Misiones mejora semillas nativas sin perder su identidad: el desafío de adaptarlas al cambio climático desde las chacras

A través del Proyecto Raíces, investigadores y productores trabajan juntos en el mejoramiento genético participativo de semillas criollas y nativas. La iniciativa busca desarrollar variedades más resistentes al cambio climático sin perder la diversidad genética ni el control de las semillas por parte de las familias agricultoras.

En un escenario donde el cambio climático desafía cada vez más a la producción agrícola, Misiones impulsa una estrategia que combina ciencia, saberes campesinos y conservación de la biodiversidad. Lejos de reemplazar las semillas tradicionales por materiales comerciales, el Proyecto Raíces apuesta a fortalecerlas desde su propio origen, mejorándolas para enfrentar nuevas condiciones ambientales sin perder la riqueza genética que las caracteriza.

La iniciativa, financiada por la Unión Europea y Bélgica a través del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), se desarrolla en Argentina, Bolivia y Brasil. En el país tiene presencia en Misiones y Jujuy, donde el principal objetivo es rescatar, conservar y fortalecer las semillas nativas y criollas, promoviendo además una metodología poco habitual: el mejoramiento genético participativo.

«El objetivo principal es trabajar sobre la conservación y el rescate de semillas nativas y criollas, asegurando que permanezcan en manos de los agricultores. Pero además el proyecto nos plantea un desafío más importante: realizar mejoramiento genético de manera participativa, junto con los productores y directamente en sus chacras», explicó la genetista Silvina Fariza, responsable del Proyecto Raíces en Misiones.

La propuesta rompe con la idea de que conservar implica inmovilizar. En realidad, el desafío consiste en permitir que esas variedades continúen evolucionando junto con el ambiente, adaptándose a las nuevas condiciones climáticas sin perder las características que las hacen únicas.

«Para hablar de mejoramiento necesitamos variabilidad, y si hay algo que tenemos en Misiones es justamente una enorme diversidad genética. Lo importante es trabajar en la selección de materiales que toleren mejor los cambios climáticos, pero sin perder la esencia de esas variedades que los agricultores vienen conservando desde hace generaciones», señaló Fariza.

Ese trabajo cobra especial relevancia en una provincia donde las semillas criollas forman parte del patrimonio productivo de cientos de familias. Muchas de ellas fueron seleccionadas durante décadas por los propios productores, adaptándose naturalmente a los suelos, al clima y a las condiciones de cultivo locales.

Por eso, el proyecto también busca fortalecer la autonomía de los agricultores frente a un mercado donde predominan variedades desarrolladas para otras regiones y otros sistemas productivos.

«Las semillas comerciales fueron seleccionadas para otros ambientes y otros paquetes tecnológicos. En cambio, nuestras variedades están adaptadas a las condiciones de Misiones y permanecen en manos de quienes históricamente las fueron mejorando», explicó la especialista.

En la provincia, el proyecto concentra sus acciones principalmente en maíces y porotos, mientras que en Jujuy también se trabaja con cultivos como quinoa, papa, haba y yuca, de acuerdo con las características productivas de cada región.

A siete meses de su lanzamiento oficial, la iniciativa ya muestra avances concretos. Según detalló Fariza, más del 80% de los productores previstos ya fueron visitados por el equipo técnico y actualmente se encuentran en marcha más de 17 corredores agroecológicos, espacios donde se desarrollan los procesos de selección y mejoramiento en condiciones reales de producción.

«Hoy ya estamos instalando corredores agroecológicos y avanzando con la inscripción de variedades mejoradas. Todo ese trabajo se realiza junto a los productores, porque entendemos que son ellos quienes mejor conocen el comportamiento de cada semilla en su territorio», destacó.

Aunque durante los recorridos surgieron nuevas demandas, como el interés por trabajar con frutales nativos, el equipo prioriza aquellas especies que pueden mostrar resultados dentro del plazo previsto para el proyecto.

El trabajo de Raíces también se apoya en una construcción colectiva que Misiones viene desarrollando desde hace décadas: las ferias de intercambio de semillas. Allí productores, técnicos e instituciones comparten materiales, conocimientos y experiencias que permiten mantener viva la diversidad agrícola de la provincia.

«Nosotros acompañamos estas ferias desde mucho antes del Proyecto Raíces. Este año ya nos estamos preparando para la 29ª Feria Provincial de Intercambio de Semillas, que se realizará el 31 de julio en Aristóbulo del Valle. Además organizamos encuentros y capacitaciones sobre conservación, producción y legislación, respondiendo a las demandas que surgen de los propios agricultores», comentó Fariza.

En un contexto donde la agricultura enfrenta desafíos cada vez mayores por las variaciones del clima, la pérdida de biodiversidad y la necesidad de producir de manera más sustentable, el Proyecto Raíces propone una alternativa que combina innovación y tradición. No se trata únicamente de preservar semillas antiguas, sino de permitir que continúen evolucionando junto a quienes las cultivan, asegurando que la diversidad genética siga siendo una herramienta clave para la producción de alimentos y para el futuro de las chacras misioneras.

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