Reflexión del Apóstol Guillermo Decena: «La maldición de mal decir»

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En la reflexión de hoy, el Apóstol Guillermo Decena nos recuerda que maldecir a alguien puede desatar maldición. Pero Dios nos llama a bendecir, a hablar bien de la gente, para que su obra milagrosa se desate y cosas maravillosas ocurran a través del Evangelio de Jesucristo.

“Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:10).

El Espíritu Santo nos presenta la maldición de las maldiciones, que es perderse eternamente, o no heredar el Reino de los cielos. Debemos tomar conciencia que maldecir a alguien puede desatar maldición. Esta palabra «maldicientes», en el idioma griego viene de “Loidoria” que significa maldecir, difamar, criticar. O sea, engloba todas aquellas acciones de hablar en contra de las personas en forma negativa, despectiva y destructiva. De esta manera incluye chismear o murmurar, que son pecados ampliamente condenados en la Palabra de Dios. Es por esto que las primeras revelaciones de la Biblia dicen: “No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo” (Levítico 19:16).

Nuestra boca debería ser consagrada para proclamar la bendición más grande: la Salvación eterna del alma. El cristiano tiene que tomar conciencia de la importancia de sus palabras porque si no, nunca va a poder realizar la tarea más importante que nos pidió el Señor: predicar el evangelio en todo el mundo.

En este marco, el Apóstol Guillermo Decena detalló algunos puntos:

– PALABRAS CON PODER.

“La lengua puede traer vida o muerte; los que hablan mucho cosecharán las consecuencias” (Proverbios 18:21).

Nunca debemos olvidar que hay poder en lo que decimos. Hay que entender lo importante que son las palabras que se dicen y cómo accionan en el mundo espiritual. Fuimos elegidos con un propósito: heredar y trasmitir bendición a través del Santo Evangelio de Jesucristo. La palabra del Evangelio es una palabra de paz, bendición y reconciliación.

“No devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1Pedro 3:9).

¡Qué privilegio es que nuestra boca trasmita palabras de salvación eterna! Pero vamos a tener que tomar conciencia de las palabras que salen de nuestra boca y arrepentirnos de hablar mal.

 

– CONCECUENCIAS

Maldecir puede condenar eternamente a la persona y hay todo tipo de consecuencias sobre las personas que hablan difamando y maldiciendo a los demás. María y Aarón murmuran contra Moisés. Fueran portadores de la Palabra de Dios y pensaron que eso les daba licencia de criticar al líder, esas palabras se transformaron en una maldición y a partir de ahí, María enfermó de lepra hasta que Moisés desató salud sobre ella.

 

– LO QUE CONTAMINA NUESTRO ATRIO INTERIOR

“Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. (…) contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (Santiago 3:6).

Debemos tomar conciencia del poder que tiene nuestra lengua, entendiendo 5 cosas importantes:

1. Usar la lengua negativamente puede activar el mundo espiritual del mal.

2. Hay un propósito muy importante entre los miembros de nuestro cuerpo, y muchas veces ignoramos su propósito y la usamos mal.

3. Nuestra lengua puede influenciar negativamente todo nuestro cuerpo.

4. Puede influenciar con poder creativo. Como creyentes, podemos crear lo malo o lo bueno.

5. ¡Puede ser inflamada por los demonios! Cuando Pedro intenta persuadir a Jesús que no vaya a sufrir por la humanidad, Jesús lo reprende duramente, porque su lengua estaba siendo inflamada por el infierno.

 

– LAS PALABRAS SON SEMILLAS QUE GERMINAN Y DAN FRUTOS.

“El hombre será saciado de bien del fruto de su boca; Y le será pagado según la obra de sus manos” (Proverbios 12:14).

Hay dos elementos para alcanzar victoria en la vida. Primero, lo que sembramos con la boca; lo que hablamos, lo que expresamos, cómo lo expresamos, con qué espíritu lo hacemos.

Segundo, las obras de nuestras manos; lo que emprendemos, nuestro esfuerzo para alcanzar la meta, y nuestro desempeño.

Por más que trabaje bien, si mis labios siembran semillas de maldición, de negatividad, de fracaso, así resultará. Si siembro bendición y trabajo para bendecir, la bendición me perseguirá.

 

– QUÉ HACER SI SOY VÍCTIMA DE PALABRAS DE MALDICIÓN.

“El necio al punto da a conocer su ira; Más el que no hace caso de la injuria es prudente” (Proverbios 12:16).

No enojarse con la gente, ser prudentes y recordar que Jesús mandaba a amar a los enemigos. No minimizar, tomar conciencia del poder de las palabras y cancelar en el nombre de Jesús esas palabras dichas en contra suyo. No tener temor, sino fe, pues el nombre de Jesús es sobre todo nombre, en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra.

Debe cambiar su manera de expresarse, hablar con fe. Recordar que todo ha sido hecho a través de la palabra de Dios y hemos sido creados a su imagen y semejanza, y la facultad de hablar es muestra de eso. Por lo tanto, su palabra es también creadora.

“Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias…” (Mateo 5:11-12).

Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!

Apóstol Guillermo Decena

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