La OIT advierte una tendencia de crecimiento en la precarización laboral en países de América Latina

Las tendencias para el 2018 y 2019 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) prevén un incremento de la desocupación y precarización laboral en los países de la región, especialmente en aquellos con un fuerte nivel de endeudamiento, como la Argentina, según un análisis publicado en la Agencia de Información del Mercosur (AIM), por Valetín Ibarra.

En el informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo (Ginebra, 2018), el organismo que cumplirá un siglo en 2.019, enfatiza en que si bien la producción global crece a un ritmo del 3.5 por ciento, entre los países denominados emergentes, crece también, el empleo no formal y vulnerable es decir: precario, “puesto que la mejora del empleo se prevé será módica, es probable que en los próximos años aumente el número de trabajadores en formas de empleo vulnerable (trabajadores por cuenta propia y trabajadores familiares auxiliares). A nivel mundial, el avance significativo logrado en el pasado en la reducción de este tipo de empleo está prácticamente estancado desde 2012. En 2017, se calcula que alrededor del 42 por ciento de los trabajadores en el mundo (esto es, 1400 millones de personas) se encuentra en modalidades de empleo vulnerable; se prevé que este porcentaje permanezca especialmente elevado en los países en desarrollo y emergentes, donde superaría el 76 por ciento y el 46 por ciento respectivamente. Es preocupante que la proyección actual indique una reversión de la tendencia, con un aumento anual de 17 millones de personas en empleos vulnerables en 2018 y 2019.”

Lo que la OIT llama empleo vulnerable –empleo precario y desprotegido– marca una cifra alarmante: 42% de los trabajadores del mundo, es decir, entre 1.400 y 1.500 millones de trabajadores. Este porcentaje se mantiene, con mínimas alteraciones, desde 2012 y es probable que continúe así en el futuro inmediato.

Del mismo modo, el documento pone atención en la disparidad de género, ya que como sabemos, “las mujeres tienen menos probabilidades de participar en el mercado de trabajo; a nivel mundial, sufren un déficit de participación de más de 26 puntos porcentuales respecto de los hombres”.

En relación al acceso al mercado laboral, los más jóvenes (personas menores de 25 años) oscilan en una tasa del 13 por ciento, casi 3 veces más elevada que la de los mayores a este rango etario. Y, por si algo faltara al panorama planteado por el organismo, la presión sobre los servicios de la seguridad social aumentará en los próximos años, “el aumento de la esperanza de vida y la caída de las tasas de natalidad han desacelerado considerablemente el crecimiento de la población mundial; se prevé que esta trayectoria continúe en los próximos decenios. Una consecuencia inmediata de esta desaceleración es que el crecimiento de la fuerza de trabajo mundial no alcanzará para compensar una reserva de jubilados en rápido aumento, y someterá a presión tanto a los sistemas de pensiones como al mercado de trabajo en su conjunto (…) Mientras tanto, el envejecimiento de la población inevitablemente provocará un aumento de la edad promedio de quienes integran la población activa, y pondrá en jaque la capacidad de los trabajadores para mantenerse al ritmo de las innovaciones y los cambios estructurales en el mercado de trabajo”, asimismo el 57 por ciento de los trabajadores argentinos no participan del Sistema de Seguridad Social o lo hacen de manera discontinuada.

El escenario proyectado para América Latina y el Caribe

El porcentaje de trabajadores en empleos vulnerables aumentó considerablemente en los últimos cinco años como consecuencia de la fuerte recesión en la región y del giro neoliberal que se experimentó desde 2015, “además, la incidencia de la informalidad en la región sigue siendo generalizada y es una de las más elevadas del mundo (…) ello apunta a la necesidad de medidas diferenciadas centradas en fomentar la formalización tanto de las empresas informales como de quienes trabajan de modo informal en empresas formales. Cabe afirmar que la reducción de la informalidad es una de las vías con más posibilidades de erradicar la pobreza laboral extrema y moderada, que sigue afectando a más del 8 por ciento de los trabajadores de la región”. Uno de los principales obstáculos que se observa en la Argentina, es que el 40 por ciento de los trabajadores no completó sus estudios secundarios, de lo que se desprende que el bajo nivel educativo se encuentra asociado (en forma inversa) con la calidad del empleo.

Los datos vertidos en el documento se suman a los recogidos, recientemente, por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) quienes advierten escenarios similares, en los que los sectores mas vulnerables enfrentarían tiempos adversos, esto se traduce como una desigualdad social elevada y de carácter estructural, “para enfrentar los desafíos y seguir avanzando en el desarrollo social de la región y, en particular, en la superación de la pobreza, la indigencia y la vulnerabilidad, es fundamental hacer frente a los altos niveles de desigualdad que caracterizan a las sociedades latinoamericanas, generados, en gran medida, por la heterogeneidad estructural que caracteriza a sus economías. Para eso es necesario reconocer y profundizar el diagnóstico y la caracterización de la matriz de la desigualdad social en la región e incorporar ese análisis, en forma estructurante, al diseño, la implementación, el monitoreo y la evaluación de las políticas públicas” (Cepal 2016), en la Argentina, donde más de un 20 por ciento de la Población Económicamente Activa (Pea) se encuentra actualmente subempleada, es decir: realizando changas, en trabajos temporarios o por cuenta propia, focalizados en pequeños “emprendimientos” de subsistencia, “entre los trabajadores no asalariados se observa un núcleo duro de precariedad laboral compuesto por trabajadores que desarrollan actividades en el sector informal y que poseen el secundario incompleto” (UCA, 2017).

 

 

 

 

 

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