Río revuelto

Río revuelto

Los primeros doce meses de Mauricio Macri en el poder pueden resumirse en innumerables postales, según quien sea el observador, el lugar y el momento. Una imagen de los últimos días, puede ser la de miles de misioneros cruzando la frontera buscando precios más bajos en Paraguay o Brasil, mientras el centro posadeño lucía desolado y con más de 200 comercios cerrados en el año.

Otra puede apreciarse en la disputa en el Congreso por el impuesto a las Ganancias, que la oposición decidió modificar. La reforma provocó el enojo del Presidente que rompió los manuales de convivencia con su principal aliado, Sergio Massa. El tigrense fue acusado de “impostor” por el Presidente, después de haberlo paseado por Davos como el “futuro jefe del peronismo” responsable.

Ambas postales son trascendentes porque hacen a la política económica. La primera es la consecuencia directa de las decisiones tomadas. La segunda, de una de las promesas anotadas en el debe. Una obedece a la economía que ha mostrado una muy floja perfomance en casi todos los indicadores durante el primer año de gestión. Crecieron la pobreza, el desempleo y se favoreció la especulación financiera, a la par de una enorme emisión de deuda a la que todavía no se le acaba el carretel por el proceso de desendeudamiento que recibió como herencia.

Los primeros gestos del Gobierno fueron eliminar retenciones a las exportaciones, a las mineras, pagar cash a los Fondos Buitres y aplicar tarifazos energéticos de sinceramiento, lo que aplastó el consumo y alentó la especulación financiera. Todos los indicadores sociales y económicos están hoy peor que hace un año atrás, incluidos la inflación –se duplicó en relación con el año pasado y llega al 43 por ciento interanual- y el déficit fiscal, apuntado como el problema fundamental de la herencia. Mientras, se esperaba la lluvia de inversiones al segundo semestre, que ahora se corrió a un improbable período dentro de 2017. El desfinanciamiento del Estado fue autoprovocado y aumentó del 4,1 al 4,7 por ciento del PBI. La economía no  mejoró por la retracción del Estado, sino que se calcula una caída del 3,7 por ciento, cuando el año pasado el crecimiento fue del 2,1 por ciento según los datos admitidos por el renovado Indec. El consumo cayó, depende del sector, entre 8 y 15 por ciento. Los brotes verdes se marchitaron apenas después de asomar.

Pero si la economía no funcionaba, la política venía a salvar los papeles. Durante todo el año la oposición fue la garantía de la gobernabilidad, pese a convicciones y aspiraciones políticas individuales de mediano plazo. Recién sobre el final del año la oposición comenzó a mostrar los dientes, rechazando la reforma política y dio el zarpazo, vaya paradoja, avanzando en una de las principales promesas de campaña del propio Macri. El Presidente sumó votos prometiendo la eliminación del impuesto a las Ganancias y Daniel Scioli los perdió por la ambigüedad del kirchnerismo en su tratamiento. Macri no sólo no cumplió con su promesa, sino que más trabajadores empezaron a pagar y medio millón más lo hará si prospera el proyecto de Cambiemos sobre el tributo. Es decir, todo lo contrario a lo prometido.

La reforma de Ganancias, un impuesto injusto, pero que no forma parte del principal problema laboral de la Argentina, se trató de una derrota emblemática para la alianza gobernante. Macri había convocado a sesiones extraordinarias en el Congreso para tratar su propio proyecto, confiando en que la oposición seguiría siendo condescendiente.  Consiguió apenas 84 votos sobre 257 posibles y generó la unidad de todo el arco opositor, con un inusitado protagonismo del ex ministro de Economía, Axel Kicillof, disputando cámara con el propio Massa.

La errónea lectura de Macri puede anotarse en la lista de hechos extraños de la política en 2016. Hubo grandes fracasos en todo el mundo. El Bréxit inglés, convocado por el premier David Cameron, el referéndum por la Paz en Colombia, la entronización de Donald Trump contra todas las encuestas y ahora Matteo Renzi, obligado a renunciar en Italia tras el fallido intento de reforma constitucional.

Ganancias es una disputa en la que todos pierden. Macri puede vetar la reforma si avanza tal como salió de Diputados. Pero será una situación inédita. Un Presidente que veta su propia promesa después de convocar a sesiones extraordinarias para tratarla. Enojará a su propia base electoral.

