Avanza en Roma la causa de canonización del Padre Mario, el sacerdote que transformó González Catán

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El Vaticano validó la investigación diocesana sobre la vida y las virtudes del sacerdote italiano que entregó su vida al servicio de los enfermos y los sectores más vulnerables en el conurbano bonaerense.

El camino hacia la santidad del Padre Mario Pantaleo sumó un paso fundamental en el Vaticano. El Dicasterio para las Causas de los Santos confirmó la validez jurídica de la investigación diocesana sobre la vida, las virtudes y la fama de santidad del sacerdote, una figura sumamente querida en el país por su obra social y su dedicación absoluta a los más necesitados. La noticia llegó a través del postulado de la causa, el padre Daniel Medina, quien detalló que el organismo eclesiástico aprobó formalmente el minucioso trabajo que se realizó en la Diócesis de Gregorio de Laferrere.

Los colaboradores de la obra recibieron la novedad con profunda emoción. La presidenta de la Asociación privada de fieles “Pbro. Mario Pantaleo”, Herminda Amibilia y Granson, expresó la alegría de la comunidad y aseguró que continúan con la tarea de difusión del legado del sacerdote, además de rezar por su pronta beatificación. Los próximos pasos de la causa ya están definidos: el Dicasterio deberá designar un relator para acompañar la elaboración de la positio, el documento que recopila el ejercicio heroico de sus virtudes cristianas y los testimonios de su vida. Posteriormente, este informe será examinado por consultores históricos y teológicos, antes de que los cardenales y obispos eleven la decisión final al Papa, quien determinará la declaración de “venerable”.

Nacido en Pistoia, Italia, en 1915, el Padre Mario llegó a la Argentina con una vocación inquebrantable que lo llevó a instalarse en Rosario y luego en Buenos Aires, donde se desempeñó como capellán de varios centros de salud. Quienes lo conocieron recuerdan su trato bondadoso y su carisma particular con las personas que sufrían. El propio Pantaleo solía definir su misión con una frase que quedó grabada en la memoria colectiva de sus fieles: “Yo soy la guitarra; el guitarrero está arriba, y es Él quien verdaderamente hace todo”.

A fines de la década de 1960, el sacerdote comenzó a levantar la capilla Cristo Caminante en los terrenos de González Catán, una zona postergada del Gran Buenos Aires. Con el apoyo de donantes y el esfuerzo de los propios vecinos, el Padre Mario construyó una red de contención social sin precedentes en la región. Su premisa de trabajo siempre estuvo ligada al desarrollo humano, uniendo la asistencia espiritual con la educación y la salud pública.

A pesar de que su propia salud comenzó a debilitarse con los años, el sacerdote nunca interrumpió su atención a quienes acudían a él en busca de alivio. Tras su fallecimiento en agosto de 1992, una multitud de más de 15.000 personas acompañó sus restos hasta su última morada en González Catán. El legado material y social que dejó en la localidad incluye un centro maternal infantil, escuelas de tres niveles, un centro de formación laboral, un policlínico y un hogar de día para adultos mayores, estructuras que hoy continúan funcionando y sosteniendo a miles de familias de la zona.

 

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