En el Congreso de WAN-IFRA en Marsella, A.G. Sulzberger, editor del New York Times, denunció a los gigantes tecnológicos por el uso no autorizado de contenidos para entrenar sus modelos. Reclamó un "despertar colectivo" y calificó las prácticas de Silicon Valley como una estrategia parasitaria que destruye el modelo de negocio de las redacciones.
La era de la inteligencia artificial generativa, iniciada formalmente con la irrupción masiva de herramientas como ChatGPT, ha puesto a la industria global de los medios en estado de alerta máxima. Durante el Congreso Mundial de Medios de Comunicación de WAN-IFRA, el editor de The New York Times, A.G. Sulzberger, pronunció un enérgico discurso en el que acusó a las grandes corporaciones tecnológicas de ejecutar un «descarado robo de propiedad intelectual a una escala sin precedentes» para alimentar sus modelos de lenguaje (LLM).
Sulzberger fundamentó la decisión del histórico periódico de dirimir el conflicto en los tribunales —tras demandar a OpenAI, Microsoft y Perplexity— señalando que el sector tecnológico utiliza el periodismo de investigación sin permiso ni compensación para construir productos sustitutivos. Esta dinámica, advirtió, asfixia las finanzas de los medios y debilita la rendición de cuentas, pilar fundamental de las democracias estables.
«Consideremos Google. El objetivo de los motores de búsqueda siempre ha sido identificar los sitios más útiles y luego dirigir a los usuarios hacia ellos. La gente iba a Google, buscaba un tema y luego hacía clic en un enlace a sitios como el Financial Times, Le Monde o El País para leer la noticia. Google se quedaba con la gran mayoría de los ingresos publicitarios. Pero también generaba un tráfico significativo hacia las organizaciones de noticias a través de enlaces, lo que permitía a los editores obtener ingresos mostrando anuncios o vendiendo suscripciones», explica en su discurso Sulzberger.
En la era de la IA, Google utiliza cada vez más el contenido de medios de comunicación y otros sitios web para responder preguntas directamente. Como resultado, según estudios del sector, conseguir que un usuario de Google haga clic en un enlace es diez veces más difícil hoy que hace una década. Sin embargo, Google sigue siendo la referencia en cuanto a la captación de lectores para los editores, y solo cabe esperar que mantenga este compromiso. Según un estudio, los modelos de IA de la competencia generan tráfico de referencia a un ritmo un 96 % inferior al de la búsqueda de Google.
Los gigantes tecnológicos son plenamente conscientes de las implicaciones de este cambio en los ya frágiles modelos de negocio de las organizaciones de noticias. Como escribió el director de monetización de IA de Microsoft : «La web abierta se construyó sobre un intercambio de valor implícito donde los editores hacían que el contenido fuera accesible y los canales de distribución —como la búsqueda— ayudaban a la gente a encontrarlo. Ese modelo no se adapta fácilmente a un mundo donde la IA es primordial».
Añadió: «Los editores necesitan formas sostenibles y transparentes de gestionar cómo se utiliza su contenido premium». Un sentimiento loable. Pero si observamos la página de lanzamiento reciente del propio motor de búsqueda con IA de Microsoft, encontraremos una postura diferente: «¡Hola desde Bing! En lugar de hacer clic en enlaces, podemos hablar sobre cualquier cosa que te interese».
El «pecado original» de Silicon Valley: datos gratis y asimetría financiera
El editor desmontó los argumentos de las tecnológicas, que suelen ampararse en la doctrina del «uso legítimo» (fair use) o en la supuesta necesidad de liberar la innovación.
«Los modelos de IA se componen de cuatro ingredientes básicos: talento, capacidad de procesamiento, energía y datos. Los tres primeros son remunerados. Ningún director ejecutivo sugeriría que los ingenieros trabajen gratis, ni robarían chips de Nvidia. En cambio, toman los datos sin consentimiento ni compensación», sentenciado Sulzberger.
Para el directivo, denominar «datos» al trabajo intelectual es una estrategia para trivializar el contenido protegido por derechos de autor. Citando métricas de inversión de los últimos años, subrayó que las seis principales empresas de IA concentran una valuación conjunta que supera el PBI de potencias europeas, pero destinan menos del 0,5% de sus recursos a compensar a los creadores de las fuentes de alta calidad que garantizan la fiabilidad de sus plataformas.
