El tano Liberato: ejemplo para refundar empresas en la Argentina

El Tano Liberato nació allá por 1894 en Celenza Valfortore, un pueblito de Foggia. Pasó por las penurias de la guerra y el desastre económico de la posguerra, que lo decidió a buscarse la vida fuera de su país, junto a su mujer Antonia. En ese entonces se perfilaban tres posibles destinos: Estados Unidos, Venezuela, y Argentina.
Eligió este último, al que llegó a amar profundamente. Trabajó primero como empleado del ferrocarril; luego, con mucho esfuerzo, se puso la fábrica textil en donde puso a toda la familia a trabajar y armó su importante Pyme ….
El concepto era ir siempre hacia adelante, expandir las capacidades de la fábrica, lograr un producto cada vez mejor realizando la mayor cantidad productos y subproductos para así  obtener mayor valor agregado en cada uno de los procesos .
Esta historia puede sonar conocida porque hay muchas similares que ocurrieron en aquellos tiempos. Otros se dedicaron a la construcción o a las autopartes. Otros consiguieron un trabajo en el que estuvieron por décadas y en el que se jubilaron. Pudieron construirse sus casas, y pudieron hacer que sus hijos fueran a la universidad, algo que hubiese sido impensable para ellos, en su país de origen.
Estas historias felices de la Argentina próspera y pujante hoy nos suenan casi a cuento de hadas. La misma Europa que estaba devastada por la guerra se convirtió, en cambio, en el destino soñado por miles de argentinos, y Argentina, sin que hubiese ninguna guerra de esas proporciones, perdió impulso y quedó atrapada en el subdesarrollo. Y la consecuencia lógica es que no hay margen para los finales felices.
En la actualidad, sería imposible que un proyecto humilde como el del Tano Liberato pudiese prosperar. Lo matarían con los impuestos y las habilitaciones, le sería imposible importar materias primas, los problemas sindicales bloquearían la productividad y, además de todo, le sería muy difícil competir con las grandes empresas. Sobre todo, a nadie le sería posible hoy pensar en un proyecto verdaderamente a largo plazo, algo a 20 o a 40 años, o incluso para dejarle a las generaciones venideras. La cultura del trabajo y el sacrificio se perdió en un país que no es capaz de dar ninguna esperanza de estabilidad.
En este contexto, no son los que apuestan a los ideales del trabajo los que consiguen ganancias en el largo plazo. De un tiempo a esta parte, las grandes ganancias se encuentran en el corto plazo y en el circuito dudosamente legal de las obras públicas. Entre los empresarios que aparecen ahora involucrados en los casos de corrupción, sin duda muchos vienen de familias emprendedoras, que construyeron sus negocios con esfuerzo. En estas circunstancias, en lugar de ser un eslabón productivo en el país fueron parte de su destrucción.
El empresariado no es una lacra, como se sostiene a veces implícitamente desde ciertos sectores político. Es una pieza fundamental en la construcción del país, siempre que exista la posibilidad de competir eficiente y honestamente. Pero justamente quienes apuestan por la honestidad y la eficiencia son los más perjudicados por un estado voraz y ávido de impuestos. Hoy las empresas del sector alimenticio, textil, y logístico, por poner algunos ejemplos, son víctimas de ese sistema  que les exige aportar cada vez más y achicar hasta lo imposible sus márgenes de ganancia. Lo que el estado parece no notar es que, sin esos márgenes tampoco hay empresas. Es un ejemplo clarísimo de aquello de “matar a la gallina de los huevos de oro”.
Así, el resultado es que el sistema es más duro con quienes pretenden hacer las cosas bien, y en cambio recompensa a los que tienen menos escrúpulos. En Argentina resulta más difícil actuar por una vía legal que hacerlo ilegalmente. En este contexto, no hay margen para el espíritu emprendedor, ya que el que llega con una idea enseguida se desilusiona por las trabas que le pone el estado, o bien se termina convenciendo de que lo mejor es seguir el camino fácil y hacer negocios con ese mismo estado.
Necesitamos, efectivamente, un empresariado responsable, productivo e innovador. Es un actor fundamental en la creación de una sociedad como las que todos soñamos. Pero mientras el empresariado argentino siga siendo el de los amigos, mientras el sistema siga premiando a los inescrupulosos y expulsando a los emprendedores, ningún proyecto de país con futuro podemos pensar.

(*) Magister en Comunicación y Marketing político Universidad del Salvador.

Postgraduate Business and Management. Universidad de California Ext. Berkeley, EEUU.

Director de Buenos Aires Comunicación, BAC

@ossoreina



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