Uso de agroquímicos y transgénicos, un debate constante en la producción agrícola

Uso de agroquímicos y transgénicos, un debate constante en la producción agrícola

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Algunos especialistas entienden que este tipo de insumos facilitan la producción en gran escala, con beneficios alimentarios para todo el mundo. En la otra vereda se ubican quienes remarcan los efectos negativos en la salud humana y en el medio ambiente. La Legislatura Misionera trata por estos días varios proyectos para regular el uso de agroquímicos.

La utilización de los agroquímicos en la actividad productiva y, más recientemente, la adopción de cultivos genéticamente modificados son dos temas que recurrentemente generan debate; con posturas a favor y en contra.

En las últimas semanas el mencionado debate también se instaló en la Legislatura Misionera, donde varios diputados presentaron proyectos que apuntan a regular el uso de agroquímicos, entre ellos el glifosato, conocido mundialmente por su marca comercial Roundup.

Aparece como oportuno ir descubriendo la opinión de organizaciones y especialistas que abordan estos temas desde hace varios años.

Uno de ellos es el ingeniero agrónomo Adolfo Eduardo Boy, quien en su extensa trayectoria exhibe un Máster en Horticultura y una vasta carrera como docente, además de haber sido investigador y director de la Estación Experimental del INTA San Pedro, en la provincia de Buenos Aires.

Aunque se encuentra retirado, no dudó al momento de ser consultado acerca de su postura respecto al uso de agroquímicos.

“Su uso se intensifica hace 100 años con el justificativo, siempre se ha usado esta excusa, del hambre del mundo luego de Primera Guerra Mundial, donde los excedentes de esa guerra fueron reorientados como agrotóxicos. Esa misma actitud se reitera en la Segunda Guerra, donde surge el DDT y más reciente, luego de Vietnam, aparecen los defoliantes. Como dato de mi experiencia sostengo que la Argentina fue granero del mundo sin fertilizantes ni agrotóxicos. El manejo de las tierras,las rotaciones, y tantos principios elementales de agricultura fueron abandonados por un concepto de industria verde; es todo un mensaje que hoy se haya borrado del ministerio la palabra cultura”, remarcó.

La comunicación con Boy se efectúa justo esta semana, cuando el Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones de Agrobiotecnología (ISAAA, por su sigla en inglés) y PG Economics, Ltd. publicaron nuevos estudios que destacan “los constantes beneficios sociales, ambientales y económicos que ofrece la adopción de los cultivos modificados mediante biotecnología en el mundo”.

Los estudios complementarios “Impactos socioeconómicos y ambientales de los cultivos genéticamente modificados entre 1996 y 2016” de PG Economics y “Situación mundial de los cultivos genéticamente modificados comercializados en 2017”, de ISAAA) analizan la amplia adopción de los cultivos transgénicos por parte de los agricultores de todo el mundo, así como los impactos socio económicos y ambientales derivados de su uso a nivel internacional.

“Los cultivos genéticamente modificados (GM), también llamados transgénicos o biotecnológicos, ofrecen enormes ventajas para el ambiente, la salud de las personas y de los animales, y contribuyen a mejorar las condiciones socio económicas de los agricultores y del público en general”, señaló el presidente del Consejo Directivo de ISAAA, Paul S. Teng. “La reciente producción de cultivos transgénicos de última generación, como manzanas y papas que no se oscurecen ni deterioran, el ananá súper-dulce enriquecido con antocianinas, el maíz con mazorcas de mayor biomasa y altos niveles de amilosa, y la soja con contenido modificado de aceite, además de la autorización para comercializar caña de azúcar resistente a insectos, permiten ofrecer más variedad a los consumidores y los productores de alimentos”.

Transgénicos y paquetes tecnológicos

Si bien agroquímicos y cultivos transgénicos no son lo mismo, sí están estrechamente ligados, ya que estos últimos están genéticamente modificados para comportarse de determinada manera (rendir más, resistir a maleza o plagas, retrasar su proceso de maduración, etcétera) siempre y cuando vayan acompañado de un paquete tecnológico integrado por agroquímicos específicos.

Para el ingeniero Boy ése es un punto esencial. “Desde el advenimiento de la SojaRR (Resistente al Roundup)y los demás cultivos con igual resistencia, estamos en el esquema de rendimiento y rentabilidad que toda la Cátedra y organismos oficiales unen a la tecnología de insumos”, afirmó.

Según el informe de ISAAA, el área destinada a cultivos transgénicos en todo el mundo siguió aumentando en 2017, hasta alcanzar los 189,8 millones de hectáreas en comparación con los 185,1 millones de hectáreas en 2016.

Argentina cuenta con 23,6 millones de hectáreas de cultivos transgénicos y comparte el lote de países que los adoptaron en un nivel superior al 90% para la producción de soja, algodón y maíz. En resumen: casi todo estos cultivos son transgénicos y tienen un gran “aliado” como el glifosato. La pregunta surge inmediatamente. ¿Es posible concebir una agricultura mundial sin agroquímicos?. “Definitivamente no, ya que los rendimientos y la rentabilidad cambiarían”, respondió Boy, para aclarar rápidamente que esto no implica una evaluación positiva. “Las luces amarillas están encendidas y preveo que más temprano que tarde los tendremos que dejar de usar, los países importadores así lo exigen y no podemos ignorar la aparición de resistencia tanto para el glifosato como para insecticidas y fungicidas, algo que anticipamos como Grupo de Reflexión Rural hace 20 años”.

