El papa León XIV visitará Perú en noviembre y crece la expectativa por su posible llegada a la Argentina

El presidente peruano, José María Balcázar, confirmó que el papa León XIV realizará una visita apostólica a su país en la primera quincena de noviembre. La gira incluirá cinco ciudades clave y reaviva la esperanza de una visita del sumo pontífice a la Argentina, a pesar de las diferencias con el presidente Javier Milei.

El papa León XIV pisará suelo latinoamericano antes de fin de año. El presidente de Perú, José María Balcázar, confirmó oficialmente que el Sumo Pontífice realizará una histórica visita apostólica a su país durante la primera quincena de noviembre. El arribo del Papa está proyectado inicialmente para el martes 10 de ese mes y se estima que la gira se extenderá entre ocho y diez días.

El mandatario peruano dio a conocer la noticia luego de mantener una audiencia privada con el jefe de la Iglesia Católica en el Vaticano. Durante la reunión, León XIV ratificó un itinerario federal que —hasta el momento— abarca cinco ciudades clave: Lima, Piura, Chiclayo, Cusco y Pucallpa, un recorrido que combinará grandes centros urbanos con zonas de la Amazonia y el altiplano.

A falta de la confirmación del cronograma definitivo por parte de la Santa Sede, las autoridades de Perú ya comenzaron con el despliegue logístico y de seguridad. Uno de los puntos más destacados del viaje será la escala en Chiclayo, desde donde el Gobierno local planifica el traslado del pontífice en helicóptero hacia las zonas rurales de Incahuasi y Cañaris para concretar un encuentro directo con las comunidades locales quechuahablantes.

Asimismo, ya se definió el espacio para la que promete ser la cita más masiva del viaje: una multitudinaria misa oficial sobre un predio de 3000 hectáreas en las pampas de Reque, en el norte peruano. Desde el Ejecutivo no descartan que, tras las evaluaciones de la comitiva de seguridad del Vaticano, se puedan sumar destinos adicionales como Puno e Iquitos a la travesía.

La expectativa en Argentina

El presidente Javier Milei se mostró muy entusiasmado con la posibilidad de que el papa León XIV visite el país. En sintonía con su jefe, el canciller Pablo Quirno le entregó en mano al pontífice hace un par de meses la carta de invitación de rigor, trámite que bien podría haber cumplido el embajador ante la Santa Sede. El mandatario, incluso, escribió días pasados un insólito tuit en el que “anticipa”, simpáticamente, la supuesta concreción de la visita antes de fin de año, lo que causó perplejidad en la Secretaría de Estado del Vaticano, que es la que anuncia los viajes papales.

Sin embargo, tanto entusiasmo no se corresponde con la enorme brecha de muchas de las posturas que enarbola el presidente con las del catolicismo en general y de los últimos papas en particular. Con solo mencionar sus diferencias con la Doctrina Social de la Iglesia —como buen libertario— alcanza, comenzando por su rechazo al concepto de justicia social, aunque tiene una coincidencia no menor en la condena al aborto. Estas diferencias fueron más manifiestas durante el papado de Francisco por el perfil del argentino, que lo llevaron a calificarlo de “comunista”.

Divergencias sobre la IA

En los últimos meses, Milei sumó otra diferencia no menor: su posición respecto de la utilización de la inteligencia artificial (IA). Sobre todo, su oposición a la regulación de la IA, como lo expuso en un reciente artículo en el diario británico Financial Times, al expresar su deseo de que el país se convierta en un polo de innovación tecnológica con mínima intervención estatal. Allí manifestó su “compromiso” de no regularla “para que pueda desarrollarse libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida”.

Su toma de posición —previsible— se produjo poco después de que el papa León XIV difundiera su primera encíclica, Magnifica Humanitas (Magnifica Humanidad), en la que ya en los primeros párrafos aboga por una regulación de la inteligencia artificial. “Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionados del poder tecnológico”, afirmó. No obstante, aclaró que “la cuestión no se limita a la regulación”, sino a otros aspectos como la educación.

León XIV es claro en cuanto a los beneficios y los riesgos tecnológicos. “La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa Común, pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es en sí misma un mal, pero no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”. En definitiva, celebra los avances, pero alerta ante el peligro de la deshumanización.

tn.com.ar

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