El impacto directo de este ecosistema se traduce en un desplome del tráfico web hacia las redacciones. Según estudios sectoriales expuestos en la cumbre, conseguir que un usuario haga clic en un enlace de búsqueda tradicional es hoy diez veces más difícil que hace una década, debido a que los chatbots de Google o Microsoft asimilan la información de los medios y responden de forma directa en sus propias interfaces.
De la web abierta al modelo «parasitario»
La transición tecnológica quebró el antiguo pacto de la web abierta, donde las plataformas concentraban la publicidad pero devolvían audiencias masivas mediante enlaces de referencia. En la actualidad, los bots de IA no solo reducen drásticamente ese tráfico de desvío, sino que ignoran activamente los sistemas de protección digital de los medios: investigaciones presentadas detallan que el 30% de los rastreadores automatizados violan las restricciones explícitas de los muros de pago (paywalls).
Sulzberger comparó la conducta de firmas como Meta, Anthropic o Perplexity con la antigua plataforma de música pirata Napster, calificando sus operaciones como abiertamente parasitarias. El vaciamiento económico ya muestra consecuencias críticas en el tejido social. En las últimas dos décadas, solo en los Estados Unidos se ha perdido el 75% de los periodistas de investigación y cerraron más de 3.000 periódicos locales, dejando extensas regiones desamparadas de control cívico.
Lejos de proponer una postura tecnofóbica —aclarando que The New York Times aplica la IA de forma ética en sus procesos de distribución y edición—, Sulzberger instó a los editores de más de 60 países a abandonar la pasividad y desplegar un plan de resiliencia basado en cuatro pilares:
Defensa legal firme: Sostener los derechos de propiedad intelectual frente al avance corporativo, asumiendo los costos necesarios para frenar el usufructo sistemático.
-Negociaciones cautelosas: Evaluar críticamente los acuerdos de licencias individuales para garantizar que el pago refleje un valor justo y retenga el control editorial.
-Presión regulatoria: Exigir a los legisladores que obliguen a los bots a identificarse, auditar la transparencia de los conjuntos de e-ntrenamiento y responsabilizar legalmente a las empresas por las difamaciones generadas por sus sistemas.
-Alianzas intersectoriales: Unificar reclamos junto a otras industrias creativas (literatura, música y cine) que sufren el mismo patrón de explotación de contenidos.
Frente a un internet saturado de contenido basura y desinformación automatizada, el editor concluyó que los medios tradicionales deben consolidarse como la alternativa fiable. «Las noticias fidedignas son más escasas y necesarias que nunca. La cuestión central es si ese valor será absorbido de manera definitiva por los gigantes tecnológicos o si retornará a las organizaciones de noticias para asegurar la continuidad de este oficio esencial», finalizó.

El impacto de la Inteligencia Artificial en los medios en cifras
El panorama expuesto por el editor de The New York Times expone la profunda brecha económica y operativa entre las plataformas tecnológicas y la industria periodística mundial:
- 11 billones de dólares: La valuación de mercado conjunta de las seis principales corporaciones que lideran el desarrollo de la inteligencia artificial generativa a nivel global.
- Menos del 0,5%: El porcentaje estimado de la inversión tecnológica que se destina efectivamente a resarcir económicamente a las empresas editoriales y autores por el uso de sus datos.
- 45% de caída: El descenso promedio de tráfico web registrado por los principales periódicos en los últimos cuatro años, coincidiendo con la aceleración de las búsquedas asistidas por IA.
- 20 millones de dólares: El costo financiero acumulado por The New York Times a lo largo de dos años y medio de litigio legal para defender sus derechos de autor en los tribunales estadounidenses.
- 1% de reconocimiento: La frecuencia con la que sistemas como OpenAI otorgan el crédito correspondiente a las organizaciones periodísticas que descubrieron originalmente la información que sus chatbots citan.
- 96% menos tráfico: La reducción en el desvío de lectores hacia los sitios de noticias que registran los modelos de IA de última generación en comparación con los motores de búsqueda tradicionales de Google.
- 80% de pérdida: La contracción que sufrieron los ingresos publicitarios combinados de los periódicos de papel a nivel global en las últimas dos décadas, en beneficio del duopolio de las plataformas sociodigitales.
Fuente: ADEPA

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