Máscaras

Escribe Juan Carlos Argüello, Jefe de Redacción de Misiones On Line

Quienes aspiran a gobernar el país necesitan mucho más de los medios que quienes están en el poder. Les es más sencillo mostrarse en cámara con generalidades marcadas por la urgencia del minuto a minuto, que recorrer el país para dar a conocer sus propuestas.
Hay aspirantes como Sergio Massa o los de la Faunen, que se desviven por la televisión, pero esa excesiva exposición no necesariamente redunda en mejores posicionamientos.
Massa cada vez que es entrevistado enumera un glosario de frases políticamente correctas que sirven igual para hablar de la soja, la inseguridad o la economía.
Faunen se destroza en público hasta en el día de su relanzamiento, con desplantes tan escandalosos como las canciones del dúo Pimpinela. Carrió y Pino Solanas exhiben la escasa coherencia ideológica de una alianza que a estas alturas supera a la que terminó en huida por los balcones.
Si no son capaces de ponerse de acuerdo los aliados en plena campaña, ¿cómo garantizan cohesión a la hora de tomar decisiones difíciles?
El radicalismo se fragmenta entre quienes quieren ir a la cola de Mauricio Macri y los que quieren que el partido encabece una coalición de centro.
Como en una telenovela, el enojo de Carrió con Solanas por negar el abrazo a la derecha macrista, dividió a los amigos de la pareja. Unos admiten que los límites ideológicos son difusos y se inclinan por sumar por cualquier flanco, como Losteau o los radicales Gerardo Morales, Cobos y Sanz. Otros, como el socialista Hermes Binner quieren lejos al intendente porteño, aunque esa distancia ideológica no sea demasiado extensa.
“Todavía creemos en la mano invisible del mercado, porque en definitiva el paso de la historia sigue siempre presente como forma de evolucionar y de arreglar las cuestiones”, respondió Binner cuando se le preguntó por la propuesta de reformar la ley de Abastecimiento.
Massa avanzó en la misma dirección que Binner respecto del rol del sector público. “Es tiempo de que el esfuerzo lo haga el Estado para no aumentar la presión y el intento de injerencia sobre la actividad económica”, dijo.
“La Ley de Abastecimiento tiene una serie de errores que pueden producir más daño. No es atacando a pequeñas, medianas y grandes empresas como se va a defender el trabajo en este momento”, definió.
La agenda mediática marca el ritmo de la oposición, mientras que el Gobierno maneja la suya propia.
La insólita (aunque no única ni primera) desviación teórica del candidato socialista, sirve como disparador para describir el escenario actual de la política. Más allá de la danza de nombres, alianzas y rupturas de telenovela, comienza a definirse un escenario sobre el que girará el debate electoral.
El rol del Estado divide las aguas entre quienes quieren volver a una economía liberal y quienes, especialmente en las cercanías del Gobierno, pretenden fortalecer su rol ordenador.
La teoría que defiende con entusiasmo el socialista Hermes Binner pertenece a Adam Smith quien preconizó la autorregulación de los mercados capaces, por si mismos, de brindar con eficiencia y equidad los recursos y el producto de la actividad económica. Su idea, que perfeccionó el “laissez faire, laissez passer “, -dejar hacer-, generalizó la corriente económica que parió al liberalismo hasta evolucionar en el peor de sus rostros, el neoliberalismo de los 90.
Para Smith –y, consiente Binner- existe un orden natural en la economía que exige la no intervención estatal para su desarrollo con eficiencia porque las cosas se van a acomodar conforme a una voluntad o mecanismo superior, omnisciente. Laissez faire et laissez passer, le monde va de lui même; «Dejen hacer, dejen pasar, el mundo va solo”, definió Vincent de Gournay, fisiócrata del siglo XVIII, contra el intervencionismo del gobierno en la economía.
En tiempos del Consenso de Washington, Domingo Cavallo profundizó la idea con la teoría del derrame que fue adoptada fervorosamente en Misiones en los 90: reducción del déficit fiscal, que reduciría el riesgo país, que atraería inversiones, que generarían reactivación, que aumentaría la recaudación, y entonces, en algún momento, “los de abajo” recibirían el beneficio de las migajas que se les cayera a “los de arriba”.
El orden natural al que se refería Smith –y consienten Binner y Cavallo- entiende que el reparto de la riqueza ya está dado por esa “mano invisible”. Que algunos tienen más y otros tienen menos. Que nada se puede hacer. Que el que no tiene los medios de producción, debe aportar la fuerza productiva. Que el Estado no debe hacer más que administrar las sobras para repartir y que todo el mecanismo funciona mejor sin su injerencia: libre mercado, libre manufactura, bajos o nulos impuestos, libre mercado laboral y mínima intervención. Una economía limpia. Un clima de negocios.
Pero esa limpieza es para pocos. Los más, se sumergen en la mugre de la pobreza o se contentan con la medianía.
