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El triunfo de la Selección Argentina desató la algarabía en los bares de la capital misionera. Abrazos, gritos, lágrimas y cánticos acompañaron el pitazo final de una semifinal inolvidable que depositó al equipo de Lionel Scaloni otra vez en la definición de la Copa del Mundo.
Apenas el árbitro Ismail Elfath marcó el final del partido entre Argentina e Inglaterra, los bares de la capital misionera estallaron en un festejo que combinó abrazos, gritos de desahogo, lágrimas de emoción y el contagioso “el que no salta es un inglés”, que comenzó a escucharse en distintos puntos de la ciudad a medida que la algarabía se volvía total.
Cada ataque de la Selección durante el partido se vivió de pie, mientras que las aproximaciones del conjunto inglés provocaron silencios y miradas de preocupación. Sin embargo, el aliento nunca cesó y cada recuperación de Argentina fue celebrada.
Cuando llegó el gol argentino, la reacción fue inmediata. Los bares se transformaron en una verdadera fiesta, con los hinchas abrazándose entre sí, saltando frente a las pantallas y celebrando una conquista que acercaba a la Scaloneta a una nueva final del mundo. El pitazo definitivo terminó por desatar la euforia contenida durante todo el encuentro.
Las camisetas celestes y blancas, las banderas y los bombos fueron los protagonistas de una celebración que reunió a familias, grupos de amigos y fanáticos de todas las edades. Muchos registraron el momento con sus celulares, mientras otros prefirieron disfrutar el instante entre abrazos y canciones dedicadas a la Selección Argentina.
Entre los presentes también hubo espacio para el reconocimiento al equipo de Lionel Scaloni. Los hinchas destacaron la entrega de los jugadores, el carácter demostrado en una nueva instancia decisiva y la ilusión de volver a pelear por el título mundial. La confianza que predominaba durante la previa terminó transformándose en una alegría difícil de describir.
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Con la clasificación asegurada, los bares comenzaron a vaciarse lentamente, aunque no porque terminara la celebración. Muchos hinchas emprendieron camino hacia la Costanera de Posadas y otros puntos de la ciudad para continuar los festejos junto a miles de personas que salieron a celebrar una nueva clasificación histórica de la Selección.
Una vez más, la Scaloneta hizo feliz a todo un país. Y en Posadas quedó demostrado que, cuando juega Argentina, los bares se convierten en una extensión de la cancha, donde cada jugada se vive con el corazón y cada triunfo se festeja como propio.
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