El abigeato se agudiza en la costa del Uruguay, desde Virasoro hacia Santa Tomé y Paso de los Libres, pero se agravó en los últimos tiempos debido al retiro del puesto de Prefectura que patrullaba la zona.
Es que varios de los robos han sido perpetrados por ladrones que cruzan el río Uruguay y trasladan a Brasil el fruto de sus tropelías. Los correntinos consideran que el abigeato, diezmando los campos ribereños de hacienda, ya es una “industria” bien aceitada, con patas asentadas en ambas riberas del río Uruguay.
Según el sitio valoragroar, en YouTube, crece la preocupación en la costa de Santo Tomé por los reiterados casos de abigeato. El productor Álvaro Pellegrini denunció que los delincuentes ingresan a los campos con total impunidad y advirtió que la situación empeoró tras el retiro del puesto de Prefectura de la zona.
«Hoy ya es tierra de nadie», afirmó el productor, quien recordó que meses atrás sufrió la matanza de 16 animales en un solo día. Según relató, los cuatreros se mueven por las propiedades privadas «como si fueran terrenos de ellos».
Los productores reclaman una respuesta urgente de las autoridades y el regreso de las fuerzas de seguridad para frenar una problemática que, aseguran, no deja de crecer.
Desde hace 10 años que el proyecto de dar validez de ley a los delitos rurales aún sigue fondeado, evidentemente hay mucho condimento de conveniencia en el medio, de ahí la situación.
En la provincia de Corrientes, el robo de ganado ha dejado de ser un delito de supervivencia para transformarse en una estructura de crimen organizado. Esta evolución, definida por el senador provincial Noel Breard como un abigeato industrializado, describe una logística que supera con creces el hurto tradicional. Para los magistrados, esta realidad ha convertido al delito en una gran organización criminal que opera con total impunidad en diversos puntos de la provincia.
La gravedad del problema se refleja en una millonaria evaporación de hacienda que desangra la economía del sur correntino. El fiscal José Casaré ha sido enfático al calificar este fenómeno como un flagelo que hay que combatir con todos los recursos disponibles.
La violencia en el campo ha alcanzado niveles críticos, con episodios que parecen extraídos de otra época; tal es el caso de la policía tiroteándose con cuatreros a caballo al estilo de principios del siglo XX. En la zona fronteriza, la tensión es constante debido al fuego cruzado donde bandas armadas han llegado a atacar a tiros a efectivos del Priar.
La diversificación de los grupos delictivos es llamativa. En La Cruz, se logró desmantelar una mega banda de cuatreros recuperando más de 80 vacunos. En Virasoro, cayó una organización dedicada al robo sistemático en campos de la zona, mientras que en Curuzú Cuatiá se desarticuló una banda liderada por mujeres. La logística incluye roles específicos, como se vio en San Roque con la detención del “remisero de la banda”.