En realidad, la ley de Abastecimiento que tanto horroriza a la oposición y a los empresarios no es nueva. Rige desde 1974 y es mucho más severa sin los cambios propuestos para actualizarla. Ahora, por ejemplo, se elimina la prisión efectiva para el infractor, aunque deberá pagar multas mayores.
La ley de abastecimiento preveía, que ante casos como los de desabastecimiento de yerba –para presionar por una suba del precio en góndola- o la nafta “la posibilidad de que los empresarios vayan presos. Eso era cuestionable jurídicamente. Nosotros lo derogamos específicamente de este proyecto de ley pero sí, con la posibilidad de que la Secretaria de Comercio pueda aplicar multas para estos casos excepcionales”, dijo el secretario de Justicia, Julián Álvarez, quien abrió en Posadas el encuentro nacional de abogados. En definitiva, puede ser una herramienta si se la utiliza correctamente.
Una de las principales preocupaciones de la sociedad es cómo detener la incesante suba de precios que corroe el poder adquisitivo de los salarios.
Con liviandad se atribuye las responsabilidades al Gobierno o incluso al Indec, que no es más que un organismo que realiza estadísticas, mal o bien, pero definitivamente, no tiene nada que ver con el alza de precios. La responsabilidad del Gobierno, a través de la emisión monetaria o el incentivo al consumo es, en última instancia, apenas una parte del problema.
La otra es de exclusiva responsabilidad de grupos empresarios que suman ganancias a través de la suba de precios en lugar de aumentar la oferta, que monopolizan un área de la economía o se cartelizan para anular la competencia.
Es allí donde hace falta la mano visible, la del Estado, la que se convierta en rector de la actividad, alentando áreas esenciales, protegiendo producciones y productores y el bolsillo de los asalariados.
Llama la atención que economistas que se alarman por la inflación, desprecien cualquier herramienta que utilice el Gobierno para combatirla.
Peor aún es escuchar a quienes repiten sus argumentos, cuando al mismo tiempo se quejan por todo lo que sube la carne. Pero los últimos no están obligados a saber la diferencia aunque ésta los perjudique directamente.
Los primeros, la conocen y no hay una pizca de ingenuidad en sus opiniones.
Para ellos sólo hay un responsable y una sola salida: un Estado alejado de cualquier decisión. Asustan con tremendistas anticipos sobre el rumbo del país. Ya no será Cuba, sino Venezuela el destino de la Argentina. Preferirían ser Miami o Nueva York, donde los shopping relucen y los jueces son independientes.
El neoliberalismo en Argentina terminó en desastre. La teoría de Smith, aplicada sin piedad por Cavallo y defendida ahora por el socialista Binner, arrastró hasta a la “burguesía nacional” que estaba encantada con el 1 a 1.
El derrame nunca llegó a concretarse y en cambio, crecieron sin control el endeudamiento, el desempleo, la pobreza y la exclusión.
La apertura económica provocó la llegada de capitales extranjeros, pero la renta se drenaba a las casas matrices y no se reinvertía en el país. YPF y Aerolíneas son el mejor ejemplo. Accionistas ricos y empresas vaciadas.
El agro cedió terreno a la soja y no se cobraban retenciones ni derechos de exportación. “La rentabilidad promedio fue superior al 20 por ciento y sin embargo nos quedamos con 200.000 productores menos, con 14 millones de hectáreas hipotecadas y 7.000 millones de dólares de deuda morosa”, recuerda Guillermo Martini, coordinador de la Corriente Agraria Nacional y Popular.
En Misiones el proceso fue similar. En los 90 se produjo el mayor éxodo rural de la historia con chacras abandonadas, mal vendidas y productores que se convertían en trabajadores de subsistencia en los arrabales.
“No solamente se produjo el éxodo rural sino un fenómeno de concentración de las tierras. Una sola empresa se terminó quedando con el diez por ciento de la superficie misionera. Trescientos mil hectáreas sobre tres millones de campo pero además si le calculamos sobre la superficie productiva; un solo actor económico controla el 30 por de la superficie de Misiones”, definió en su momento el gobernador Maurice Closs. Fue el tiempo de la extranjerización de la tierra y de las chacras vacías.
Closs recordó que “ahí fuimos con nuestra idea de buscar los pueblos pequeños, de apuntar al agro. Y la producción de alimentos. Misiones no producía alimentos. Era la mayor productora yerba y té del país de tabaco; pero no producía alimentos. El 80 por ciento de la carne que consumíamos, venia de otros lados; cerca del 90 por ciento de la verduras y frutas entraban al mercado central y venia de otros lados”.
Misiones gastaba en promedio tres mil millones de pesos por año en la compra de alimentos. Casi todos esos recursos se iban a otras provincias, mientras que la provincia se transformaba en gran productora forestal –en pocas manos- y en segunda instancia, yerbatera, tabacalera y tealera.
