El Apóstol Guillermo Decena expresó que todas las maldiciones se quiebran cuando nos alineamos al Señor y a sus mandatos. Cuando deseamos obedecerle entendemos que Dios desea que prosperemos en todas las cosas. Esta es la voluntad de Dios y es la vida que Cristo nos vino a dar.
“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 1:2).
Todas las maldiciones se quiebran cuando nos alineamos al Señor y a sus mandatos. Cuando deseamos obedecerle de verdad entendemos que Dios desea que prosperemos en todas las cosas. Esta es la voluntad de Dios y es, sin duda, la vida que Cristo nos vino a dar. Cuando dejamos que Jesús nos sane el corazón de toda amargura entonces estamos listos para aprender a dejar fluir la unción del Espíritu Santo, y allí surge la multiplicación, el crecimiento y los frutos.
Hay muchísimos aspectos involucrados en el tema de la prosperidad material y múltiples respuestas de porqué las personas no pueden quebrar las maldiciones económicas.
En este marco el Apóstol Guillermo Decena dijo que la Palabra nos muestra, a través de grandes hombres de fe, que hay actitudes positivas que ayudarán a quebrantar las maldiciones que limitan al cristiano.
I. ABRAHAM: UN HOMBRE DILIGENTE.
Abraham fue una persona que puso manos a la obra inmediatamente cuando vió que era necesario obedecer a Dios. Lo que espera Dios es nuestra acción concreta que evidencia nuestra creencia en Él, pues Abraham no solo que creyó en Dios sino que le creyó a Dios, y por tanto se puso en marcha hacia un lugar que ni conocía, pero que el Altísimo le prometía como herencia para él, su descendencia para siempre.
“Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición” (Génesis 12:1-9).
Abraham era una persona de acción y más cuando Dios le marcaba el camino. Las acciones y los hechos de una persona son la prueba o evidencia visible de sus convicciones reales. La fe real es dinámica e imprime acción y obediencia a los mandatos de Dios.
“La mano negligente empobrece; Mas la mano de los diligentes enriquece” (Proverbio 10:4).
Esta sabiduría práctica contrasta directamente la pereza y la negligencia con el valor del esfuerzo y el trabajo constante. Este concepto destaca lecciones fundamentales:
• Esfuerzo y constancia: El trabajo continuo y responsable, la planificación, la acción y la ejecución ordenada generan prosperidad.
• Abraham un hombre de pacto: Dios hizo un acuerdo incondicional con él, prometiéndole convertirlo en padre de multitudes, darle una tierra próspera y bendecir a todas las naciones a través de su descendencia.
Abraham es el ejemplo máximo de cómo la fe (creerle a Dios) se traduce en una vida de obediencia, incluso cuando las circunstancias parecen imposibles.
II. ISAAC.
“(…) se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré” (Génesis 26:1-3).
A pesar de una gran sequía y crisis en la región, Isaac sembró en aquellas tierras y cosechó el ciento por uno ese mismo año, enriqueciéndose y haciéndose muy poderoso gracias a la bendición de Dios. Su riqueza fue tan inmensa que los filisteos le tuvieron envidia y el rey Abimelec le pidió que se apartara de ellos porque se había vuelto más poderoso que su pueblo.
Además de la bendición heredada y la promesa hecha a su padre y su descendencia, Dios muestra algo fundamental: cuando se habla de la unción de prosperidad, las personas que están a tu lado son muy importante. Y mucho más importante es el conyugue que te acompaña toda la vida como Dios manda. Isaac y Rebecca eran la perfecta voluntad de Dios. Muchísimas personas nunca prosperan porque tropiezan en este punto, lo que termina siendo un impedimento en su economía para siempre, pues impulsará decisiones fundamentales en el avance económico de la familia, si no toma medidas sabias de acuerdo a la palabra de Dios.
III. JACOB: DIOS ES EL DUEÑO DE TODO.
“De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan” (Salmos 24:1-2).
Cuando analizamos la prosperidad de Jacob vemos que, a pesar de su desarraigo y de los engaños de su suegro, que le robaba económicamente, Dios le dio abundante prosperidad. Porque en esta familia bendecida había prosperidad que fluía en las generaciones.
Inmediatamente después de que Jacob engañara a Esaú para privarlo de su primogenitura, y huyera para evitar lo que le sobrevendría, durante el viaje, encontró un lugar donde descansar y dormir. Allí tuvo un sueño conocido como «la escalera de Jacob», tuvo una visión en la que Dios le prometía múltiples bendiciones. Al despertar, hizo un voto a Dios.
«Si Dios está conmigo y me cuida en este viaje que emprendo, y me da alimento y ropa para vestirme, de modo que regrese sano y salvo a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios, y esta piedra que he erigido como pilar será la casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo».
Dios le había hecho estas promesas a Jacob en el sueño:
1. La tierra sobre la que estás acostado te la daré.
2. Yo estoy contigo y te guardaré en todo lugar.
3. Te traerá de vuelta a esta tierra.
Debemos interpretar bien el pasaje porque Jacob no formuló estas exigencias. Dios se las reveló y se las prometió. El «si» no es una cuestión de duda o cuestionamiento por parte de Jacob, sino una confirmación. El “si” también puede leerse como “ya que”. Jacob no estaba haciendo un trato con Dios. Estaba afirmando su fe en Dios.
IV. JOSE: UNA VIDA INTACHABLE.
“Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; (…) y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano” (Génesis 39:2-3).
José tenía una maravillosa unción de prosperidad, siendo que no era una persona común, era un esclavo. Había algo especial en él y cualquiera se daba cuenta, porque todo lo que hacía prosperaba. Pero él tenía una actitud poderosa: su integridad, sus valores espirituales y su rechazo al mal. Finalmente, es promocionado en Egipto con gran poder y prestigio, a un puesto de gran prosperidad. El Faraón nombró a José como gobernador y administrador supremo de todo Egipto tras interpretar correctamente sus sueños sobre siete años de abundancia y siete de escasez. Con solo 30 años, se convirtió en el segundo hombre más poderoso del reino.
La unción de prosperidad, es Dios haciendo milagros en nuestra vida, pero nunca olvidemos que no es automático y todas estas actitudes deberían acompañar la vida de los hijos de Dios para ver los frutos.
Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!
Apóstol Guillermo Decena
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