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Reflexión del Apóstol Guillermo Decena: «Quebrando las maldiciones»

En su reflexión “Quebrando las maldiciones”, el Apóstol Guillermo Decena expresó que fuimos desafiados a caminar en la autoridad que Cristo nos otorgó, entendiendo que no estamos llamados a vivir limitados por cadenas del pasado, sino a avanzar en libertad, fe y propósito.

«…Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco…» (Éxodo 14:13-18).

Hay un tiempo para orar, pero también hay un tiempo para tomar autoridad, Moisés debía accionar. La oración se adapta para casi todas las situaciones, pero de vez en cuando llega un momento en el que incluso la oración debe tomar un lugar secundario y tomar la autoridad que Dios nos ha concedido. No solo debemos anhelar la ayuda de Dios, sino también avanzar en el camino a través del cual daremos paso a la autoridad que Dios ha depositado en nosotros.

En este marco, el Apóstol Guillermo Decena explicó: «Y tú alza tu vara, y extiende tu mano»: Estas eran instrucciones sencillas conectadas a un poderoso milagro. De la misma manera, el más grande milagro de salvación ocurre con actos de autoridad de nuestra parte. Ni Moisés, ni su vara podrían ser un instrumento eficaz en una obra que sólo podría lograrse mediante la omnipotencia de Dios; pero era necesario que Moisés usara su autoridad, a fin de que pudiera tener crédito ante los ojos de los israelitas, y que pudieran ver que Dios lo había elegido para ser el instrumento de su liberación.

«Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová»: Dios no había terminado de responder la pregunta de Faraón, cuando el Faraón preguntó,“¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel?” (Éxodo 5:2).

Dios usó el milagro de la división del Mar Rojo para hablarle a Egipto tanto como lo usó para hablarle a Israel. He aquí una gran verdad: Dios puede usar aun las maldiciones para enseñar y dirigir a sus hijos por el buen camino. Sin dudas que “el espíritu que reposaba sobre Moisés” le daba la autoridad y el poder.

Antes de dividir el Mar Rojo para que se cumplieran los planes del Señor, Moisés fue instrumento para proclamar las plagas que en verdad fueron maldiciones sobre Egipto. Las 10 plagas de Egipto, descritas en el libro del Éxodo de la Biblia, ocurrieron en el siguiente orden:

1. Agua convertida en sangre (Éxodo 7:14-25)

2. Plaga de ranas (Éxodo 8:1-15)

3. Plaga de piojos o mosquitos (Éxodo 8:16-19)

4. Plaga de moscas (Éxodo 8:20-32)

5. Peste del ganado (Éxodo 9:1-7)

6. Plaga de úlceras y sarna (Éxodo 9:8-12)

7. Plaga de granizo y fuego (Éxodo 9:13-35)

8. Plaga de langostas (Éxodo 10:1-20)

9. Tinieblas y oscuridad (Éxodo 10:21-29)

10. Muerte de los primogénitos (Éxodo 11:1-12:36)

Es como una descripción de las calamidades que se producen por una maldición. Meditar en el tema de las maldiciones y las bendiciones pueden hablarnos de tal manera que traería a nuestro corazón un poderoso cambio, una maravillosa entrega y un santo temor, dando nueva revelación de la inmensa misericordia de Dios.

Las fuentes de las maldiciones pueden ser: Dios mismo, pues en su palabra Él mismo dice: “maldito el que hace este acto o aquel acto.”

También otra fuente de maldición es el siervo de Dios que teniendo autoridad delegada por el Señor proclama un decreto que puede ser una maldición.

Hemos visto casos como el de Josué, de la maldición de la higuera (Marcos 11:19-26). En forma clásica, se interpreta que la higuera representa a Israel. Dios pretendía encontrar frutos y no los halló. Espiritualmente, al rechazar a Cristo se seca Israel, o cualquiera sin Cristo no puede dar frutos para Dios. Pero aquí hay una lección fundamental que nos da el Salvador, habla de la autoridad para determinar el curso de las cosas, y habla del poder de la fe aplicada a la palabra que decimos. Pero claro tenemos que tener cuidado y no tener un corazón amargado y rencoroso, pues entonces no podríamos cumplir los designios del Señor. Lo que nos queda claro es que Jesús enseña que nosotros podríamos hacer lo mismo por la autoridad delegada.

También podemos ver el ejemplo de Pedro, con Ananias y Zafira: «…Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti…» (Hechos 5:7-11).

En definitiva, este acontecimiento sirvió para madurar en la fe, establecer una base de que con la obra de Dios no se juega y que la iglesia pueda rechazar la mentira y la hipocresía religiosa. Pedro declara una maldición o profetiza lo que iba a pasar, pero cualquiera de las dos posibilidades está hablando de una autoridad delegada que se debe administrar con gran responsabilidad.

Otro caso es el de Pablo y un hechicero: «…Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la mano…» (Hechos 13:6-12).

Deberíamos entender que tenemos autoridad y que señales sobrenaturales seguirán a los que creen en Cristo. Pero hay que usar esa autoridad para el desarrollo del reino de Dios. Si los siervos del maligno usan la autoridad para el mal, cuánto más nosotros debemos usar la autoridad delegada para que el reino de Dios no quede atado a palabras, sino a una manifestación poderosa para el bien espiritual de la gente.

 

LA AUTORIDAD DELEGADA EN LA FAMILIA.

El esposo es cabeza de la esposa de tal manera que al bendecirla, la protege espiritualmente. La mujer tiene autoridad espiritual y al bendecirlo, la bendición le ayuda para que todo le salga bien. Acuérdese que la Biblia habla de que la mujer es ayuda idónea para el esposo, o sea para que haya progreso y prosperidad en la vida del hombre la mujer debe bendecirle.

¿Qué pasa cuando en vez de bendecirse se maldicen? El destructor, el demonio dividirá y se encargará de la desgracia. Con los hijos es igual, si los padres no los bendicen no serán bendecidos, y ojalá que nunca los maldigan porque la maldición de los padres está cargada de autoridad.

Las palabras tienen poder y más cuando son de los padres. Lamentablemente los padres están cargados de ignorancia, de frustraciones, de heridas y terminan hiriendo a sus hijos.

La palabra de los padres protege o sino serán una puerta abierta para que el enemigo ataque a ese niño. Hay que tener cuidado con las palabras de rechazo y más en cuanto a la identidad de la criatura.

Que Dios te bendiga, te guarde de todo mal y tengas una semana de completa victoria!

Apóstol Guillermo Decena

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