El indicador se aproximó a los 400 puntos y mejoró las condiciones financieras de la Argentina. El equipo económico evalúa regresar al mercado internacional después de ocho años, aunque espera una reducción de las tasas de los bonos estadounidenses para evitar un costo elevado.
La caída del riesgo país y la mejora en la cotización de los bonos argentinos acercaron al Gobierno a la posibilidad de realizar una nueva colocación de deuda en los mercados internacionales, algo que el país no concreta desde 2018. Sin embargo, el equipo económico todavía considera elevado el costo del financiamiento externo y espera una baja de las tasas en Estados Unidos.
El indicador elaborado por JP Morgan quedó cerca de perforar los 400 puntos básicos, mientras que las acciones argentinas, especialmente las del sector bancario, registraron fuertes avances en Wall Street. La reacción del mercado se produjo después de una serie de anuncios económicos y financieros que reforzaron las expectativas sobre la capacidad de pago del Tesoro.
Entre esas señales apareció la presentación del programa financiero para el resto de 2026 y 2027. El ministro de Economía, Luis Caputo, detalló el esquema con el que el Gobierno prevé afrontar vencimientos de deuda por aproximadamente USD 25.000 millones durante el próximo año.
Caputo sostuvo que el Ejecutivo cuenta con herramientas para cubrir esos compromisos sin depender de una emisión internacional. No obstante, la posibilidad de volver a colocar bonos en el exterior permanece bajo análisis porque permitiría refinanciar vencimientos, ampliar las fuentes de crédito y reducir la utilización de reservas.
Otro elemento que favoreció la percepción de los inversores fue el pago de USD 4.200 millones correspondiente a capital e intereses de títulos Bonares. En el mercado interpretaron el desembolso como una señal de la decisión oficial de cumplir con las obligaciones financieras.
El costo de regresar al mercado internacional
La reducción del riesgo país mejora las condiciones para una eventual emisión, aunque no determina por sí sola la tasa que debería pagar la Argentina. El costo final también depende del rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos.
Los títulos estadounidenses a diez años mantienen una tasa superior al 4,5% anual. A ese porcentaje se suma el riesgo argentino, por lo que el Gobierno considera que una colocación externa todavía podría realizarse a un costo demasiado alto.
Los países con una calificación crediticia similar a la argentina registran, en promedio, un riesgo cercano a los 350 puntos básicos. De mantenerse la mejora de los bonos locales, el indicador argentino podría aproximarse a ese nivel, aunque una baja adicional de las tasas estadounidenses resultaría decisiva para habilitar una emisión en mejores condiciones.
Mientras espera una ventana favorable, Economía concentra su estrategia en el mercado local. El Tesoro prevé emitir un nuevo Bonar 2029 para captar parte de los dólares que recibió el sector privado tras los últimos pagos de deuda. Las estimaciones ubican la tasa de esa colocación por debajo del 9% anual.
La operación completaría el cupo que el propio Ejecutivo estableció para tomar deuda en dólares dentro del país. Una mayor presencia del Estado en ese segmento podría quitar espacio de financiamiento a empresas, bancos y provincias que también buscan colocar obligaciones negociables o títulos públicos.
El impacto sobre las reservas
El regreso al mercado internacional permitiría atender dos necesidades centrales. Por un lado, ofrecería fondos frescos para cubrir vencimientos y disminuiría la dependencia de otras fuentes previstas en el programa financiero.
El esquema oficial contempla, entre otras alternativas, ingresos por USD 1.500 millones provenientes de privatizaciones y la compra al Banco Central de aproximadamente USD 4.900 millones para afrontar obligaciones de deuda durante 2027.
Por otro lado, una colocación externa favorecería la acumulación de reservas. Cuando el Tesoro debe utilizar dólares propios para pagar capital e intereses, una parte de las divisas adquiridas por el Banco Central termina destinada a los acreedores. La posibilidad de refinanciar vencimientos permitiría conservar esos recursos y fortalecer el balance de la autoridad monetaria.
El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial plantearon la necesidad de que la Argentina recupere el acceso al financiamiento voluntario. Ese objetivo también forma parte del acuerdo con el FMI y del programa monetario presentado por el Gobierno.
Sin embargo, la compra de dólares por parte del Banco Central perdió ritmo durante las últimas semanas por una reducción de la oferta en el mercado cambiario. Si esa tendencia continúa y el país debe afrontar nuevos pagos sin refinanciamiento, las reservas podrían volver a quedar bajo presión.
La actividad económica, el otro desafío
La mejora de los indicadores financieros no se trasladó con la misma intensidad a la economía cotidiana. El empleo y el poder adquisitivo aparecen entre las principales preocupaciones de la población, mientras que la inflación perdió protagonismo frente a otros problemas.
El Gobierno espera que la continuidad del proceso de desinflación permita una recuperación gradual del salario real. Además, los primeros datos disponibles de mayo mostraron avances mensuales en la industria y la construcción después de la caída que la actividad registró en abril.
Pese al repunte, ambos sectores todavía permanecen por debajo de los niveles de 2023. El comercio mayorista y minorista también comenzó a mostrar señales de recuperación, lo que llevó a algunas consultoras privadas a elevar sus proyecciones de crecimiento para 2026 hasta alrededor del 3%.
La posibilidad de regresar al mercado internacional dependerá de la evolución del riesgo país, las tasas estadounidenses, las reservas y el escenario político. Si esos factores acompañan, el Gobierno podría concretar durante los próximos meses la primera emisión soberana de deuda externa de la Argentina en ocho años.

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