Estudio revela que uno de cada cuatro adolescentes realizó retos virales en redes en el último año: “La búsqueda de aceptación social es el principal motivo”

Un estudio de la Universidad Austral reveló que uno de cuatro adolescentes argentinos participó en desafíos virales durante el último año. Santiago Resett, investigador del CONICET, alertó sobre los riesgos de estos retos, que van desde la sobreexposición hasta la autoasfixia.

 

Santiago Resett en Radio Up

Uno de cada cuatro adolescentes realizó algún reto viral en el último año, según un estudio de la Universidad Austral. Así lo explicó Santiago Resett, investigador independiente del CONICET y docente de la Universidad Argentina de la Empresa, quien participó en la investigación.

Advirtió sobre el aumento de estos desafíos, algunos lamentablemente con consecuencias trágicas y la falta de conciencia sobre sus peligros.

El estudio, que incluyó a más de 800 adolescentes de entre 11 y 17 años, reveló alarmantes cifras mencionadas. “También los números pueden ser más altos porque uno le pregunta en el último año y ahí apela a la memoria. Entonces, tal vez los porcentajes pueden ser más altos, se pueden haber olvidado de que realizaban estos retos virales”, afirmó.

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“Si uno se pone a analizar más minuciosamente estos porcentajes, el 15% ha realizado uno o dos en el último año, pero alrededor del otro 5%, ha realizado tres o cuatro y el grupo restante, que es otro 5%, ha realizado cinco, seis o más retos virales”, se explayó.

Además, señaló que existen distintos tipos de retos, algunos de ellos sumamente peligrosos porque atentan contra la salud mental de los jóvenes.

Resett recordó un caso trágico en Argentina: “Acá en el año 2023, en Río Negro, hubo un reto viral, el Blackout Challenge, que era Blackout porque había que provocarse la autoasfixia. Murió un adolescente, también el mismo día que muere el adolescente, hay otros dos casos de adolescentes de 13 años que también se provocaron autoasfixia, que no fallecieron”.

El especialista explicó que un reto viral consiste en “realizar una tarea o desafío que puede ser de diversa índole índole, subirlo a las redes y que incita a que se copie, a que se emule la acción”. Afortunadamente, estos desafíos extremos son la minoría.

El especialista también destacó que los adolescentes que participan en muchos retos virales muestran una mayor adicción a internet, a las apuestas y al consumo de pornografía. Para Resett, el problema central radica en la sobreexposición. “Hay retos virales que no son tan peligrosos, como bailar, hacer una coreografía en grupo, etcétera. El tema es que al ser menores de edad y todo el tiempo estar sobrecompartiendo en redes sociales de forma viral, subiendo fotos, videos, la coreografía de baile es en el patio de la escuela con el uniforme de la escuela y son adolescentes de 13 años”.

Además, según el investigador, quienes realizan más retos virales sufren de ciberbullying y están expuestos al grooming. “Al estar exponiéndose en TikTok, en Instagram, donde muchas veces tienen los perfiles abiertos a todo el mundo o tienen 500 seguidores, un adulto ve eso y lo ve con el uniforme de la escuela, ve que tiene 13 años, ve toda la información personal que está subiendo, tranquilamente puede empezar a entrar en contacto con ese adolescente pidiéndole más fotos, videos”.

Por ello, considera que la preocupación de los padres debe ir más allá de un simple baile, ya que existen múltiples peligros para los menores de edad.

La aceptación social

Al analizar los motivos detrás de la participación en estos retos, indicó que hay múltiples factores, pero uno es el que prepondera. “El principal motivo era precisamente pertenecer al grupo de pares, que es muy de los adolescentes. El adolescente está muy pendiente de no quedar afuera, porque todos lo hacen. Está muy pendiente de la aceptación social, de si es querido, de la mirada del otro”, afirmó el investigador.

Resett también explicó que los adolescentes son más impulsivos y tienen una emocionalidad a flor de piel. Puso como ejemplo un desafío no nocivo, como pelar un huevo sin romper la membrana, pero advirtió: “Ese desafío viral no va a tener tantos me gusta como si vos hacés algo peligroso, que implique adrenalina, va a tener más visualización y más me gusta”.

A propósito de esto, el especialista citó al investigador cognitivo David Elkind y su concepto del egocentrismo adolescente. “Él dice que el adolescente, a diferencia del niño de la escuela, o sea, tiene un pensamiento abstracto, hipotético, puede pensar sobre su propio pensamiento. Entonces, está muy pendiente y sobrevalora la mirada del otro. Ahora puede darse cuenta que su forma de pensar es distinta a la del otro”.

Elkind también acuñó los términos “audiencia imaginaria” y “fábula personal”. Según esta teoría, el adolescente “piensa que todo el mundo lo está observando, se está comparando socialmente. Pero en realidad, si uno cuando madura se da cuenta, en realidad, el que lo que está todo pendiente de mí es mi familia, mis amigos. Nadie se va a acordar que o pocas personas se van a acordar que yo fui con esta misma camisa o ropa a una fiesta hace dos meses, pero él cree que está siendo juzgado, observado todo el tiempo”.

Con las redes sociales, este fenómeno se masifica y potencia, ya que se comparan con famosos.

Educación digital

Respecto a la prohibición de redes sociales para menores, Resett comparó la situación con no darle una moto a un niño de 12 o 13 años. “Obviamente que la prohibición sola no alcanza. Pero a ver, ¿qué quiero decir? Alcanza para conductas puntuales, pero eso que están haciendo otros países es cierto porque ya a los 16 ya les da la red. Es cierto que está bien porque a los 13, 14, 15 todavía tienen estas vulnerabilidades”, explicó.

Sin embargo, el investigador advirtió que las prohibiciones no resuelven el problema de fondo del uso irresponsable. Puso como ejemplo las amenazas de tiroteo en San Cristóbal: “Ponían multas cuantiosas y solucionó ese tema, pero no solucionó todo el uso irresponsable de los menores de edad”.

Resett sugirió un enfoque similar al de la educación vial. “¿Cómo va a tener un tránsito no tan caótico? Con multas, pero principalmente también con educación vial temprana, no solo para los conductores, para los peatones ya tempranamente, porque el tema no podés multar a todo el mundo. Vas a multar a los grandes infractores, pero no solucionas”, afirmó. Para él, la solución implica distintos niveles, con una mayor involucración del Estado.

El especialista enfatizó la necesidad de un diagnóstico preciso: “Ni siquiera tenemos una buena evaluación, diagnóstico de qué nivel de adicción a redes sociales en todo el país, que es lo principal para cualquier problema es un buen diagnóstico. ¿Qué está pasando, a qué edad está pasando, en qué ciudades, en qué sectores pasa más estas cuestiones, qué hacen los padres?”.

Finalmente, Resett destacó la falta de conciencia de los propios adultos sobre la adicción al celular e internet. “El gran problema, ¿sabes cuál es esto? Y de la escuela, que la adicción al celular, al internet, los mismos adultos no están teniendo conciencia del grave problema de salud física y mental que es”, concluyó el investigador. Mencionó que muchos padres se preocupan por el consumo de alcohol o marihuana, pero no ven esta problemática que causa grandes problemas de salud mental en el futuro.

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