En la economía, cada decisión implica que unos ganan y otros pierden. La quita de retenciones significó una caída de la recaudación cercana a los 70 mil millones de pesos. El costo fiscal de Ganancias es de 40 mil millones. Hoy el Gobierno dice que no puede costear Ganancias por el “problema fiscal” y advierte que la unión opositora frenará la “llegada de inversiones”, que de todos modos, no se hicieron ver en los primeros doce meses de gestión.

Si se aprueba la reforma tal como salió de Diputados, las Provincias perderían miles de millones de pesos de coparticipación. Las estimaciones indican que Misiones cedería –otra vez- unos 1.500 millones de pesos al año. “Estamos discutiendo un problema de porteños”, definió el diputado nacional Jorge Franco. Es que el impuesto se cobra mayoritariamente en la pampa húmeda argentina. En Misiones menos del 20 por ciento de los trabajadores abona Ganancias por la sencilla razón de que los sueldos son mucho más bajos que el promedio (en noviembre 7030 docentes pagaron Ganancias, el sector que tiene más contribuyentes de un total de 28098 personas, lo que hace un 25 por ciento). Una salida elegante, propuesta por Franco, fue coparticipar un tres por ciento de la futura deuda que tome el Gobierno nacional, pero su propuesta fue desoída.

Ante este escenario, el gobernador Hugo Passalacqua comprometió a los senadores a no acompañar la iniciativa opositora. El proyecto de Cambiemos, que había sido analizado en el Consejo Federal de Responsabilidad Fiscal, conformado por los ministros de Economía de todo el país, proyectaba una pérdida “manejable” para las provincias, en la que Misiones resignaría entre 20 y 50 millones mensuales.

“Lamentaríamos mucho se apruebe el proyecto. Será una ley injusta para Misiones”, aseguró Passalacqua. Para el Gobernador, el impuesto debe ser revisado pero “con serenidad”.

“Significará sacrificar más de 1500 millones de pesos al año. Esto es: menos escuelas, caminos, salarios, hospitales, etc. Las provincias merecemos un trato respetuoso. No somos un accidente geográfico, somos personas”, insistió el mandatario.

El presidente de la Legislatura, Carlos Rovira también deslizó un mensaje en la misma línea: “Los cuerpos legislativos no gobiernan, gobierna el pueblo a través de sus gobernantes elegidos”. En medio de la discusión por Ganancias, la frase puede leerse como un mensaje para los legisladores, pero al mismo  tiempo, deja entrever que, en definitiva, es el que gobierna quien debe hacerse cargo de la consecuencia de sus decisiones.

Sea como fuere, la política quedó entrampada en un problema que no es central en el mercado laboral. Ganancias es la preocupación de la mayoría de los trabajadores, angustiados sí por sostener su empleo y que el sueldo al menos empate con la inflación. A los más de 150 mil puestos de trabajo perdidos, se agrega una alarmante suba de la subocupación, entre quienes trabajan en la informalidad o suman un trabajo “extra” para poder llegar a fin de mes.

El Gobierno deberá también recomponer la relación con el sector de la oposición que le era más complaciente. Sobre todo con Massa, quien le garantizaba votos sensibles a la hora de aprobar las leyes que quería en el Congreso. “Yo apuesto a que la gente aprenda a ser confiable, es muy importante. Esto lo tienen que entender Massa y todos los dirigentes. La Argentina tuvo muchas décadas de gente que manipuló y trató de disfrazar las cosas y a la larga cuando uno es un impostor sale a la luz”, disparó Macri sobre la relación ¿rota? su rival más cercano. “Si no tenemos caminos, puertos, ferrocarriles, educación de calidad, entonces no vamos a crecer”, afirmó Macri antes de mimetizar a Massa con el kirchnerismo: “Aunque se haya querido ocultar de la foto, sabemos que son lo mismo”. ¿Lo sabía cuando le servía?

Pese a los últimos traspiés, Macri conserva el respaldo de sus votantes. Un 30 por ciento promedio según diversas encuestas, avala su gestión, con una aprobación “total” cercana al 20. En cambio, quienes desaprueban totalmente su gestión, alcanzan al 34,3 por ciento de los encuestados por el consultor Gustavo Córdoba.

