Alumnos de la Escuela Rural N° 791 de Andresito caminan varios kilómetros cada día para ir a estudiar, incluso bajo la lluvia

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La Escuela N° 791 funciona a más de 35 kilómetros de Comandante Andresito y cuenta con siete estudiantes de distintos grados. Su única docente, Cristina Rodríguez Olivera, explicó cómo organiza el plurigrado, acompaña a los chicos ante el frío y la lluvia.

En una zona rural ubicada a más de 35 kilómetros del casco urbano de Comandante Andresito, los alumnos de la Escuela N° 791 recorren a pie entre tres y cuatro kilómetros por caminos de tierra para llegar a clases. Algunos transitan bajo lluvia, barro y bajas temperaturas, en una institución donde una sola maestra atiende a estudiantes de diferentes edades y grados.

Cristina Rodríguez Olivera trabaja hace 19 años en la escuela rural y también vive junto a su familia dentro del predio, en la antigua construcción de madera que funcionó como la primera sede educativa del lugar. Actualmente, la institución cuenta con  alumnos que asisten en el turno de 13 a 17:15.

“Trabajo en una escuela rural, donde los chicos trabajan en el sistema de plurigrado. Vienen de distintos grados en el mismo salón”, explicó la docente, quien es la única maestra a cargo de los contenidos centrales de la jornada escolar. La Escuela N° 791 recibe alumnos de distintos niveles, aunque actualmente no cuenta con matrícula en todos los grados. Rodríguez Olivera señaló que el trabajo en plurigrado exige una organización particular, con actividades adaptadas para cada estudiante.

“Yo venía de trabajar en una escuela en Posadas, donde planificaba solamente para un grado, y me sorprendí terriblemente cuando llegué y tenía que trabajar con todos los grados. Es un desafío que uno tiene que enfrentar y va aprendiendo con el paso del tiempo”, relató. Además de la enseñanza de lengua, matemática y otras áreas, la escuela recibe semanalmente a una profesora de Educación Física y a una docente de artística, quienes dictan dos horas de clases por semana. La institución también cuenta con un aula satélite ubicada a unos cinco kilómetros, que recibe parte de las donaciones destinadas a la comunidad educativa.

Los niños que viven más lejos caminan habitualmente entre tres y cuatro kilómetros para asistir. En algunas oportunidades pueden trasladarse en moto o con vecinos que pasan por la zona, aunque la mayoría realiza el trayecto a pie. “La mayoría de las veces vienen y vuelven caminando. A veces vuelvo caminando con ellos porque vivo en la escuela y aprovecho para acompañarlos”, contó Rodríguez Olivera.

La docente relató que, aun durante jornadas de lluvia, varios alumnos insisten en asistir. El martes pasado, algunos llegaron mojados porque tenían evaluaciones previstas y no querían faltar. “Vinieron bajo lluvia a la escuela. Uno quiere que asistan, pero también está el tema de que se mojan, se enferman y después se quedan varios días sin poder venir”, explicó.

Ante esas situaciones, la maestra prepara bebidas calientes para que los chicos puedan entrar en calor al llegar al aula. La institución brinda merienda con recursos asignados por Nación, aunque durante los días fríos la docente adapta la atención según las necesidades de los alumnos.

“Llegaron y puse agua a calentar, preparé té con leche calentito. Me decían: ‘Maestra, mirá mi panza, está calentita’. Uno, con el paso del tiempo, se convierte un poquito más en mamá también de los chicos, está pendiente de su salud y de su alimentación”, expresó.

La escuela atraviesa un problema en el suministro de agua, por el cual esperan una respuesta del Ministerio de Educación. A comienzos de este año, se resolvió una falla eléctrica que representaba un riesgo para la comunidad educativa. “Es una escuela que tiene 30 años de edificio, así que siempre hay cosas para arreglar. Ahora estamos con el problema del agua y esperando una respuesta para solucionarlo”, indicó.

Rodríguez Olivera también pidió colaboración con pilotines para que los chicos puedan regresar a sus casas sin mojarse cuando llueve al finalizar las clases. Tiempo atrás, la comunidad recibió telas de paraguas en desuso, que fueron reutilizadas para fabricar protectores impermeables. Cabe destacar que luego de la difusión de esta entrevista, seguidores de Misiones Online ya se pusieron en contacto con la docente, para facilitar estos elementos.

Las familias de los alumnos trabajan principalmente como peones rurales, tareferos, cuidadores de ganado o en tareas de chacra. Para reunir fondos, la escuela organiza ferias con ropa donada, que luego se vende a precios accesibles a los vecinos. La docente destacó el acompañamiento de José Valenzuela, profesor de Educación Física de Posadas que colabora hace años con la institución y acerca útiles, mapas, materiales escolares, ropa y otros elementos para la escuela y su aula satélite. Quienes deseen colaborar con la Escuela N° 791 de Comandante Andresito pueden comunicarse con él, al 3764-298386.

“Hay muchos colegas que recorren días de barro y llegan igual a las escuelas. Es un orgullo ver todo el trabajo que hacen. Por ahí es invisible, pero bendigo su trabajo y soy orgullosa de ser docente”, afirmó Rodríguez Olivera.

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