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Adolescentes que se aíslan: un nuevo trastorno de conducta

Cada vez más padres consultan a psicólogos y psiquiatras porque sus hijos viven encerrados en sus cuartos, con la tele e Internet. Por qué rehúyen el contacto social. Y cómo abordar el problema. El chico que se desesperaba por acaparar todas las conversaciones familiares de repente exige que le lleven la cena a su pieza. No le interesa charlar y claramente prefiere comer solo mientras navega por Internet. Tampoco lo seduce la idea de ver tele en el living con sus padres. Luego, cuando las luces de la casa se apagan, sigue en vela, con la mirada fija en la pantalla de la computadora. La escena no es rara en absoluto. Y no es nociva si ocurre un par de veces. El problema es si se prolonga en el tiempo y el chico deviene una suerte de ermitaño moderno.

«El avance de la tecnología sin dudas influye en las relaciones sociales», explica Rebeca Hillert, coordinadora docente y supervisora en Clínica de la Niñez y el Adolescente del Centro Dos, una institución sin fines de lucro donde se atienden 3.000 pacientes. «Hasta hace poco, en las casas con adolescentes solía haber música a todo volumen. Eso ya no pasa. Los chicos eligen entre los 5.000 temas en MP3 que se bajaron de la PC y los escuchan con auriculares, solos, en sus habitaciones», ejemplifica Hillert.

Todos los especialistas consultados por Clarín dicen que en los últimos años aumentaron las consultas de padres preocupados. Algunos hablan directamente de este aislamiento social autoimpuesto por sus hijos, que se niegan a salir de sus cuartos, donde pasan horas frente al televisor y la computadora. Otros encaran la consulta por el fracaso escolar o los cambios abruptos en la conducta. El psiquiatra Alfredo Cía, presidente de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad, explica que si bien los casos van en franca progresión desde el 2000, la psiquiatría aún no le dio nombre a este síndrome.

La psicoanalista Silvia Justo, también del Centro Dos, habla de ciertas contradicciones que perturban a los padres de hoy: «Les dan todo a sus hijos para que estén actualizados. Saben que la tecnología es cultura y la compran, pero hay situaciones que se les van de las manos, como estos cuadros de aislamiento. Ahí es cuando consultan».

Ojo. No hay que confundirse con el encierro normal de todo adolescente, que es capaz de tirarse horas en la cama simplemente para no hacer nada. «Ese aislamiento es normal, porque el adolescente debe distanciarse de las figuras parentales. Tampoco es grave si navega en Internet, pero además hace otras cosas y tiene amigos. Lo preocupante es que tenga cortado su lazo con el afuera», explica Justo.

Esos sí son casos extremos. En Japón es tema nacional. Estiman que uno de cada diez adolescentes —más de un millón—, sufre este trastorno al que llaman hikikomori, que significa inhibición, reclusión, aislamiento. En general son hijos únicos a los que los padres les dan todo, pero ellos no les hablan y tampoco tienen amigos. La preocupación es tal que ya hay una treintena de libros, documentales y una película.

Está claro que entre Japón y Argentina hay un abismo cultural y económico, pero el trastorno también se expresa aquí. Se da en las clases media y alta, en aquellos hogares donde los chicos tienen la tecnología al alcance de la mano. «Aparece en adolescentes y jóvenes de veintipico. Se recluyen en sus casas y llegan a abandonar sus estudios para no salir. Además, se tornan exigentes y hasta agresivos con sus padres», asegura Cía.

«Esta es una nueva patología juvenil que se da en determinados grupos y que no es raro que suceda. Hay muchos casos en que los padres consultan porque el chico invierte el sueño y cambia sus signos biológicos. Entonces de día está alterado, malhumorado, intolerante», explica el psiquiatra y psicoanalista Humberto Gobbi.

Y enumera posibles causas del problema: «Son hijos de padres hiperocupados que compensan su ausencia y la carencia afectiva con cosas materiales y permisividad. Y están los chicos que son muy tímidos y la computadora les facilita los vínculos sociales».

Según Cía, hay que evaluarlos desde el diagnóstico para establecer causas del cambio abrupto de comportamiento: «Se debe descartar la existencia de componentes fóbicos del tipo agorafobia o ansiedad social, ver si hay trastornos de personalidad, como evitativa, dependiente, esquizoide o pasivo-agresiva, o si la necesidad compulsiva de conectarse a Internet es por una ciberadicción».

El psiquiatra asegura que viven en egosintonía (sin conflicto interno), y por eso lo más frecuente es que no quieran seguir ningún tratamiento, que en general es pedido por los padres, y son los profesionales quienes deben ir hasta el búnker. A veces aceptan la consulta cuando empiezan a sentirse deprimidos. «El tratamiento debe ser una psicoterapia que les permita tomar conciencia de su situación anómala y los vaya reconectando con la realidad, intentando comprender los motivos de la desconexión (miedo a la responsabilidad adulta, temor ante un mundo cada vez más exigente, hostil y competitivo). Es importante restablecer los horarios de sueño y programar actividades físicas con un acompañante terapéutico. La medicación puede ser un valioso recurso». (Clarín).

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