Andrea Lenczinski decidió apostar al agregado de valor para sostener una finca familiar con casi un siglo de historia. En medio de la crisis que golpea a la yerba mate y al té, produce variedades artesanales de alta gama y reclama herramientas para que los colonos puedan seguir viviendo de la tierra.
En una chacra de Colonia Guaraní, donde todavía sobreviven plantaciones de té implantadas hace más de ocho décadas, Andrea Lenczinski encontró una manera de resistir una crisis que golpea con fuerza a los productores misioneros. Mientras muchos colonos buscan alternativas para sostenerse frente a la caída de los precios de la yerba mate y del té, ella decidió apostar por un camino diferente: elaborar té gourmet en pequeñas partidas para agregar valor y mantener viva la historia de su familia.
La finca, conocida como Finca Victoria, guarda el legado de inmigrantes polacos que llegaron a Misiones durante las primeras décadas del siglo pasado. Allí, entre plantaciones heredadas y saberes transmitidos de generación en generación, Andrea desarrolla hoy un proyecto que comercializa té de especialidad en distintos puntos del país e incluso en mercados del exterior.
“Hago una producción bien gourmet porque es la forma de revalorizar mi té”, explica la productora al describir una iniciativa que nació más por necesidad que por estrategia comercial.
Una herencia que se niega a desaparecer
Los orígenes de la chacra se remontan a finales de la década de 1920, cuando los inmigrantes Gregorio Szyszco y Gregorio Lenczinski llegaron a Misiones para iniciar una vida ligada al trabajo de la tierra.
Con el paso de los años, aquellas plantaciones se transformaron en el sustento de varias generaciones. Sin embargo, el escenario actual pone en riesgo la continuidad de muchas explotaciones familiares que dependen de las economías regionales.
Lejos de resignarse, Andrea decidió regresar a la chacra y buscar una alternativa que permitiera conservar las variedades históricas de té que habían sido cuidadas durante décadas.
La respuesta fue reducir escala, apostar a la calidad y elaborar un producto diferenciado capaz de encontrar nichos de mercado donde el trabajo artesanal y el origen tengan valor.
Cuando producir materia prima deja de ser rentable
La situación económica que atraviesan los productores es el punto de partida de esta historia.
Andrea también produce yerba mate y conoce de cerca las dificultades que enfrentan los colonos. Según sostiene, los valores que actualmente reciben por la materia prima están muy lejos de cubrir los costos de producción.
“Vendiendo la hoja verde no se cubre ningún costo”, afirma.
La realidad del té, asegura, es aún más complicada.
“Tengo diez hectáreas de té y hoy no puedo cosecharlas. Lo único que hago es mantener las plantas y elaborar una pequeña cantidad en partidas limitadas”, relata.
Por eso, en lugar de destinar toda la producción a la industria tradicional, comenzó a desarrollar variedades de té artesanal con distintos niveles de oxidación y perfiles sensoriales específicos, orientados a consumidores que buscan productos de alta calidad.
Actualmente produce ocho tipos diferentes de té y complementa la propuesta con experiencias turísticas vinculadas al proceso de elaboración y a la historia de la finca.
Una crisis que también impacta en el empleo rural
La productora asegura que la situación económica se percibe en toda la región y afecta tanto a los productores como a los trabajadores rurales.
“Hay mucha desesperación. Mucha gente me escribe pidiendo trabajo y tengo que decirles que no. Tengo trabajo para hacer, pero no tengo cómo pagarlo”, lamenta.
Según explica, la caída de la rentabilidad repercute directamente en los pueblos del interior, donde buena parte de la economía depende de la actividad agropecuaria.
Por eso considera que las experiencias individuales pueden servir para resistir, pero no alcanzan para resolver los problemas estructurales que atraviesa el sector.
Innovar para seguir en la chacra
Andrea integra además un grupo de productores que trabaja en la obtención de certificaciones agroecológicas y en la incorporación de prácticas más sustentables.
En Finca Victoria ya avanzaron en la sustitución de insumos convencionales y en la implementación de tecnologías adaptadas a una producción de menor escala, como un horno solar destinado al secado de hojas.
Sin embargo, insiste en que la reconversión productiva requiere acompañamiento y financiamiento.
“Nos dijeron que tenemos que adaptarnos al mundo y eso queremos hacer, pero necesitamos herramientas para lograrlo”, sostiene.
Para la productora, el desafío no pasa únicamente por producir de otra manera, sino por generar condiciones que permitan a los colonos acceder a tecnología, financiamiento y canales de comercialización que les den mayor autonomía.
Entre las alternativas que imagina aparecen proyectos asociativos para procesar, envasar y comercializar productos con marcas propias, permitiendo que una mayor parte del valor agregado quede en manos de quienes producen.
“Hay que revalorizar la chacra y al colono, que hoy está expuesto a morir de hambre”, afirma.
Mientras tanto, continúa apostando por las mismas hectáreas que trabajaron sus abuelos hace casi un siglo. Entre las viejas plantaciones de té y el desafío cotidiano de sostener la producción, encontró una forma de resistir sin renunciar a sus raíces.
Esta nota fue elaborada a partir de información, testimonios y material audiovisual publicados por Bichos de Campo.
Tras 37 años protegiendo Parques Nacionales, Justo Herrera se retira. Fue un referente en Iguazú y luchó contra los agroquímicos. Su legado es clave para la conservación. 🌳🗺️https://t.co/Y7qRe5GgLa#Conservacion #Naturaleza #Guardaparque #Argentina pic.twitter.com/ERDtCtfhiq
— misionesonline.net (@misionesonline) June 14, 2026

Misiones | Con el impulso de la Expo Té, la provincia consolida su producción como un atractivo clave para el turismo internacional
El INTA evalúa cultivares de té para potenciar el desarrollo del té de especialidad en Misiones






