cancha de Atlanta. Allí Comenzó su derrotero como figura excluyente de los ataques que integró, pero antes hubo una historia, del por qué lo «apodaron» Lobo, y el mismo misionero, que se había afincado en Monte Grande, pero que siempre volvía al «pago» de su Oberá natal, lo contó.

 

«Un delegado de San Lorenzo, para el cual yo era su ídolo, de repente me dijo Lobo, hay que ganarle a Banfield, y le hice dos goles, y al otro día el tipo apareció con una bandera de 50 metros que decía «Dale Lobo», y volví a hacer un gol, y agrandó la bandera a cien metros, y así me quedó el apodo», contó en una de sus tantas entrevistas.

 

Rodolfo José Fischer nació el 2 de abril de 1944 en Oberá, en ese entonces una incipiente ciudad, y su padre, brasileño, y su madre descendiente de rusos, no lo podían «contener» para que al menos hiciera primero las tareas del colegio antes de ir a la única plaza del pueblo a correr detrás de una pelota.

 

«La plaza era pequeña, con árboles, y teníamos que gambetearlos a ellos también. Un día apareció un puercoespín y todos corrimos detrás del bicho, era común eso», contó en una nota a un diario de Oberá.

 

«Mis padres querían que estudiara una carrera universitaria y comencé Odontología en Rosario, al tiempo que seguía jugando al fútbol, pero la número cinco pudo más y me decidí a probar suerte en Buenos Aires», recordó.

 

El misionero anotó 141 goles en 272 partidos con la camiseta azulgrana, y jugó entre el 65 al 72, y después el 77-78. Fue máximo goleador del Campeonato Nacional de 1969, con 14 tantos, junto con Carlos Bulla de Platense.

 

En 1972 partió a Brasil (Botafogo y Vitoria de Bahía) después de sumar otro título en San Lorenzo y volvió en el 77 antes de decir adiós definitivamente en el 78. Tras un año en Once Caldas de Colombia, arribó en 1980 a Sarmiento de Junín, logrando el campeonato de Primera B, y su último equipo fue Sportivo Belgrano de San Francisco (Córdoba).

 

En la selección argentina (convirtió 12 goles en 35 partidos desde 1965 hasta 1972), y con la casaca «albiceleste» tiene un récord que hasta hoy nadie pudo superar: hizo 4 goles en un mismo partido, y en dos oportunidades: en 1972 en un partido contra una selección de la Concacaf disputado en Brasil y también en otro amistoso en Misiones contra un seleccionado de Posadas.

 

En la Platea Sur del estadio Pedro Bidegain hay un sector que lleva su nombre y, desde el año 2003, el estadio de fútbol del Complejo Polideportivo Municipal de Oberá también fue rebautizado con el nombre de la leyenda goleadora.

DL-CP


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