Después del Mundial, empiezan las definiciones

Con el Mundial como telón de fondo, la provincia acelera un proceso de reconfiguración política y de gestión. Cambios en el gabinete, protagonismo de los intendentes y una apuesta por la micro gestión marcan la hoja de ruta de Hugo Passalacqua frente a un escenario económico cada vez más complejo.

Los mundiales tienen una extraña capacidad para detener el tiempo. Durante un mes, las discusiones cotidianas quedan suspendidas por noventa minutos (o hasta los penales) que parecen definirlo todo. La política baja el volumen, la economía encuentra una pausa emocional y hasta las diferencias más profundas se diluyen detrás de una camiseta. Pero apenas termina el partido, la realidad vuelve a ocupar el centro de la escena. Porque, como recordó Lionel Scaloni al intentar despojar de connotaciones extrafutbolísticas el duelo con Inglaterra, «solo se trata de un partido de fútbol». La vida, en cambio, continúa.

La Argentina llega a una nueva final ante España con la posibilidad de escribir otra página histórica. La ilusión colectiva funciona como un alivio transitorio para un país que atraviesa dificultades económicas evidentes. Los festejos, si llegan, servirán para abrazarnos un rato. Las lágrimas, si aparecen, también pasarán. Lo que permanecerá será la necesidad de gobernar, administrar y tomar decisiones. Y justamente allí empieza el verdadero partido.

El Mundial también dejó una radiografía interesante de cómo se interpreta una misma realidad según quién la observe. Mientras los jugadores desplegaron una bandera de las Islas Malvinas después del triunfo ante Inglaterra, Javier Milei validó el gesto, aunque remarcó que la recuperación de la soberanía debe transitar exclusivamente el camino diplomático. Dos planos distintos para un mismo hecho: el emocional y el institucional. Algo similar ocurrió con Lionel Messi cuando, en medio de la euforia por la clasificación, dedicó el triunfo a los argentinos «que no llegan a fin de mes». La respuesta del flamante vocero presidencial, Adrián Ravier, no tardó en llegar para relativizar ese diagnóstico. El contraste no fue menor. El capitán describía una sensación que atraviesa buena parte de la sociedad; el Gobierno nacional defendía la lectura de sus indicadores económicos.

En Misiones esa discusión casi ni necesita explicación. La «púa», esa palabra tan propia de la provincia para describir la falta de dinero, resume mejor que cualquier índice el humor social. Comercios con menor movimiento, familias ajustando gastos y municipios que reciben diariamente demandas cada vez más urgentes. A este complejo escenario se le suman golpes drásticos de la realidad laboral y productiva, como el reciente y definitivo cierre de la fábrica de calzados Dass en Eldorado, que deja una herida profunda en el empleo y el tejido socioeconómico del norte misionero.

Quizás por eso el territorio volvió a convertirse en el principal escenario político. Mientras buena parte del país parece esperar que pase el Mundial para acelerar definiciones, en Misiones hace tiempo que el gobernador Hugo Passalacqua decidió jugar otro campeonato. Uno menos televisado, mucho más silencioso y profundamente territorial.

Es aquí donde el concepto de territorialidad adquiere su verdadera dimensión y se consolida como la columna vertebral de un modelo de gobierno, distanciándose de la política de cotillón o del mero marketing digital. No se trata únicamente de recorrer kilómetros para la foto. La territorialidad real implica que las prioridades nacen desde abajo hacia arriba; que las demandas llegan sin intermediarios; que el gobernador escucha primero a quienes administran diariamente las necesidades. Bajo esta lógica, los intendentes dejan de ser simples aliados electorales para transformarse en los principales socios de gestión. En tiempos donde buena parte de la política nacional gira alrededor de las redes sociales, los estudios de televisión y las disputas abstractas, Passalacqua parece insistir en una lógica más tradicional, física y efectiva: caminar, escuchar y resolver en el lugar de los hechos.

Los últimos meses muestran una secuencia difícil de discutir: más de veinte municipios recorridos en apenas cinco meses y una metodología de gestión que convirtió a las reuniones de gabinete itinerantes en una herramienta política y administrativa central. Montecarlo, 25 de Mayo y la de esta semana en San Ignacio son una demostración concreta de que el centro de gravedad del Gobierno provincial no está encerrado en una oficina de Posadas, sino distribuido en cada rincón de la tierra colorada.

Los intendentes representan el músculo político más importante porque son el primer mostrador del Estado; quienes conocen de primera mano dónde falta agua, qué camino rural necesita mantenimiento o qué obra quedó paralizada. Por eso, el fortalecimiento del equipo de gobierno acompaña un reacomodamiento político que avanza sobre estas mismas bases físicas. El Movimiento por lo que Viene dejó de ser solamente una expresión partidaria para transformarse en una referencia de gestión que comienza a ordenar dirigentes, asimilando las recientes salidas de Roberto Padilla, Carlos Koth, Graciela De Moura y Joselo Schuap de Encuentro Misionero.

Lejos de una disputa de rupturas estériles, los cambios en el gabinete provincial expresan una sintonía de complementariedad, oxigenación y reconocimiento al frente de batalla. La salida de Liliana Rodríguez del Ministerio de Acción Cooperativa no representa un cambio de bando o prescindir de una funcionaria ligada a Encuentro Misionero. Todo lo contrario: Rodríguez seguirá vinculada al Movimiento por lo que Viene como referente de su espacio, Libertad, Valores y Cambio, ratificando su pleno apoyo al gobernador. Su lugar operativo, sin embargo, se abre estratégicamente para dar participación directa a la trinchera municipal.

