La web llegó a los conventos y a la vida de claustro

Las monjas de vida contemplativa se valen cada vez más de Facebook. Twitter y WhatsApp. Usan las redes sobre todo para despertar nuevas vocaciones. Dicen que ello no desnaturaliza la contemplación.

Monja, yo…! ¿por qué no? Quizás alguna vez alguien te ha dicho que tú tienes las cualidades para ser monja o quizás tu misma te has planteado de vivir con mayor exigencia tu vida cristiana”. Así arranca el texto de bienvenida que presenta en su página de inicio Quiero ser monja, uno de los tantos sitios de reclutamiento de novicias que encontró en la web un campo fértil para atraer a quienes tienen vocación religiosa.

Fuera del prejuicio común, que llevaría a pensar a priori en una incompatibilidad entre tecnología y vida de claustro, las congregaciones religiosas de mujeres -aún las más reconcentradas en una vida contemplativa que privilegie el silencio y la oración-, se valen cada vez más de las redes sociales.

Las monjas encontraron en la virtualidad un puente de acercamiento con la evolución del mundo que las circunda. Y también una manera efectiva de estimular las vocaciones que el día de mañana podrían asegurar la subsistencia misma de las órdenes claustrales. Esto explica que sean cada vez más visibles en Facebook, Twitter, WhatsApp y otros medios.

“El universo de las monjas contemplativas es variado e interesante. Lo que hace la diferencia son las personas y, sobre todo, la abadesa de cada clausura”, dijo al sitio Vatican Insider la teóloga y biblista Marinella Perroni, que enseña Nuevo Testamento en el Pontificio Ateneo San Anselmo de Roma.

“La TV e internet en los monasterios son signos positivos, que pueden convertirse en algo normal en las celdas de las monjas, como el reloj”, considera Perroni.

Se calcula que existen hoy unas 38 mil monjas de clausura. Las más jóvenes todavía son las menos. Las familias religiosas más numerosas son las carmelitas, las clarisas, las agustinianas, las dominicas, las benedictinas, las terapistas y las capuchinas. Como cada cual maneja sus propias reglas de conducta, no hay criterio unificado acerca del uso de computadoras.

Giuseppe Roma, director general de la fundación Censis, considera que las monjas también son permeables a las innovaciones. Comparte una mirada positiva sobre la incidencia de la virtualidad: “Ésta se integra con la contemplación, enriqueciéndola en lugar de desnaturalizarla”. Tampoco avizora el peligro de la dependencia que las redes sociales crean en una sociedad secularizada al máximo, “gracias a una serie de filtros de comportamiento”, aclara.

“Las instituciones religiosas deben aprender mercadotecnia”, sugiere la ex monja y actual reclutadora Noemí Saiz, creadora de la web Busco algo más, a través de la que se buscan religiosas. Eso explica el interés manifiesto sobre optimización en motores de búsqueda, para procesar solicitudes del tipo “Cómo convertirse en monja”

Pionero de conventos informatizados, el de las Carmelitas descalzas de Valladolid pidió luz verde a Roma en 2012 para usar la web para reclutar. Desde entonces, creció de 18 a 30 monjas, cuya edad en promedio cayó a 35 años. Ahora, su página web cuenta con más de 200 mil visitas.

Dos datos se inscriben en este cambio de época: en España, una madre culpó a Facebook por el ingreso de su hija al convento. Como no podía ser de otra manera, las monjas hicieron su “descargo” por la misma red.



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