La historia de la bandera de Malvinas que la Selección desplegó tras el histórico triunfo ante Inglaterra: cómo entró a la cancha y quién la tiene hoy

Hinchas argentinos fabricaron una bandera casera para esquivar los controles en el triunfo ante Inglaterra. Tras el festejo de Lo Celso, Romero y Martínez, la FIFA evalúa sanciones, pero un mozo de la delegación rescató la tela del césped de Atlanta. El símbolo quedó bajo la custodia de los trabajadores de la Selección de cara a la final.

La clasificación a la final del Mundial frente a Inglaterra dejó una de las postales más potentes del torneo, pero también una trama de ingenio y complicidad entre los hinchas y los futbolistas. El festejo de Giovani Lo Celso, Cristian Romero y Lisandro Martínez con una bandera improvisada que rezaba “Las Malvinas son argentinas” recorrió las pantallas del mundo. Sin embargo, detrás del revuelo y de las posibles sanciones económicas que analiza la FIFA por la exhibición de mensajes políticos, los creadores del trapo temían que la histórica tela terminara en la basura del estadio.

La iniciativa nació en la habitación de un hotel de Atlanta, lejos de la rigidez del Mercedes-Benz Stadium. Ante la prohibición de ingresar pancartas alusivas al conflicto bélico y las advertencias del Ministerio de Seguridad, los hinchas apelaron a la astucia: cortaron una sábana, consiguieron un aerosol negro y escribieron la frase. Para lograr que el mensaje llegara a la cancha, esperaron hasta los últimos minutos del partido y se ubicaron detrás del arco. Cuando los guardias de seguridad privada los descubrieron y amenazaron con llamar a la policía, los jóvenes decidieron “sacrificarla” para que no se la confiscaran. Envolvieron una botella de plástico para darle peso y la lanzaron con fuerza hacia el césped.

Inglaterra

El primero en reaccionar fue Lo Celso, quien se agachó y la desplegó junto al Cuti Romero y Lisandro Martínez. Al finalizar la celebración, la preocupación se trasladó a las tribunas, ya que los autores no podían recuperar la tela. El alivio llegó de la mano de Patricio Auber, uno de los mozos del plantel argentino, quien subió una foto en sus redes sociales con un mensaje pacificador: “A quien corresponda… ¡Está en buenas manos!”. El colaborador de la delegación rescató el objeto del campo de juego y lo llevó directamente al búnker del equipo.

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Entre la mística y el temor a las sanciones de la FIFA

La sábana pintada pasó la noche en las habitaciones del hotel junto a los trofeos y las camisetas del plantel, y la delegación evalúa trasladarla a Nueva York para el partido definitorio. A pesar de la euforia popular, la acción abrió un debate interno en el grupo debido a la estricta neutralidad política que suele mantener la conducción de Lionel Scaloni en las competencias internacionales.

Uno de los referentes del grupo, Nicolás Tagliafico, analizó el episodio con autocrítica y reconoció que el calor del partido influyó en la reacción de sus compañeros: “Esa energía, esa motivación de la victoria, te lleva a hacer estas cosas que, por ahí, no está bueno mostrarlo públicamente”. El defensor admitió que la situación se pudo haber evitado para no generar ruidos innecesarios en la previa del partido más importante del año.

La bandera, que comenzó como una travesura de hotel para esquivar los controles de la organización, se transformó en un símbolo del triunfo y ahora permanece bajo la custodia de los propios trabajadores de la Selección, listos para emprender el viaje hacia la gran final.

 

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