“La conducta se aprende”: especialista señaló que los perros agresivos pueden atravesar procesos de resocialización

 El especialista José Cáceres señaló que los animales adultos con comportamientos agresivos pueden atravesar procesos de reeducación, aunque remarcó que el trabajo también debe involucrar a sus tutores y revisar las condiciones de crianza, selección y convivencia.

Luego del procedimiento realizado en Posadas, donde tres perros de raza pitbull fueron retirados de un domicilio del barrio Ingar y quedaron bajo resguardo del Instituto Municipal de Sanidad Animal (Imusa) por una investigación vinculada a presuntas conductas agresivas, un instructor canino explicó cómo se aborda la recuperación y socialización de animales con este tipo de comportamientos.

José Cáceres, especialista en educación canina, sostuvo que un perro adulto con episodios de agresividad puede modificar sus conductas mediante un proceso de reeducación, aunque aclaró que el abordaje no se centra únicamente en el animal, sino también en la persona responsable de su crianza.

“Todas esas conductas de agresividad que usted mencionó son formas de comunicación que el perro aprendió. A través de una reeducación o una resocialización del animal podría realizarse un cambio”, explicó Cáceres, quien comparó el proceso con una terapia aplicada a las personas.

Según el instructor, el primer paso consiste en analizar cómo fue criado el perro, de qué manera llegó a la familia y qué estímulos recibió durante su desarrollo. “El responsable en sí es quien lo conduce. El perro aprendió de acuerdo a quién lo guió, quién lo seleccionó y quién lo adoptó”, afirmó.

El trabajo comienza en el hogar

Consultado sobre si la intervención debe realizarse fuera del domicilio o en el mismo lugar donde vive el animal, Cáceres explicó que su metodología contempla trabajar inicialmente en la casa del perro. “Mi protocolo comienza en la casa, porque estoy seguro de que muchas veces esa conducta se aprendió allí. También hay que reeducar al tutor responsable”, indicó.

En ese sentido, señaló que determinadas acciones que dentro del ámbito familiar pueden interpretarse como muestras de afecto, en otros espacios pueden generar dificultades de convivencia. “En su fuero íntimo puede hacer lo que sea, pero hay que tener en cuenta que ese animal tiene que convivir con la sociedad”, sostuvo.

Respecto al tiempo que puede demandar una modificación de conducta, el especialista indicó que no existe un plazo fijo, ya que depende de cada caso. Explicó que las sesiones deben ser breves y constantes, debido a que los perros pueden agotarse después de períodos prolongados de trabajo.

“Deben ser sesiones cortas. El perro arriba de los 40 minutos ya se siente extenuado. Tiene que haber compromiso del tutor”, manifestó.

Cáceres señaló que para comprender una conducta agresiva es necesario revisar distintos aspectos, entre ellos la genética, el origen del animal y la forma en la que fue incorporado a la familia. “Hay que preguntar cómo lo seleccionó, de qué manera lo adquirió, quiénes fueron sus padres y qué antecedentes tenía. La genética también tiene mucho que ver”, explicó.

El instructor remarcó que uno de los errores más frecuentes de los propietarios es tratar de interpretar a los perros desde una lógica humana. “El error más grande que cometemos es humanizar al perro. Intentamos entenderlo en términos humanos cuando tiene una forma de comunicación propia”, afirmó.

En relación con los ataques protagonizados por perros, sostuvo que generalmente existen señales previas antes de una reacción agresiva. “No es que el comportamiento aparece de golpe. Antes hubo indicativos”, señaló.

Para ejemplificarlo, mencionó las denominadas “señales de calma” estudiadas por la etología, la disciplina que analiza la conducta animal. Según explicó, los perros suelen manifestar cambios corporales antes de una agresión, ya sea por miedo, dolor o protección de recursos.

La convivencia y los límites

El especialista aclaró que la convivencia cercana entre personas y perros no representa un problema por sí misma, pero advirtió que debe existir una guía adecuada por parte del tutor. “Está demostrado científicamente que el perro es terapéutico y nos hace bien. El problema aparece cuando no comprendemos cómo funciona su comportamiento”, sostuvo.

En esa línea, explicó que situaciones como permitir que el animal controle determinados espacios o recursos pueden generar conflictos si no existe una conducción clara. “Hay que entender que el perro tiene otra manera de comunicarse. No está mal darle cariño, pero también hay que establecer límites”, expresó.

Sobre los perros de razas consideradas de mayor potencia física, Cáceres destacó que la responsabilidad comienza desde la elección del animal. “Tengo que ser proporcional al perro que estoy seleccionando”, afirmó.

El caso que motivó la consulta ocurrió esta semana en Posadas, donde efectivos de la Comisaría Novena de la Unidad Regional X, junto con la Mini Brigada, la División Brigada de Canes y personal del Imusa, realizaron un allanamiento en una vivienda del barrio Ingar.

Durante el operativo, concretado por orden judicial y con presencia del propietario y testigos, fueron retirados tres perros pitbull: un macho blanco, una hembra gris y otro macho marrón con blanco. Los animales permanecen bajo resguardo y evaluación mientras continúan las actuaciones judiciales para determinar las circunstancias del caso.

 

 

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