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Reflexión dominical del pastor Guillermo Decena

El tema de hoy es “El peligro de La Soberbia”. Genéricamente la soberbia se define como la sobrevaloración del YO y el orgullo incita a la persona a creerse demasiado, creyéndose capaz de hacer cualquier cosa por encima de los demás e incluso de sus propias capacidades y circunstancias. Hay 3 cosas que vamos a analizar de la persona soberbia.

Proverbios 16:18-19, “… Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu…”

Hay una historia que ilustra muy bien la soberbia: esta dice que dos gallos peleaban por la preferencia de las gallinas; y al fin uno puso en fuga al otro. Resignadamente se retiró el vencido a un matorral, ocultándose allí. En cambio el vencedor orgulloso se subió a una pared bien alta, haciendo alarde de su victoria, poniéndose a cantar con gran estruendo, para hacerse ver con las gallinas y  humillar al otro gallo. Pero esto no tardó en llamar la atención a un águila que se abalanzó sobre él tomándolo con sus potentes garras y lo raptó. Y desde entonces el gallo que había perdido la riña se quedó con todo el gallinero.

Así es quien hace alarde de sus propios éxitos, no tarda en aparecerle alguien que se los arrebate.

Genéricamente la soberbia se define como la sobrevaloración del YO respecto de otros. El orgullo incita a la persona a valorarse demasiado, creyéndose capaz de hacer cualquier cosa por encima de los demás e incluso de sus propias capacidades, y de las circunstancias

 

Tres cosas se ven en la persona soberbia

1) Sensación de ser intocables.

El libro de Jeremías dice: «Tu arrogancia te engañó, y la soberbia de tu corazón. Tú que habitas en cavernas de peñas, que tienes la altura del monte, aunque alces como águila tu nido, de allí te haré descender, dice Jehová» (Jer. 49:16) Y luego Abdías refiere la misma profecía, pero esta vez acompañada por una pregunta arrogante, así dice: «La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿Quién me derribará a tierra?» (Abdías 3) Ambos  profetas, quienes fueron testigos de las inclemencias del cauterio y escucharon  la forma cómo esta nación trató a Israel mientras ellos sufrían,  presentan a una nación engañada por su propia soberbia. La soberbia y la arrogancia de Edom hacia Israel venían desde mucho antes. Ellos tenían un fuerte parentesco con Israel pues los mismos son descendiente de Esaú, el gemelo con Jacob. Esaú asomó su soberbia y arrogancia cuando no le importó vender su primogenitura por un plato de lentejas. Desde allí venía la pugna con Israel.  Así, la pregunta «¿quién me derribará a tierra?» pudiera, desde el punto de vista humano, decir ¡nadie! Por supuesto que ellos hablaban basados en su propia fuerza y en desprecio del poder divino. Sencillamente creían que no existía poder en la tierra que pudiera dominarlos. Ellos mantenían la misma arrogancia frente al pueblo de Dios y frente a Dios mismo. Pero ya Dios había dado su respuesta. Él había determinado la destrucción de esta nación. Llega a ser muy puntual la forma cómo Dios revela el castigo de su arrogancia; se ve en los versículos 1b, 2, 4b, 9. La arrogancia no permanece para siempre. Los hombres que hoy se consideran fortalezas inquebrantables, quienes manifiestan que por arriba de ellos no hay nadie… llegan  a ser reducidos a «escombros» cuando las circunstancias vienen con el propósito de doblegar su altivez. Nadie puede permanecer de pie por mucho tiempo delante de Dios sin que tenga que postrarse, aunque sea demasiado tarde.

 

2) Deseo de ocupar lugares que no le corresponden.

Esta fue la actitud de aquel «querubín protector» de donde se cree vino Satanás. Su arrogancia lo llevó primero a exaltar su propio yo y luego sobre esa base construir su propio imperio.

De esto dijo el profeta Isaías: «Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi  trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo» (Isaías 14:13, 14).

Lo demás forma parte de la historia de su caída. El que llegó a ser considerado como una obra de perfección divina, y luego cayó tan bajo que ahora es la peor representación del mal que se conozca. La soberbia no prevalecerá por siempre.

El profeta Abdías denunció la actitud prepotente y confiada de los habitantes de Edom. Basaban su confianza en escudos materiales. Vivían en «altísima morada». Allí sólo podían llegar las águilas, de acuerdo a lo que ellos creían. Edom estimaba que con semejantes escudos materiales vivirían protegidos por siempre. Nada ni nadie podía atacarles.

Este es otro de los grandes engaños del pecado de la soberbia. Pensemos por un instante en aquel boxeador que extraordinario en su categoría, Clasius Clay o después llamado Mohamed Alí. Decía soy el mejor… soy el mas grande… y cuando se lo ve ahora debería hacernos reflexionar…. Por supuesto que nadie espera que todos los hombres lleguen a esta condición para reconocer su necesidad de salvación, pero lo cierto es que la soberbia es peligrosa porque trae quebrantamiento y caída y no permanecerá para siempre. Fue por eso que Dios exaltó a su Hijo “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda la lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de  Dios Padre” (Filipenses 2:10 y 11) .

 

3) No reconocer que Dios es el que da dones a los hombres.

Después de la construcción del Titanic, un reportero le preguntó cuan seguro sería.

Con un tono irónico él dijo: ‘Ni Dios podrá hundirlo’ y el resultado, usted y todos saben lo que le pasó al Titánic.

Nabucodonosor fue uno de los más  grandes y poderosos reyes que ha tenido el mundo. El profeta Daniel lo calificó así: “Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad. Y donde quiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado el dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro” (Daniel. 2:37, 38)  Pero este hombre fue engañado por su soberbia y arrogancia y Dios lo quebrantó hasta el punto de haber llegado a ser el único hombre en el mundo que fue convertido a algo parecido a un animal, porque llegó al punto de comer y vivir como una bestia. Un día cuando se paseaba por el palacio y veía su excelso poder, dijo: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder?” Daniel 4:30. Y mientras él hablaba vino la sentencia, y “en la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves” Daniel 4:33.

El engaño de la soberbia conduce a los hombres a este tipo de final. De allí que sea bueno aplicar lo que David recomendó después de haberle fallado a su Dios; él dijo que “al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Sal. 51:17).

La humildad  y la mansedumbre son el antídoto contra la soberbia… Salmo 138:6 “Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, más al altivo mira de lejos”.

Y una de las frases actuales más conocidas de  Mohamed Alí o “el más grande” como se llamaba él, dice: Lo más importante de mi vida es lograr la paz. Dios me dio esta enfermedad (Parkinson) para demostrarme que soy un hombre frágil como cualquiera.

 

Pastor Guillermo Decena.  Centro Familiar Cristiano Eldorado.

Prédicas en vivo, todos los miércoles 20 hrs. en www.centrofamiliarcristianoweb.org

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