La mejora en la percepción de los mercados sobre la economía argentina volvió a reflejarse en el riesgo país, que cerró la semana en 438 puntos básicos tras registrar una fuerte caída luego de la reciente suba en la calificación crediticia de la deuda soberana. El movimiento fue impulsado por la decisión de la agencia evaluadora S&P de elevar la nota del país, apenas semanas después de una medida similar adoptada por Fitch.
El indicador elaborado por JP Morgan había terminado el miércoles en 503 puntos, pero la noticia conocida ese mismo día provocó una rápida reacción positiva entre los inversores y lo llevó a retroceder 65 unidades hasta ubicarse por debajo de los 450 puntos.
Para los analistas, la mejora en la calificación representa un cambio significativo para el acceso de Argentina a los mercados financieros. El economista jefe de Puente, Eric Ritondale, explicó que la decisión de S&P habilita el ingreso de fondos que hasta ahora tenían restricciones para invertir en deuda argentina.
«Muchos fondos de inversión operan bajo restricciones normativas estrictas que les impiden mantener activos de países calificados dentro del rango ‘CCC’. Por lo general, estos mandatos exigen que al menos dos de las tres principales agencias internacionales ubiquen al soberano en la categoría ‘B’ para autorizar nuevas asignaciones de capital. Con la mejora de S&P, este límite regulatorio se destraba y abre la puerta a flujos pasivos y activos de fondos que antes tenían vedado el riesgo argentino», detalló.
Según Ritondale, este nuevo escenario explica por qué los bonos soberanos registraron una reacción más fuerte que la observada tras la mejora otorgada anteriormente por Fitch. Como resultado, el diferencial de tasas entre los títulos argentinos y otros activos emergentes se redujo hasta los 250 puntos básicos, el menor nivel registrado en la última década.
En la misma línea, un informe de GMA Capital destacó el potencial impacto de la nueva calificación sobre el universo de inversores habilitados para operar con activos argentinos.
«El cambio de categoría amplía el universo de inversores potenciales, ya que numerosos fondos institucionales poseen restricciones para mantener activos con calificación ‘CCC’. En este sentido, en el mercado se estima que el capital potencialmente habilitado para invertir en la Argentina podría expandirse desde los US$150.000-250.000 millones hasta más de US$300.000 millones», puntualizó el informe.
La caída del riesgo país también reavivó el debate sobre una eventual vuelta de Argentina al mercado internacional de deuda. Con niveles cercanos a los actuales, el Gobierno tendría la posibilidad de emitir bonos a tasas de un dígito para refinanciar vencimientos, aunque por ahora el Ministerio de Economía continúa priorizando otras fuentes de financiamiento.
Desde GMA Capital señalaron que aún existe margen para una mayor mejora en los rendimientos si continúan consolidándose las variables macroeconómicas.
«Si el proceso de consolidación fiscal, desaceleración inflacionaria y fortalecimiento de reservas logran sostenerse, existe margen para una convergencia de rendimientos hacia los niveles observados en otros emisores con calificaciones similares», sostuvo la firma.
Por su parte, el jefe de Estrategia de Cohen, Martín Polo, consideró que el riesgo país ya dejó de ser el principal obstáculo para una eventual colocación de deuda en el exterior.
«Si uno mira los comparables de la Argentina, es decir, la diferencia que tiene contra otros países de América Latina o contra los bonos corporativos americanos, el riesgo país debería estar incluso un poquito más alto que el nivel actual. O sea, que estamos en un piso para el indicador, al menos en el corto plazo», dijo.
Sin embargo, Ritondale sostuvo que la tendencia favorable podría continuar en los próximos meses si se concretan nuevos factores positivos para la economía.
«Este sendero favorable podría verse amplificado en las próximas semanas por la maduración de nuevos catalizadores, tales como la formalización de líneas de financiamiento garantizadas por organismos internacionales, la realización de un nuevo pago de bonos soberanos en julio, el mantenimiento de las compras de reservas en niveles elevados y una eventual emisión internacional de bonos soberanos en el tercer trimestre del año», sostuvo.
Con el riesgo país en sus niveles más bajos de los últimos años, el Gobierno observa de cerca la evolución de los mercados mientras crecen las expectativas sobre una posible normalización del acceso al crédito internacional.

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