Para este especialista, no se trata de una cuestión de escala, ya que también los pequeños agricultores usan agentes químicos. “Los productores hortícolas minifundistas aplican excesivos agrotóxicos, y lo que es mas grave hasta poco antes de la cosecha del producto”, subrayó.

El glifosato puntualmente se utiliza masivamente SojaRR y MaízRR, pero también en cultivo de verduras y frutales. “Es un herbicida de contacto de manera que al pie de los frutales sirve para limpiar el terreno, en horticultura su utilización es menor pero los cultivos que lo permiten son pulverizados entre líneas, alambrados, veredas y plazas públicas son pulverizados. En horticultura se utilizan infinidad de agrotóxicos, con diversas sustancias activas, pero con utilización mucho más específica y acotada por especie y plaga”, explicó.

La cuestión ambiental

El informe de PG Economic destaca, entre otros aspecto, que “en 2016, la reducción de emisiones de dióxido de carbono relacionadas con los cultivos transgénicos a partir de la reducción del uso de combustible y la captura adicional de carbono en el suelo fueron equivalentes a sacar 16,75 millones de automóviles de las calles”.

También afirma que los cultivos transgénicos “permiten que los agricultores usen insecticidas y herbicidas de forma más estratégica y así reducir el impacto ambiental asociado con su uso (un 18,4 % menos en las zonas destinadas a cultivos GM desde 1996)”.

Graham Brookes, director de PG Economics y coautor del artículo sobre el impacto socio económico y ambiental, señaló: “La falta de seguridad alimentaria a nivel global es un problema muy importante al que se enfrentan los países en desarrollo, con aproximadamente 108 millones de personas que viven en los países afectados por la crisis alimentaria y que todavía se encuentran en riesgo de sufrir falta de seguridad alimentaria o que ya viven en esa situación. Durante más de 20 años y hasta la actualidad hemos visto cómo la adopción de los cultivos transgénicos en los países en desarrollo ha contribuido a obtener rendimientos más elevados, productos más seguros y mayores ingresos. Estos factores pueden ayudar a disminuir la pobreza, el hambre y la desnutrición en algunas zonas del planeta más proclives a sufrir ese tipo de problemas”.

Desde su punto de vista, Boy considera que los defensores de los transgénicos y de los agroquímicos no observan los “efectos colaterales” que conlleva su uso. “Es la postura clásica de quienes no quieren ver que la Argentina cambió a partir de fines del ‘90 (en el ‘96 se aprueba la primer SojaRR), no sólo en su configuración territorial desplazando agricultores a centros urbanos y villas de emergencia, sino que también cambió la sociedad, la cultura, como ya lo expliqué. Reitero: los transgénicos y el glifosato (o el nuevo agrotóxico) no sólo han desertificado nuestras tierras, sino que también llevaron a dejar de lado los cultivos de invierno y las rotaciones, desplazado trabajadores, muchos de ellos acarreando intoxicaciones de por vida, y al mismo tiempo generado una docena de malezas resistentes. La aparición de esa resistencia que ha provocado un aumento en las dosis es suficiente argumento como para abandonar su uso. Quiero advertir que la empresa que lo patentó ya tiene su reemplazo de manera que bajo otra molécula la industria seguirá haciendo su negocio si la agricultura no vuelve a ser la cultura de la alimentación sana y natural”.

Cambio de paradigma

Con 50 años de profesión (40 de ellos en el INTA), el ingeniero Boy admite que en algún momento de su carrera utilizó agroquímicos, pero que que fue – precisamente- ése conocimiento el que lo llevó a sostener hoy una postura diametralmente opuesta y a repensar la agricultura. Para él, todos los agroquímicos podría dejarse de lado. “Todos, digámoslo con precisión, son agrotóxicos y no hay, a mi entender, un uso debido, correcto, seguro, o como se quiera llamar; y esto es especialmente grave cuando la producción a escala está totalmente tercerizada; es decir, quien formula la dosis y aplica el producto no es el dueño del cultivo. He aplicado desde el famoso Bromuro de Metilo en almácigos, hasta Linuron en almácigos de batata; con esto digo que no siempre tuve una postura anti agrotóxicos. Pero el hecho de que haya dedicado gran parte de mi trabajo en INTA a la batata, un cultivo que puede ser logrado sin insumos, y finalmente mi incorporación al Pro Huerta que tiene los fundamentos de la cultura agrícola que hizo famosas nuestras carnes y nuestros alimentos, me llevaron a concebir la agricultura como algo totalmente distinto de la industria, de las protecciones, de máscaras, que no forman parte de una actividad que debe ser natural, sana, para alimentar y mantener la salud del agricultor y la sociedad”

 



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