“La justicia que trae aparejado el encierro ha fracasado”

“La justicia que trae aparejado el encierro ha fracasado”

“Ningún pibe nace chorro o violento”. Esa frase se vio proyectada al final de la disertación del juez Correccional y de Menores, César Jiménez, en la jornada “Justicia Restaurativa Juvenil”. Y resume el concepto de que para que un menor o adolescente cometa un delito hubo antes un contexto adverso que jugó en detrimento de su formación y convivencia con la sociedad.

“Al niño hay que salvarlo desde la cuna”, sostuvo y explicó que si ese niño convive y crece en lo que llamó “una familia rota”, sin afecto, amor, abrazos, contención, límites, esa carencia le provoque un vacío que intente llenar a través de una conducta cuestionable. Y si además la única respuesta que recibe por parte de la sociedad es la discriminación, el estigma, y de la justicia el encierro, probablemente repita patrones de conducta que no le permitan reinsertarse.

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“En las alcaidías de menores los informes muestran escenarios similares, deserción escolar, alcohol, drogas, en la provincia se drogan con psicofármacos, sus padres no los visitan, y aún así ellos buscan otra oportunidad”. En esa otra oportunidad se basa la justicia restaurativa, como puente para que un menor que delinque pueda comprender el error de sus actos. “Se trata de conciliar al agresor con la víctima porque quedó demostrado que la justicia que trae aparejado el encierro ha fracasado. Se produce el mismo círculo vicioso, es decir los niños que comenten hoy un delito, mañana serán los mismos adultos que cometerán delitos, esto me marca un fracaso en la justicia retributiva, y tenemos que buscar alternativas válidas al encierro”.

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Además de Jimenez, en la jornada disertó la Dra. Patricia Klentak, jueza de Garantías del Joven en Buenos Aires, y presidenta de la Asociación de Magistrados, Funcionarios y Profesionales de la Justicia de Niñez, Adolescencia y Familia (Ajunaf). Dialogó con este medio, y explicó que la justicia restaurativa “es un nuevo modelo que empezó hace algunos años, implica pensar la intervención judicial desde un lugar más participativo. Incorpora a la comunidad, a las familias, a la víctima y al ofensor y si se llega a un acuerdo – ese es el fin que persigue – es mucho más saludable para ambas partes. Por supuesto que se seleccionan los casos, a veces esto tiene que ver con el tipo de delito, a veces con la personalidad de la persona que comete el delito. No implica que el juez no va a actuar. Si es necesaria la pena se aplica, pero se da otra alternativa para reparar ese daño”.

Por su parte, Martín Ayala, presidente del Colegio Médico, explicó que “el concepto nació en las últimas décadas del siglo pasado. El encarcelamiento es una situación estigmatizante, luego es difícil que ese joven consiga trabajo y muchas veces exacerba los sentimientos de ira, de resentimiento hacia la sociedad”. Añadió que los lugares de resguardo no están preparados si quiera para contenerlos moral, física, y psicológicamente. “Si es un delito menor hay que pensar en alternativas que le permitan hacer reflexionar de que los resultados pueden ser nocivos para él”.

En la apertura, el encuentro contó con la presidencia del ministro del Superior Tribunal de Justicia, Rubén Uset, el defensor de los Niños, Niñas y Adolescentes, Miguel Molina, el Defensor del Pueblo, Alejandro Cohen, y Además de las disertaciones mencionadas, participaron de la jornada, la Dra. Edith Coronel, jueza penal adolescente de Asunción y la Dra. Rosa Yambay Giret, miembro del Tribunal de Apelaciones de la Niñez y la Adolescencia de Paraguay.

J.M



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