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Industria forestal: Corrientes y un modelo fiscal que no sirvió para alcanzar el desarrollo de Misiones

Hace casi dos décadas caía la convertibilidad y una megadevaluación le daba a la forestoindustria una inyección de competitividad largamente esperada. Los opositores al modelo fiscal de Misiones comenzaron a pronosticar un éxodo de aserraderos desde la tierra colorada hacia Corrientes. Lejos de cumplirse ese vaticinio, 20 años después la forestoindustria de Misiones duplica a su vecina en cantidad de aserraderos y la triplica en trabajadores registrados, además de ser la única de la región que cuenta con plantas celulósicas.

industria forestal

Los reclamos de parte del empresariado del sector forestal por la aplicación por parte de Misiones de una tasa que grava el ingreso de materia prima a la provincia revivió el debate en torno a los modelos fiscales que aplican ambas provincias.

 

 

Para promocionar la instalación de nuevas industrias, Corrientes aplica lo que en economía se conoce como beggar my neighbour (algo así como mendigando a mi vecino), una política que procura ofrecer ventajas, en este caso impositivas, a inversores que están instalados o podrían instalarse en jurisdicciones vecinas.

 

Con condiciones climáticas parecidas a las de Misiones (óptimas para el cultivo forestal), Corrientes procura imitar el desarrollo industrial que logró su vecina en materia de transformación de la madera, pero pese a las ventajas impositivas que ofrece, no ha logrado un grado de industrialización similar al de Misiones.

 

El tema no es nuevo, de hecho cuando la forestoindustria argentina atravesó su mayor boom de los últimos tiempos, en los años posteriores a la salida de la convertibilidad, especialistas y opinólogos habían instalado el temor de un inminente éxodo de aserraderos misioneros que irían a buscar a Corrientes mejores condiciones impositivas.

 

Casi 20 años después, esos pronósticos están lejos de hacerse realidad: según datos del Censo Nacional de Aserraderos realizado en 2015, en Corrientes había 600 industrias relacionadas al sector forestal de las cuales 150 eran aserraderos. El sector daba ese año empleo directo a 3.226 personas.

 

Los datos de Misiones marcan una diferencia significativa: en 2015 había en territorio provincial 825 industrias en funcionamiento -354 aserraderos, más del doble que su vecina- y empleaba a más de 12.400 personas, el cuádruple de Corrientes.

 

Según ese mismo censo, la industria de Corrientes demandó ese año 2,2 millones de metros cúbicos de madera rolliza, mientras que la de Misiones demanda más de 3,7 millones de metros cúbicos de materia prima.

 

A partir de ese último dato se entiende la necesidad de los forestadores correntinos, instalados en una provincia que tiene mayor cantidad de hectáreas implantadas que su vecina, de colocar materia prima en Misiones. El desarrollo industrial con el que contaban los forestadores correntinos todavía no llegó y los rollos hay que colocarlos en algún lado.

 

El problema que enfrentan los correntinos es que la misma política de bajos impuestos con la que pretenden atraer inversiones termina convirtiéndose en una desventaja porque le impide a la provincia contar con los recursos necesarios para desarrollar infraestructura sin la cual cualquier proyecto industrial se vuelve inviable.

 

La industria necesita potencia y la potencia necesita energía. Según datos del mismo relevamiento, la potencia instalada del parque de maquinaria misionero es de más de 107 mil HP mientras que el de Corrientes es de poco más de 32 mil, menos de un tercio.

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