Científicos de la Universidad del Sur de Florida descubrieron en la Antártida un compuesto bacteriano que elimina células de melanoma sin dañar las sanas. La sustancia, hallada en una ascidia, abre una nueva línea de investigación para tratamientos contra el cáncer de piel, una enfermedad que causa 57.000 muertes al año y podría alcanzar las 96.000 para 2040.
Un equipo de científicos de la Universidad del Sur de Florida (USF) estudia un pequeño organismo de la Antártida que podría ofrecer información valiosa para desarrollar futuros tratamientos contra una de las formas más agresivas de cáncer de piel. El hallazgo se enfoca en una especie de ascidia que alberga una bacteria capaz de producir un compuesto con una característica relevante: elimina células de melanoma sin afectar a las células humanas sanas.
Este descubrimiento impulsa una nueva etapa de investigación, y especialistas de la USF realizaron una expedición científica de seis semanas en la Península Antártica. Allí recolectaron muestras y buscaron comprender cómo se produce este compuesto en la naturaleza.
Qué son las ascidias
Las ascidias, también conocidas como chorlitos marinos, son invertebrados con forma de saco que viven adheridos a superficies del fondo oceánico. En la Antártida, estos organismos suelen encontrarse sobre paredes submarinas inclinadas o verticales y las fuertes corrientes transportan los nutrientes necesarios para su supervivencia.

El interés científico por estos organismos radica en su larga evolución en un ambiente aislado y extremadamente hostil. Durante millones de años, desarrollaron mecanismos de defensa química para protegerse de depredadores y enfermedades y esta capacidad despertó el interés de los investigadores por su posible aplicación médica.
Bill Baker, profesor de química de la USF, explicó que el continente ofrece condiciones únicas para estudiar especies altamente especializadas. “El continente es único porque permaneció aislado geográfica y ambientalmente durante millones de años. Como resultado, las especies de la Antártida tuvieron tiempo de evolucionar de forma independiente, dando lugar a organismos altamente especializados”, afirmó en una entrevista con la universidad.
Actividad frente al melanoma
El interés por esta especie comenzó hace dos décadas, cuando Baker identificó el potencial biológico de una bacteria asociada a estas ascidias. Una nueva expedición, financiada por la Fundación Nacional de Ciencias, buscó responder interrogantes fundamentales sobre el origen del compuesto y la forma en que interactúa con el organismo que lo alberga.
De acuerdo con la información difundida por la USF, los investigadores detectaron que la bacteria produce una sustancia capaz de destruir células de melanoma sin provocar daños en células humanas sanas. Además, Baker destacó que “esta característica es fundamental en el desarrollo de fármacos, ya que se busca tratar la enfermedad sin perjudicar al paciente”.
El melanoma representa la forma más grave de cáncer de piel. Según datos y estudios citados por Science Focus, provoca alrededor de 57.000 muertes cada año en el mundo, y las proyecciones indican que esa cifra podría alcanzar las 96.000 para 2040. Las tasas más elevadas se registran entre personas de piel clara en Australia y Nueva Zelanda, seguidas por Europa Occidental.
La campaña científica reunió a investigadores de la USF junto con especialistas del Desert Research Institute y del Scripps Institution of Oceanography. Durante seis semanas, realizaron inmersiones bajo el hielo antártico para recolectar ejemplares situados a profundidades que alcanzaron los 24 metros, y también utilizaron vehículos operados a distancia para explorar zonas aún más profundas.
El trabajo implicó enfrentar temperaturas extremas, hielo, escasa visibilidad, cambios constantes en el estado del mar e incluso la presencia ocasional de focas leopardo.
Ben Meister, oficial de seguridad de buceo de la USF, describió las dificultades operativas de la expedición. “En promedio, nuestras inmersiones duraban entre 25 y 35 minutos, con una profundidad máxima de 40 metros”, explicó. También resaltó que “en la Antártida, hay que lidiar con hielo, focas leopardo, mares cambiantes y, a veces, visibilidad muy limitada. Cada inmersión debe planificarse cuidadosamente para lograr el equilibrio entre realizar el trabajo y garantizar la seguridad de todos”.
Por su parte, el investigador posdoctoral Sam Afoullouss señaló que uno de los principales objetivos consistió en determinar la distribución de la bacteria dentro de las ascidias y comprender la relación entre ese microorganismo y los compuestos asociados con la investigación sobre melanoma.
Tras el regreso de la expedición, las muestras comenzaron a distribuirse entre distintos equipos científicos para realizar análisis de ADN, estudios químicos y evaluaciones biológicas. Los investigadores estimaron que este proceso podría extenderse durante meses o incluso años antes de determinar si el compuesto reúne las condiciones necesarias para convertirse en la base de un futuro tratamiento.
Baker señaló que la investigación posee relevancia tanto desde el punto de vista medioambiental como médico, ya que permite comprender de qué manera los organismos utilizan la simbiosis para sobrevivir en condiciones extremas, un fenómeno que todavía se conoce poco en los ecosistemas de aguas frías de la Antártida. Destacó que identificar el origen y la función de ese compuesto resulta esencial para evaluar su posible desarrollo como un futuro fármaco, según la información difundida por la Universidad del Sur de Florida.
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