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Aunque el tipo de cambio aumentó cerca de un 5% en junio, economistas descartan un escenario de tensión cambiaria y consideran que el traslado a precios será acotado. Sin embargo, anticipan que el proceso de desaceleración de la inflación podría perder velocidad.
La suba cercana al 5% que registró el dólar durante junio, más del doble de la inflación estimada para ese mes —que el consenso de los analistas ubica por debajo del 2%—, volvió a instalar el debate sobre el impacto del tipo de cambio en la evolución de los precios.
Si bien los especialistas coinciden en que no existe un escenario de alarma cambiaria, advierten que el aumento del dólar tendrá algún grado de traslado a la inflación, especialmente en bienes y servicios con costos dolarizados.
Pese al avance de junio, el tipo de cambio continúa rezagado respecto de la inflación acumulada en lo que va del año: mientras el dólar aumentó alrededor de 2%, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumula un incremento de 14,7%.
Uno de los primeros efectos ya comenzó a reflejarse en las tarifas. El secretario de Energía y Minería, Daniel González, explicó que parte del aumento del 3% en las facturas de gas de julio responde al encarecimiento del costo del combustible medido en dólares.
Un traslado a precios, pero acotado
El economista Fernando Marull sostuvo que en la última semana de junio detectó una aceleración de la inflación semanal hasta el 0,9%, cuando en las semanas anteriores se ubicaba entre 0,3% y 0,4%.
Según el especialista, parte de ese incremento puede atribuirse al movimiento del tipo de cambio, aunque mantuvo su proyección de una inflación mensual cercana al 1,8%. A su vez, consideró que muchas empresas tendrán dificultades para trasladar totalmente la suba del dólar a los precios debido a la debilidad del consumo.
Marull también relativizó los factores internos y atribuyó buena parte del movimiento cambiario al fortalecimiento del dólar a nivel internacional.
Una desaceleración más lenta
Para Sebastián Menescaldi, director de EcoGo, el segundo semestre estará marcado por un reacomodamiento del tipo de cambio que impedirá que la inflación continúe desacelerándose al ritmo observado en los últimos meses.
En ese escenario, la consultora proyecta que la inflación se mantendrá en un rango de entre 1,5% y 2% mensual hasta fin de año, impulsada por una menor oferta de divisas, una mayor demanda de cobertura cambiaria en un contexto electoral y la continuidad de la compra de dólares por parte del Banco Central.
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El mayor impacto sería sobre los precios mayoristas
Desde la consultora LCG, el economista Javier Okseniuk consideró que el efecto inicial del dólar más alto se verá principalmente en los precios mayoristas y luego, dependiendo de la evolución del consumo y de la actividad económica, podría trasladarse parcialmente a los precios minoristas.
En la misma línea, Ramiro Tosi, de Sudamericana Visión, estimó que el comportamiento de los precios mayoristas durante junio será un indicador clave para medir el impacto del movimiento cambiario. Sin embargo, opinó que la desaceleración observada en el rubro Alimentos y Bebidas, que tiene un fuerte peso dentro del IPC, podría compensar buena parte de esa presión.
Los analistas también coinciden en que el mercado espera una suba gradual del tipo de cambio durante el segundo semestre. Las cotizaciones del dólar futuro proyectan un valor cercano a $1.650 para diciembre, lo que implicaría un incremento aproximado del 13% respecto de los niveles actuales, un ritmo que, según los especialistas, seguiría siendo compatible con una inflación mensual cercana al 2%.
Fuente: Infobae

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