Griselda M. hizo público un duro documento luego de ser notificada de que la denuncia presentada este año contra su padre biológico fue declarada prescripta. En la carta relata años de silencio, señala las secuelas que dejaron los abusos que denunció haber sufrido desde la infancia y cuestionó que el paso del tiempo impida juzgar hechos que, según afirma, marcaron toda su vida.
“No hablo de un simple expediente. Hablo de años de dolor, de silencio, de miedo y de consecuencias que marcaron para siempre mi vida”. Con esa frase comienza la carta abierta difundida por Griselda M. tras ser informada de que la causa penal iniciada contra su padre biológico por presuntos abusos sexuales sufridos durante su niñez y adolescencia fue declarada prescripta.

El escrito, que rápidamente comenzó a circular en redes sociales y grupos vinculados a la lucha contra la violencia sexual e incluso por la victima, constituye un fuerte cuestionamiento a la resolución judicial que puso fin al expediente y, al mismo tiempo, una reconstrucción pública de una historia que permaneció oculta durante décadas.
La mujer denunció este año que fue sometida sexualmente por su padre desde los 8 hasta los 18 años. Según su relato, producto de esas violaciones nació un hijo que actualmente tiene 19 años.
Sin embargo, lejos de centrarse en los detalles del expediente, la carta apunta a describir las consecuencias que dejaron los hechos denunciados y las razones por las que muchas víctimas tardan años en poder hablar.
“Hablo de un abuso cometido por quien debía protegerme: mi propio progenitor. Como consecuencia de esos hechos nació mi hijo, una realidad que me acompañará hasta el último día de mi existencia”, escribió.
En varios tramos del documento, la mujer insiste en que la resolución judicial no modifica lo que asegura haber vivido. “La resolución dictada no niega que los hechos hayan ocurrido. Sin embargo, al declarar la prescripción, el sistema judicial decide que el paso del tiempo tiene más peso que el sufrimiento de una víctima”, expresó.
La carta también aborda uno de los aspectos que suele aparecer en las investigaciones por abuso sexual infantil: el silencio prolongado de las víctimas. “Quienes nunca atravesaron una situación semejante difícilmente puedan comprender que el abuso sexual infantil destruye la confianza, paraliza la palabra y condiciona la vida de las víctimas durante años. El silencio no es elección; muchas veces es una consecuencia directa del trauma, del miedo y de las relaciones de poder que existen dentro de los entornos familiares donde estos abusos ocurren”, sostuvo.
La denuncia fue radicada el 12 de febrero de este año. De acuerdo con la documentación difundida por la propia denunciante, las actuaciones fueron iniciadas en la Comisaría de la Mujer de Montecarlo y posteriormente remitidas al Juzgado de Instrucción N.º 1, Secretaría N.º 2, de Puerto Rico.
En una entrevista concedida luego de la difusión de la carta, la denunciante afirmó que intentó denunciar en tres oportunidades anteriores, pero que distintas circunstancias familiares impidieron que avanzara. También sostuvo que parte de su entorno conocía lo que ocurría y relató que durante años convivió con las secuelas de los hechos que ahora intenta llevar a la Justicia.
Uno de los párrafos más duros del documento apunta directamente contra la figura de la prescripción en delitos de esta naturaleza. “Mientras el daño permanece, mientras las secuelas continúan, mientras las víctimas seguimos reconstruyéndonos día tras día, el responsable encuentra amparo en una figura legal que pone fin al reclamo judicial”, escribió.
Y agregó: “Repudio toda decisión que favorezca la impunidad por encima de la verdad. Repudio que se pretenda medir el sufrimiento humano con plazos procesales”.
El debate detrás de la prescripción
La situación volvió a poner en discusión los alcances de la legislación argentina sobre delitos sexuales cometidos contra menores.
Actualmente, la Ley 27.206, sancionada en 2015 y conocida como «Respeto a los tiempos de las víctimas», establece que la prescripción permanece suspendida hasta que la víctima, ya siendo mayor de edad, formule la denuncia o ratifique una realizada durante su minoría de edad.
No obstante, cuando los hechos denunciados ocurrieron antes de esas reformas, suelen generarse controversias judiciales respecto de qué normativa debe aplicarse. En algunos expedientes antiguos la acción penal continúa siendo alcanzada por la prescripción debido a criterios vinculados al principio de legalidad y a la imposibilidad de aplicar retroactivamente normas posteriores.
Ese escenario es precisamente el que cuestiona la mujer en su carta, donde sostiene que el paso del tiempo no elimina el daño sufrido. “No escribo estas palabras desde el odio. Las escribo desde la convicción de que ninguna sociedad puede llamarse justa cuando las víctimas sienten que fueron escuchadas demasiado tarde”, expresó.
Hacia el final del documento, la mujer resume el motivo por el que decidió hacer pública su historia. “Mi historia existe. El abuso existió. Las consecuencias existen”.
Y concluye con la frase que se convirtió en el eje de su reclamo “la prescripción podrá cerrar una causa judicial, pero no borrará la verdad. No borrará la memoria. No borrará el daño causado. Y no borrará mi voz”.
Debajo de esa última reflexión, una sola oración sintetiza el mensaje que buscó transmitir después de conocer la resolución judicial “mi voz no prescribe”.
Jornada clave en el juicio por el homicidio de Rubén Ayala. ⚖️ Hoy alegan las partes y podría conocerse la sentencia. El acusado admitió golpes, pero negó la muerte.#Juicio #Homicidio #Sentencia pic.twitter.com/RXRYHRLrOI
— misionesonline.net (@misionesonline) June 11, 2026








