La gran final mundial entre Argentina y España mantuvo en vilo a los hogares de Leandro N. Alem en una tensión que parecía no tener fin frente al sólido bloque defensivo de la Roja.
La final no tuvo el desenlace esperado, pero el sentimiento no se negocia. Tras la dura derrota de Argentina ante España, las calles de Leandro N. Alem demostraron que el orgullo por la Scaloneta sigue intacto, transformando la tristeza del resultado en una fiesta de agradecimiento popular.
Desde tempranas horas de la tarde, la Avenida Belgrano comenzó a teñirse de celeste y blanco. Con el pitazo final, y aunque el marcador favoreció a los europeos, los vecinos decidieron no recluirse en sus casas.
Pese a la frustración lógica por la derrota, caravanas de autos, motos y familias a pie coparon la arteria principal de la ciudad. El ruido de las cornetas, los bocinazos y los cantos de aliento taparon por completo el silencio que amagaba con instalarse tras el partido. El epicentro de la concentración fue, como es costumbre en las grandes citas, la Plaza del Bicentenario. Allí, cientos de jóvenes y familias enteras se reunieron para fundirse en un abrazo colectivo.
Entre banderas argentinas ondeando al viento y camisetas con las tres estrellas, el clima fue de absoluta tranquilidad y reconocimiento. La fisonomía de la plaza reflejó el espíritu del misionero: resiliencia, comunidad y una fidelidad ciega a los colores patrios. Los comercios gastronómicos de la zona trabajaron a pleno, acompañando una jornada que, si bien no terminó con la copa en mano, dejó en claro que el aguante de Alem no depende de un resultado.
— misionesonline.net (@misionesonline) July 19, 2026
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