Fue esa mirada al interior, a los pueblos pequeños, la que permitió reverdecer las chacras y que la migración no sólo se haya detenido, sino que ahora los jóvenes vuelvan a apostar a quedarse en su terruño.
El reverdecer de la chacra no sólo beneficia a los productores, sino al consumidor, que a través de ferias francas o el Mercado Concentrador que resultó un éxito, accede a alimentos frescos y más baratos, por la eliminación de los intermediarios en la cadena productiva.
En el Mercado Concentrador de Posdas –el primero- hay alrededor de 350 productores y emprendedores provenientes de 25 municipios. Venden lo que traen de la chacra de forma directa o indirecta a través de más de 20 entidades privadas y públicas de todo Misiones. En 2012, cuando se inició la venta, ofrecían 50 variedades de productos frutihortícolas. Hoy son más de cien.
Por mes se venden en promedio 31.500 kilos de carne vacuna, 3800 de cerdo, seis mil de pollos y 4.500 kilos de queso. En el primer semestre de este año, las ventas superaron los diez millones de pesos. De la chacra a la mesa y del consumidor al productor, con el Estado como organizador del encuentro.
Según datos del ministerio del Agro, hay unos 30 mil productores en Misiones, de los cuales 300 son citrícolas, 1500 tabacaleros, 1200 registrados en feria franca, cinco mil forestadores y 9.500 ganaderos aproximadamente.
Con un fuerte respaldo del Gobierno, Misiones también pasó de ser una provincia compradora de carne a una que exporta su ganado a otras provincias. La demanda es creciente por homogeneidad y genética.
La carne llega a provincias como Tucumán, Entre Ríos, Buenos Aires y los principales supermercados del país. “Mejoramos en calidad. Antes abastecíamos únicamente al mercado local porque no había homogeneidad. Ahora hay demanda”, reconoce Adrián Luna, presidente de la Sociedad Rural de Misiones.
El mercado interno está bien alimentado, mientras que el externo se recupera de los efectos de la crisis.
Un informe del Instituto Provincial de Estadística y Censos, señala que en los primeros cinco meses del año se exportaron productos por 182.132.538 dólares, un 3 por ciento más que para el mismo período del año 2013. Si las exportaciones por rubro mantienen el mismo comportamiento, el valor exportado estimado al 2014 podría ascender a 483.899.094 dólares, dos por ciento por encima del valor exportado en 2013.
En Misiones la línea ideológica también divide a la forma de ver el rol del Estado. Closs, quien esta semana acompañó a la presidenta Cristina Fernández a un viaje de reparación histórica a Paraguay, lo expresó con claridad en su mensaje a los legisladores. Un Estado rector, definió. La Renovación mantiene esa línea desde su fundación y la coincidencia con la Nación es clave en este sentido, aunque pueda haber diferencias metodológicas circunstanciales.
Closs también firmó un acuerdo con Cristina para más de ocho mil soluciones habitacionales para Misiones, en una nueva “intromisión” estatal para reactivar un sector deprimido.
En tanto, el presidente de la Legislatura, Carlos Rovira, se reunió con el secretario de Justicia, Julián Álvarez, para encaminar medidas de cooperación para beneficio del Poder Judicial.
En la oposición siguen los contactos para contar con un padrinazgo nacional. Los massistas se disputan la pertenencia y a propuesta de Ramón Puerta, podrían dirimir posicionamientos en internas. Es el escenario que más le conviene al ex diputado nacional, ya que cuenta con un núcleo duro de seguidores, aunque a la hora de revalidar su banca no le haya alcanzado. Los eventuales rivales en esa interna no tienen votos cautivos ni imagen reconocida en toda la provincia.
El PRO también busca su identidad en Misiones y envió a Patricia Bullrich a inaugurar un nuevo local en Oberá. La ex ministra de la Alianza, recordada por su férrea defensa del recorte salarial del 13 por ciento en salarios y jubilaciones, sueña con un país que copie el modelo que instaló Mauricio Macri en Buenos Aires.
El PJ y la UCR, otrora los partidos grandes de Misiones, andan en la búsqueda de recomponer los lazos con la sociedad. El peronismo sigue a la deriva sin conducción a la vista, con un grupo de kirchneristas intentando copar la conducción.
El radicalismo dirimirá el próximo domingo sus candidatos a gobernador, diputados y nueva conducción. La disputa central estará entre la fórmula apadrinada por Ricardo Barrios Arrechea, conformada por Gustavo González y Luis Pastori y el desempeño que pueda tener el cardiólogo Osvaldo Navarro. Pero cobra relevancia el papel que juega la tercera lista de diputados, conformada por jóvenes radicales y encabezada por Francisco Fonseca, quien quiere una conducción en las calles y no encerradas en comités y oficinas. La lista joven advierte que la UCR necesita una lavada de cara si quiere sostener la incipiente recuperación del año pasado. Estas elecciones definirán también el perfil ideológico que adquiera uno de los partidos de la oposición.



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