La bizarra historia del argentino acusado sin pruebas por un asesinato en Brasil

La bizarra historia del argentino acusado sin pruebas por un asesinato en Brasil

La Justicia brasileña busca extraditar a Juan Pablo Favilla, condenado en ausencia por una muerte ocurrida hace 18 años en un hotel de Florianópolis. Hoy está preso en Ezeiza. El crimen ocurrió mientras estaba en Argentina: hay varias pruebas que lo desvinculan.

Juan Pablo Favilla espera  una respuesta sentado en un lugar incómodo: la cárcel de Ezeiza. Lo cierto es que, en cierta forma, espera esa respuesta hace casi veinte años.

En 1997, Favilla, porteño, hoy de 44 años, cobró el dinero de un juicio laboral y decidió irse del país para radicarse en Brasil. Consiguió empleo primero como recepcionista en un hotel de Florianópolis, estado de Santa Catarina. Luego, pasó a trabajar en otro hotel en la ciudad, el Ponta das Canas. Renunció a su puesto el 15 de febrero de 1999 para regresar a Buenos Aires y estudiar administración hotelera. Dos ladrones entraron a robar al Ponta das Canas el martes 26 de octubre de ese año; un empleado terminó muerto a balazos.

Dos testigos en la sala de espera del hotel al momento del hecho aseguraron que los criminales que ingresaron “hablaban español”. Uno de ellos luego señaló a Favilla, no en una rueda de reconocimiento, sino por una foto que le mostró la Policía brasileña. Así, Favilla fue condenado en ausencia por el Tribunal de Justicia del Estado de Santa Catarina, solo con esa pieza de supuesta evidencia.

Lo cierto es que, cuando ocurrió el crimen, Favilla no estaba en Florianópolis, sino en Argentina. Había viajado a Brasil a comienzos de octubre para visitar a su novia y luego volvió. Para cuando ocurrió el crimen ya estaba de vuelta en el país. Así, con la condena brasileña en el sistema judicial, se activó una burocracia judicial, por definirla de alguna forma, kafkiana.

Un pedido de arresto provisorio fue la primera medida; llegó un año después del crimen al Juzgado Federal N°1 a cargo de la doctora María Romilda Servini. Interpol emitió alertas en contra de Favilla. Brasil reactivó su circular de captura en 2016, lo que llevó a su nuevo arresto; fue esposado en la puerta de su trabajo, las oficinas de Aeropuertos Argentinas 2000, donde se encarga de administrar temas referentes a la facturación de diversas líneas aéreas. Es, en rigor, su segunda detención. Ya había estado preso por poco tiempo en 1999.

 
Mientras tanto, en toda esta reactivación, la Justicia en Santa Catarina no tenía nuevas pruebas en su contra, algo que, según tratados bilaterales, habilitaría la actual detención. Solo estaba la vieja condena. Para colmo, el supuesto cómplice de Favilla en el asesinato del hotel Ponta das Canas había muerto en un tiroteo años atrás. Lo único que había era un dedo sobre una foto.

Hoy pasado el mediodía en Comodoro Py, el defensor de Favilla, el doctor Gastón Marano, se presentará en audiencia ante la Sala I de la Cámara Federal para intentar obtener su libertad. Marano es quizás uno de los abogados más experimentados en derecho internacional en la Argentina, con actuación en más de cien casos de extradiciones como asesor a nivel local del State Department de los Estados Unidos. Marano asegura a Infobae que, para empezar, Favilla por ley debería estar libre.

Marano argumenta: “La detención actual de Favila es arbitraria. Es cierto que sea totalmente ajeno al homicidio que se le imputa, pero esa no es la causa de la arbitrariedad de su detención. La causa radica en que ha sido arrestado provisoriamente con fines de extradición por segunda vez (la primera fue en 1999), habiendo estado detenido 45 días la primera vez, que es el máximo plazo por el cual una persona puede estar privada de su libertad provisoriamente y antes de que llegue la requisitoria formal de extradición, en los términos del Tratado vigente entre Argentina y Brasil”.

“En definitiva, el arresto es ilegal y arbitrario porque contradice al derecho aplicable. Cada día de su reciente encarcelamiento es una afrenta a los derechos humanos en general y al derecho internacional público en particular”, asevera el abogado.

Las pruebas para exculpar a Favilla son notables. Todas ellas fueron presentadas en su momento a pedido del Juzgado Federal N°1, el primero en encargarse del intento de extradición. Todas lo ubican a Favilla fuera de Florianópolis el 26 de octubre de 1999.

Favilla cursaba administración hotelera en el Instituto Superior de Enseñanza del Automóvil Club Argentino; el martes 26 de octubre estuvo allí para dar el presente en clases de inglés y psicología, a más de 1700 kilómetros del tiroteo en el Ponta das Canas según un documento entregado por el ACA.

El doctor Jorge Horacio Otaño Piñero, en ese entonces secretario de la Cámara Nacional Electoral, certificó que Favilla votó el domingo 24 en las elecciones nacionales, en una escuela de la calle Gutenberg. El Ministerio del Interior certificó su llegada al país por Paso de los Libres el 12 de septiembre.

Hay quienes esperan a Favilla mientras la Justicia argentina define si es extraditado o no de cara a la evidencia a su favor: son su pareja y la hija de la misma, una joven de 18 años con una discapacidad motriz. Sebastián Favilla, su hermano, asegura: “Demostró pruebas suficientes. Pero no hay juez acá que proceda. En este momento nadie está viendo su inocencia. Están mandando alguien a la cárcel sin antecedentes, que laburó toda su vida, con una familia. En la alcaidía de Tribunales está rodeado de delincuentes que están unos meses presos y salen. Él, que presentó todas las pruebas a su favor, tiene que soportar esta situación”.



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