La clasificación de la Selección Argentina a las semifinales del Mundial 2026 volvió a transformar a los bares de Posadas en escenarios de una verdadera fiesta futbolera. La Albiceleste derrotó 3-1 a Suiza en el tiempo suplementario y dio otro paso rumbo al sueño de la cuarta estrella. El triunfo frente al conjunto europeo renovó la ilusión de cientos de hinchas que, una vez más, eligieron compartir el partido junto a familiares y amigos.
A diferencia de los primeros encuentros del torneo, donde predominaba la expectativa por conocer el nivel que mostraría el equipo de Lionel Scaloni, esta vez el clima era distinto. La confianza que Argentina fue construyendo a lo largo del Mundial se reflejaba en las conversaciones previas al encuentro. Muchos llegaron convencidos de que la Selección tenía herramientas para avanzar, aunque sabían que Suiza sería un rival exigente.
Minutos antes del inicio ya casi no quedaban mesas libres. En los bares, todas las miradas apuntaban a las pantallas mientras el sonido ambiente era reemplazado por pronósticos, análisis y comentarios sobre el once titular. Camisetas celestes y blancas, banderas, fotos grupales y celulares preparados para registrar cada emoción volvieron a formar parte del ritual mundialista.
La explosión llegó temprano. A los 10 minutos del primer tiempo, Lionel Messi ejecutó un preciso tiro de esquina y Alexis Mac Allister apareció en el primer palo para conectar un cabezazo que dejó sin chances al arquero Gregor Kobel. El 1-0 desató el primer gran festejo de la noche, con abrazos, gritos y aplausos que hicieron temblar los locales gastronómicos.
Sin embargo, la tranquilidad duró poco. En el segundo tiempo, Ndoye aprovechó un espacio en la defensa argentina y marcó el empate para Suiza, devolviendo la tensión a los hinchas posadeños. Los silencios se apoderaron por momentos de los bares, mientras cada ataque de la Albiceleste era seguido con nerviosismo.
El encuentro se encaminó al alargue y la expectativa creció aún más cuando Suiza quedó con diez jugadores tras la expulsión de Breel Embolo por doble amonestación, luego de que el VAR corrigiera una decisión del árbitro y sancionara una simulación del delantero suizo.
En el tiempo suplementario apareció el desahogo. Julián Álvarez sacó un remate espectacular que se clavó en un ángulo para poner el 2-1 y hacer estallar nuevamente a los hinchas. Ya sobre el cierre del partido, Lautaro Martínez liquidó la historia con el 3-1 definitivo, desatando una celebración que comenzó dentro de los bares y rápidamente se trasladó a las calles.
Cuando el árbitro marcó el final, los aplausos, los cánticos y las banderas volvieron a ser protagonistas. Muchos permanecieron en los bares para seguir compartiendo el momento, mientras otros salieron en caravanas con bocinazos y canciones para celebrar una nueva clasificación mundialista.
El acompañamiento de los hinchas volvió a ser una constante durante toda la Copa del Mundo. Desde el debut, cada presentación de la Selección convocó a cientos de personas en distintos bares de Posadas, que se consolidaron como uno de los principales puntos de encuentro para vivir los partidos.
Ahora, con el triunfo por 3-1 sobre Suiza, la ilusión creció aún más. Argentina se metió entre los cuatro mejores del Mundial y ya piensa en Inglaterra, su próximo rival en semifinales, con el sueño de volver a disputar una final y seguir alimentando la esperanza de conquistar la cuarta estrella.












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