Perservar para encontrar

A veces los lugares más bellos están escondidos, y de una u otra forma para llegar requieren de nosotros más esfuerzo de lo habitual. Estas últimas semanas fueron intensas. Física y mentalmente me sentí a prueba.Hicimos 16 kms subiendo escaleras interminables, caminando entre raíces, piedras y lagos en el Parque Nacional Huerquehue, en Pucón Chile. El trayecto era tan sinuoso y en altura que lo hicimos en 5 horas de ida y otras 6 al regreso. Lo mismo sucedió en el Valle de La Luna cuando alquilamos unas bicis y salimos desde el pueblito de San Pedro de Atacama, al norte de Chile, andando unos 32 kms.

El esfuerzo fue tremendo, el cansancio extremo, sin embargo vimos los paisajes más increíbles y nos internamos en lugares de no tiempo. Conocimos santuarios donde la naturaleza manda y se agiganta con árboles milenarios, en bosques muy densos. Visitamos desiertos de sal, donde la aridez era tan grande que escuchamos el crujir del suelo y las rocas que se iban partiendo.

Todo esto me hizo pensar que a veces sucede algo similar en nuestro día a día, pero hemos perdido la magia del contacto con nuestros cuerpos. Nuestra lucha es mental y no tiene tregua. Vamos saltando de tema en tema, de personas, de lugares, y como vivimos inmersos en la tecnología – muchos de nosotros- nos olvidamos del límite que impone el cuerpo y el contexto.

Al terminar el viaje, me pregunté una y otra vez, ¿cómo sería nuestra vida si aprendiéramos a perseverar en nuestros objetivos hasta el final? Qué sucedería si la única salida fuera llegar a la meta, más allá del cansancio, del dolor, o del agobio.

La perseverancia es clave si queremos aprender, y tener nuevas experiencias. El contacto con la tierra nos muestra que la mente es necesaria para tomar decisiones razonadas, pero que el cuerpo juega un rol fundamental para equilibrarnos y sentirnos plenos.

 

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