Según el sondeo, el principal problema del país es la corrupción, seguido por la pobreza con 15,9 por ciento, la educación, con 15,6 por ciento y el desempleo, con 15,5. La inflación quedó lejos entre las preocupaciones, con un 11,1 por ciento. ¿Quién es el responsable por todo lo que Macri no pudo hacer?, pregunta Córdoba. El 43 por ciento cree que el propio Macri, el 26,9 culpa a la oposición y un 20,9 por ciento sostiene que está “mal asesorado”.

Los problemas de la gestión, como un espejo, se reflejan en las provincias. Misiones no pudo escapar a esa lógica y solo gracias a un enorme esfuerzo financiero y a las cuentas ordenadas, no corrió la misma suerte que la gran mayoría de los demás Estados, que volvieron a la rueda del endeudamiento y el ajuste financiero.

Sin embargo, la actividad económica se resintió, hubo una fuerte contracción en la obra pública, con miles de obreros sin trabajo. Las asimetrías se hicieron sentir durante todo el año y la reinstauración del ITC diferenciado para los combustibles quedó en promesa, mientras que los comerciantes sufren la sangría diaria hacia Encarnación, una ciudad que florece regada por dinero argentino. En lo que va del año, por Posadas cruzaron más de diez millones de personas, superando el promedio del año pasado. También fue afectada la industria forestal y el turismo recién sobre el fin de año pudo respirar un poco.

Fue el Estado presente el que logró mitigar los daños. El misionerismo como concepto político se mostró con claridad durante el primer año con una gestión nacional diferente. La estrategia fue apoyar la gobernabilidad nacional y a través de ello, potenciar la gestión en beneficio de la Provincia. Gracias a eso, el golpe no fue peor y se llega a un fin de año con una calma que envidian otros gobernadores.

Hace más de un mes, el gobernador Hugo Passalacqua reflejo esa previsibilidad al anunciar que Misiones iba a pagar un bono para los empleados estatales de casi 2000 pesos. Esta semana se confirmó el cronograma para llegar a un fin de año con una fuerte inyección de recursos en el circuito económico. El 15 se pagará el aguinaldo, el 22 el bono navideño y el Fondo de Incentivo Docente y el 29 el sueldo. En total, son más de 2.300 millones de pesos los que el Estado volcará a la economía, que se combinan con el programa para financiar compras a través de las tarjetas de crédito, con lo que se espera activar ventas por 120 millones de pesos. Todo esto no hubiera sido posible sin una política fiscal que se ha mantenido firme en el tiempo y un adecuado manejo de los recursos.

A diferencia de la Nación, la política local trascurre senderos de tranquilidad. El presidente de la Legislatura, Carlos Rovira, después de ser reelegido al frente del Parlamento con un enorme respaldo de la oposición, indicó que en Misiones se da una “construcción colectiva donde las minorías han aportado a un proceso colectivo, que es claramente mejor en esta trayectoria democrática a la de los años anteriores”.

Rovira fue reelecto con el voto de todos los sectores políticos, con excepción del radicalismo, enceguecido en una cruzada casi personal. Fueron varios los argumentos que demolieron los de la UCR. El diputado Gustavo González expuso la idea de la “abstención” y aseguró que no se trataba de cuestiones personales. Pero acto seguido se quejó porque “proyectos que en forma personal” consideraban interesantes, fueron rechazados.

Fue un radical expulsado, Hugo Escalada, el primero en advertir que la “antipolítica socava la democracia”. “Abstenerse es la nada misma cuando la gente espera definiciones en momentos de incertidumbre. La política es competencia y en una competencia pedirle al que va ganando que levante la patita no es conducente. ¿Se imaginan pedirle a Fangio que no gane? Uno debe analizar por qué gana a diario. No se puede pedir al ser humano que deje de liderar. Es la esencia del ser humano”, advirtió.

Martín Sereno fue al hueso. Cuestionó a los radicales que se quejaron por la falta de diálogo y recordó que “el 64 por ciento de los proyectos aprobados” fueron presentados por la oposición. “Este partido que se queja de la falta de diálogo político apoya al gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, que tiene a Milagro Sala como presa política. Le envían su apoyo cuando organismos internacionales advierten de esa injusticia, lo que desnuda su doble moral”.

La postura radical profundizó la evidente grieta con el PRO. “Es pensar con la cabeza vieja”, cuestionó sin tapujos el diputado Alfredo Schiavoni, ratificado como vicepresidente segundo de la Legislatura. Las diferencias son cada vez más profundas en la alianza opositora. Tanto que dificultan la propia estrategia política de cara a las legislativas.



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