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FECOAGRO reúne a 25 cooperativas y más de 500 familias productoras dedicadas a la producción de semillas agroecológicas. Durante décadas abasteció al programa ProHuerta, que absorbía el 90% de su producción. Tras la suspensión de esa política pública, reorganizó su esquema comercial para seguir abasteciendo a municipios, instituciones y productores de todo el país.
Durante más de tres décadas, millones de familias argentinas comenzaron una huerta con semillas producidas por cooperativistas de San Juan. Detrás de cada pequeño sobre distribuido por el programa ProHuerta existía una red de productores que convirtió a la producción agroecológica de semillas en una herramienta de desarrollo para cientos de familias rurales.
Esa historia continúa escribiéndose. FECOAGRO, la Federación de Cooperativas Agropecuarias de San Juan, logró reacomodar su funcionamiento luego de la desaparición del programa nacional que concentraba casi toda su producción y hoy continúa abasteciendo a municipios, instituciones y productores de distintas provincias, sosteniendo un modelo cooperativo que involucra a unas 25 cooperativas y más de 500 familias.
«San Juan tiene condiciones climáticas ideales para producir semillas y eso permitió que la federación creciera hasta conformar cooperativas distribuidas prácticamente en toda la provincia», explicó Javier Escudero, integrante de FECOAGRO.
Actualmente la organización produce alrededor de 70 variedades de semillas hortícolas y florales, adaptando cada cultivo a las características de los distintos valles productivos. Las zonas más frías concentran especies como lechugas y porotos, mientras que en los sectores más cálidos se multiplican cultivos como melón, sandía y acelga. Todo el proceso se desarrolla bajo un sistema agroecológico, sin utilización de insecticidas ni fungicidas de síntesis química y con el acompañamiento permanente de ingenieros agrónomos que supervisan cada etapa de la producción.

Mucho más que semillas
El modelo cooperativo de FECOAGRO también encontró una manera de generar valor agregado dentro de las propias chacras. De las 25 cooperativas que integran la federación, siete están conformadas por grupos de mujeres que elaboran alimentos a partir de la materia prima que queda luego de la extracción de semillas.
La iniciativa surgió de una necesidad concreta: aprovechar el resto de la producción. «Cuando hacemos semillas de zapallo hay que abrir el fruto para sacar la semilla. Entonces pensamos qué podíamos hacer con esa pulpa y empezamos a producir zapallo en cubos, zapallo en almíbar y mermeladas», relató Escudero.
Con el tiempo, esas experiencias dieron lugar a pequeñas agroindustrias que hoy elaboran distintos productos regionales y generan nuevas oportunidades laborales para las familias vinculadas a la federación, especialmente para mujeres rurales que encontraron allí una fuente de ingresos complementaria. El propio documento institucional destaca que estas cooperativas producen conservas, mermeladas, miel, quesos de cabra y aceite de oliva bajo habilitación sanitaria, fortaleciendo el agregado de valor en origen.

El golpe que significó el fin de ProHuerta
Durante años, el principal destino de las semillas producidas por FECOAGRO fue el programa ProHuerta, impulsado por el INTA para fomentar huertas familiares, escolares y comunitarias en todo el país.
La relación llegó a ser tan estrecha que el 90% de la producción tenía como destino ese programa. «Las colecciones llegaban a familias de todo el país para que pudieran hacer sus huertas. También se distribuían semillas a granel para productores y ferias. Fue un programa que funcionó durante más de treinta años», recordó Escudero.
La magnitud de ese trabajo quedó reflejada en la propia evolución de la federación: según el documento institucional, FECOAGRO pasó de producir apenas 500 kits de semillas en sus inicios a elaborar cerca de un millón de colecciones hortícolas por temporada, distribuidas a través del programa ProHuerta.
La suspensión del programa modificó por completo ese escenario. «La pérdida fue muy grande. Éramos 30 cooperativas y hoy somos 25. En la federación trabajábamos cerca de veinte personas y hoy quedamos ocho», explicó.
La caída de la demanda obligó a reducir superficies sembradas, concentrarse en las variedades con mayor salida comercial y replantear toda la planificación productiva.

Adaptarse para seguir creciendo
Lejos de abandonar la actividad, FECOAGRO comenzó a desarrollar nuevos canales de comercialización.
Actualmente abastece a municipios, gobiernos provinciales, instituciones, legisladores y organizaciones sociales que impulsan programas locales de huertas, además de comercializar semillas a granel para productores y distribuidores privados. En paralelo, fortaleció su red de representantes comerciales para ampliar su presencia en distintas regiones del país, entre ellas el Litoral.
Los tradicionales kits de semillas siguen formando parte de la oferta, aunque ahora también se adaptan a las necesidades de cada cliente, incorporando distintas especies o incluso personalizando su presentación para programas específicos.

«Nos vamos adaptando a las dificultades que aparecen. Detrás de FECOAGRO hay muchas familias y queremos seguir creciendo, llegar a nuevos lugares y mantener vivo este proyecto cooperativo», concluyó Escudero.
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