Según se maneja desde el entorno del gobernador, las piezas del nuevo diseño de gestión comienzan a encajar con hombres curtidos en el territorio: Julio «Chun» Barreto (en licencia de la intendencia de Montecarlo) desembarcaría en Energía de Misiones, mientras que Matías Vilchez (San Javier) asumiría justamente en la cartera de Acción Cooperativa. La reconfiguración ministerial también sumará modificaciones en áreas clave de infraestructura, como la Dirección General de Arquitectura, donde Sergio Bresiski es otro de los funcionarios que serían reemplazados, abriendo paso a nuevos perfiles habituados a la respuesta ejecutiva inmediata cuyos nombres se definirán a la brevedad.

Este esquema de abroquelamiento interno y defensa de los intereses locales contrasta con los ruidos legislativos de la última semana en el Senado de la Nación. El quórum otorgado por los senadores Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, que responden al partido creado por Carlos Rovira, -habilitando el tratamiento del proyecto de extranjerización de tierras-, expuso una distancia política significativa respecto de la posición histórica en defensa del misionerismo. Desde el Ejecutivo provincial consideran que una discusión de semejante impacto para la provincia requería, cuanto menos, una articulación política previa con quien tiene la responsabilidad institucional de conducir los destinos de Misiones. En el gobierno entienden que el proyecto que comenzó a debatirse en la Cámara Alta, hiere de gravedad la soberanía territorial de Misiones, una provincia geopolíticamente sensible que posee el 90% de sus límites sobre frontera internacional y que resguarda el estratégico Acuífero Guaraní bajo su suelo.

La postergación del debate hasta agosto terminó confirmando que muchas decisiones importantes quedaron deliberadamente guardadas para después del Mundial. Incluso una gran mayoría de intendentes, firmarán esta semana un documento conjunto de rechazo absoluto a la extranjerización de tierras, validando de manera contundente la conducción del Gobernador.

Y ese «después» ya empezó a asomar. Agosto probablemente encuentre un escenario político mucho más dinámico, con definiciones dentro de Encuentro Misionero, el regreso de Carlos Rovira a la provincia y las primeras especulaciones hacia el proceso electoral de 2027. Allí aparece la posible candidatura de Leonardo “Lalo” Stelatto como gobernador y un espacio de cabeza de lista para el actual vicegobernador, Lucas Romero Spinelli.  Algunos incluso se animan a aventurar un eventual acuerdo con la Libertad Avanza, aunque por ahora desde el espacio libertario provincial aseguran que el foco está en su propio “armado territorial” y muy lejos de sumar otras expresiones partidarias a su espacio.

Ante ese panorama, algunos alientan a que el PJ Misiones vaya con candidato propio, mientras aguardan definiciones de Cacho Bárbaro y Ramón Amarilla. Mientras tanto, otro sector de la oposición provincial, espera que “decante” el oficialismo para buscar el mejor aliado.

 

Estrategias para aliviar el bolsillo y retomar las obras

Con la rosca política en ritmo de primera marcha, eclipsada por el Mundial, Hugo Passalacqua parece decidido a llegar con ventaja apoyado en sus tres pilares: territorio, gestión y conducción. El músculo territorial alimenta al músculo político, y ambos potencian la capacidad de ejecución económica. No es casualidad que, en medio de la asfixia financiera nacional, la Provincia continúe sosteniendo programas como Ahora Misiones para apuntalar el consumo interno o que avance con la entrega de cerca de 300 viviendas en Posadas a través del IPRODHA para septiembre, financiadas íntegramente con recursos propios.

Frente a un Gobierno nacional que prácticamente paralizó la obra pública y desreguló economías regionales desprotegiendo al sector yerbatero, Misiones elige un camino de autonomía y gestión de vanguardia. En esa línea se inscribe la concreción de la histórica apertura del mercado de la India para la exportación de yerba mate argentina, y la estratégica gestión de un financiamiento de 40 millones de dólares con FONPLATA. Estos fondos internacionales no son un dato menor: representan la ingeniería financiera necesaria para sostener inversiones estratégicas y productivas sin depender del auxilio de la Casa Rosada. No se trata únicamente de grandes números; se trata de inyectar recursos en el territorio para generar empleo, movimiento para las empresas locales y amortiguar los efectos de una crisis que golpea todos los días.

La micro gestión aparece como una de las claves de estos tiempos. No se trata de grandes anuncios ni de mega obras imposibles en un escenario de recursos limitados, sino de mejorar ese metro cuadrado donde cada vecino construye su vida diaria. Lo que para algunos puede parecer pequeño, para quien espera una solución concreta puede representar una diferencia enorme. La política también se mide en esos detalles que hacen más llevadera la realidad cotidiana.

Cuando el árbitro marque el final del partido entre Argentina y España, el país volverá rápidamente a sus preocupaciones habituales. La euforia o la desilusión durarán apenas unas horas. Después volverán las cuentas, la producción, el empleo, las viviendas pendientes y las demandas de los municipios. Entonces comenzará el verdadero campeonato de la política.

Los misioneros parecen cada vez menos interesados en la confrontación permanente de las redes sociales y mucho más preocupados por las respuestas concretas. Los mundiales enseñan que los equipos campeones no se improvisan el día de la final; se construyen con entrenamientos silenciosos y funcionamiento colectivo. En Misiones, todo indica que Hugo Passalacqua eligió afrontar la realidad con un esquema claro: fortalecer el territorio como el único mapa válido, incorporar a quienes demostraron capacidad de gestión al frente de sus comunidades y responder a la crisis con hechos. Porque los mundiales se ganan con un gran equipo. Las provincias también. Los mundiales se recuerdan por los goles; los gobiernos, en cambio, terminan siendo juzgados por las decisiones que mejoran la vida de la gente.

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