Chamamé crudo y sofisticado


El camino artístico de algunos músicos se desarrolla con la alternancia de búsquedas estéticas, evolución o maduración de ideas y nuevas búsquedas en otras direcciones o sentidos.

 

La discografía del acordeonista misionero Chango Spasiuk es un catálogo que refleja ese camino. Desde la conformación de su octeto, ya hace más de una década, mostró un viraje de lo eléctrico a una reelaboración acústica de su sonido. Fue un cambio firme en la decisión y gradual en su desarrollo.

 

Si todo fuera tan lineal en la vida se podría decir que la actuación que dio el 6 de octubre del año pasado en el Teatro Colón, con su sexteto y con las cuerdas de la orquesta Estación Buenos Aires fue la consagración de aquello. Sobre todo por eso de que la llegada al Teatro Colón es definida como una cúspide para la música popular.

 

Seguramente no se trata de esto. Aquel concierto que ahora aparece publicado en CD y DVD como Tierra colorada en el Teatro Colón-Chango Spasiuk en concierto no es consagratorio, sino la confirmación, para sí mismo, de que el camino que había tomado hacía tiempo atrás era el correcto.

 

El programa de obras que interpretó y grabó puede ser leído como un resumen de su carrera, con especial énfasis en la Suite del Nordeste, que es también una selección meticulosa de su historia con temas que le pertenecen (“Misiones”, “Chamamé crudo” o “Mejillas coloradas”) y otros que no (“Alvear orilla” y “Estancia Santa María”), más cuatro obras breves que escribió especialmente con la idea de trabajarlas a la usanza de las formas académicas.

 

El chamamé no tiene una historia orquestal sólida como para buscar información al momento de armar un arreglo o de interpretarlo. Y también es sabido que los músicos académicos acostumbrados al repertorio clásico no son los que mejor se acomodan al swing tan especial de esta música litoraleña ni a la polimetría que le da un condimento extra. En algunas ocasiones (en unas pocas), eso se nota en este disco. Pero la mayoría de las veces los músicos saben meterse dentro de un tejido generalmente armado a partir de armonías y contratemas bordados sobre las melodías. Todo eso suena con el plus que le da el concertino Rafael Gintoli, un violinista de tradición clásica que entiende muy bien el lenguaje tanguero y que ahora (en realidad, desde ya hace unos años) se ha sumergido en las aguas del Litoral. Supo navegar con corriente en contra y a favor, con momentos para el tempo adagio y otros para levantar “polvadera”.

 

El conjunto de Spasiuk hizo ni más ni menos lo que sabe: tocar magníficamente esa mezcla tan bien depurada de refinamento y enérgica incorrección, de aggiornamiento y simpleza. Porque en medio de los arreglos que con buen criterio escribió Popi Spatocco para la cuerda y de la energía del sexteto de Chango, lo que queda permanentemente subrayado es la simpleza de una melodía. De cada melodía.

 

En el DVD se escucha a Chango decir: “Si hubiese llegado la invitación para tocar en el Colón hace diez años atrás, no hubiese sido un buen momento. Creo que éste es el momento”. La confirmación de que lo es (de que lo fue, en octubre del año pasado) se la dio este concierto. (Fuente: La Nación)



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